Málaga guarda bajo tierra uno de los secretos mejor preservados del megalitismo europeo. Un equipo de la Universidad de Cádiz ha sacado a la luz el Dolmen I de la necrópolis de La Lentejuela, en Teba, una tumba monumental de más de 5.000 años que reescribe lo conocido sobre prácticas funerarias del III milenio a.C.
Durante cuatro campañas de excavación, los arqueólogos documentaron una estructura de 13 metros de longitud y tres metros de anchura en su cabecera que estrecha hasta un metro en la entrada. ¿Qué tesoros ocultaba esta construcción invisible durante cinco milenios?
Un gigante oculto bajo el suelo malagueño
El profesor Serafín Becerra, codirector del proyecto y responsable del Museo de Teba, define el hallazgo como excepcional. La tumba permaneció intacta porque no era visible en el paisaje circundante, lo que la salvó del expolio sistemático sufrido por otros monumentos megalíticos de la zona.
La monumentalidad del dolmen se confirma con su compleja compartimentación interna, algo poco frecuente en estructuras funerarias andaluzas. Los ortostatos verticales sostienen cobijas horizontales que crean espacios diferenciados dentro de la cámara principal. Esta arquitectura revela un conocimiento constructivo sofisticado para la época.
El estado de conservación permite analizar con precisión las técnicas de edificación empleadas hace 50 siglos. Las losas de piedra permanecen en su posición original sin desplazamientos significativos ni fracturas estructurales.
Ajuares que conectaban el interior con el Mediterráneo
El interior del dolmen albergaba varios osarios con restos de al menos una docena de individuos. Los ajuares funerarios recuperados incluyen objetos elaborados en marfil, ámbar, sílex y conchas marinas, materiales que evidencian redes comerciales de larga distancia.
El profesor Juan Jesús Cantillo subraya que las conchas marinas halladas en un territorio interior demuestran la importancia simbólica del mar como elemento de prestigio. Las comunidades prehistóricas de Teba mantenían contactos regulares con poblaciones costeras para obtener estos materiales exóticos.
Entre las piezas más destacadas figura una alabarda excepcional trabajada en sílex, además de puntas de flecha y láminas de gran formato. La sofisticación técnica de estos objetos indica que los enterrados pertenecían a élites con acceso privilegiado a recursos y artesanos especializados.
Málaga: El proyecto que devuelve la voz al pasado
Los trabajos forman parte del proyecto Monumentalidad, tiempo y sociedad, autorizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. La financiación proviene del Ayuntamiento de Teba, con apoyo logístico de la Universidad de Cádiz y colaboración de la Fundación Palarq en análisis arqueométricos.
Eduardo Vijande, codirector del proyecto, destaca que el potencial real reside en su extraordinario estado de conservación. Este factor permitirá reconstruir con detalle inédito los modos de vida, creencias y organización social de estas comunidades prehistóricas.
El equipo permanente incluye miembros del grupo de investigación Thalassa de la UCA y alumnado del Grado de Historia que realiza prácticas de campo en las excavaciones. Esta dimensión formativa garantiza la transferencia de conocimiento a nuevas generaciones de arqueólogos.
Qué revela la arquitectura sobre las creencias funerarias
La compartimentación interna del dolmen sugiere enterramientos sucesivos organizados según jerarquías o vínculos familiares. Cada espacio diferenciado cumplía funciones rituales específicas durante las ceremonias de inhumación que se prolongaban durante generaciones.
Los osarios colectivos indican que la tumba no se sellaba tras un único enterramiento. Las familias o clanes reabrían periódicamente la estructura para depositar nuevos difuntos acompañados de sus ajuares personales. Este patrón funerario caracteriza al megalitismo del sur peninsular.
✓ Estructuras de 13 metros que requerían coordinación comunal para su construcción
✓ Ajuares de marfil y ámbar como símbolos de estatus elevado
✓ Conchas marinas procedentes de la costa mediterránea
✓ Alabardas de sílex que evidencian especialización artesanal
✓ Organización espacial compleja dentro de la cámara funeraria
La orientación del monumento y su integración en el paisaje responden a criterios astronómicos y territoriales. Estos dólmenes funcionaban como marcadores de territorio y centros ceremoniales que cohesionaban a las comunidades agrícolas del entorno.
Qué implica este hallazgo para el megalitismo peninsular
El Dolmen I de La Lentejuela se convierte en referencia obligada para comprender el fenómeno megalítico andaluz. Su excepcional preservación ofrece datos inaccesibles en yacimientos alterados por expolios o procesos erosivos naturales.
Los análisis arqueométricos en curso determinarán la procedencia exacta de los materiales exóticos. Técnicas como la espectrometría de masas y el análisis de isótopos trazarán las rutas comerciales prehistóricas que conectaban el interior malagueño con el litoral mediterráneo y el Atlántico.
La comparación con otros monumentos megalíticos de Andalucía revelará si las técnicas constructivas de Teba constituyen una tradición local o forman parte de patrones arquitectónicos más amplios. El registro funerario permitirá analizar parentescos mediante ADN antiguo y reconstruir genealogías de cinco milenios de antigüedad.
Qué depara el futuro para la necrópolis de Teba
La necrópolis de La Lentejuela alberga múltiples estructuras megalíticas pendientes de excavación sistemática. El Dolmen I representa solo el primer paso de un proyecto arqueológico que se prolongará durante años con nuevas campañas de campo.
El Ayuntamiento de Teba impulsa la puesta en valor turístico del yacimiento sin comprometer su conservación. Los planes contemplan la creación de un centro de interpretación que contextualice los hallazgos y explique las técnicas constructivas del megalitismo malagueño.
La Universidad de Cádiz consolida su liderazgo en investigación prehistórica europea gracias a este descubrimiento. Los resultados preliminares ya circulan en congresos internacionales donde especialistas debaten las implicaciones del hallazgo para revisar cronologías y modelos sociales del Neolítico Final y la Edad del Cobre peninsular.









