La carrera que Paz Vega abandonó antes de ser actriz: Lo que estudiaba en la universidad antes de triunfar con 'Siete Vidas'

Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocidos del cine español e internacional, la sevillana cursó dos años de Ciencias de la Información. El abandono de la carrera universitaria marcó el inicio de una trayectoria que la llevaría desde Siete Vidas hasta Hollywood. La historia detrás de esta decisión revela cómo un giro radical puede redefinir completamente el destino profesional de una persona.

Paz Vega ocupa hoy un lugar destacado en el panorama cinematográfico español e internacional. Antes de protagonizar películas en Hollywood o trabajar con directores como Almodóvar, la sevillana recorrió un camino muy distinto. En 1994, cuando ingresó en la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla, pocas personas imaginaban que aquella joven estudiante de periodismo terminaría convirtiéndose en una de las actrices más reconocidas del país.

Su decisión de abandonar los estudios universitarios a los dos años de carrera marcó un punto de inflexión. ¿Qué la llevó a renunciar a una profesión estable para perseguir el sueño de la interpretación?

De las aulas de periodismo a los escenarios teatrales

La formación académica inicial de Paz Vega transcurrió en la Universidad de Sevilla, donde cursó Ciencias de la Información durante dos años. Paralelamente, la joven sevillana compaginaba sus estudios universitarios con clases de interpretación en la Escuela de Teatro del colegio San José de su ciudad natal. Esta doble vida estudiantil le permitió explorar dos vocaciones aparentemente opuestas.

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El contraste entre ambas disciplinas resultaba cada vez más evidente. Mientras las aulas universitarias le ofrecían un futuro profesional previsible, el teatro despertaba una pasión que crecía semana tras semana. Los ensayos y representaciones escolares revelaban un talento natural que sus profesores de interpretación no tardaron en reconocer.

La decisión final llegó en 1996, cuando decidió trasladarse a Madrid para dedicarse exclusivamente a la actuación. Abandonar la carrera a mitad de camino suponía renunciar a dos años de esfuerzo académico y decepcionar las expectativas familiares de obtener un título universitario.

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Las razones del abandono: cuando la pasión supera la seguridad

El dilema entre seguridad profesional y vocación artística definió el momento crucial de su vida. Paz Vega comprendió que postergar el sueño de la interpretación podría significar renunciar definitivamente a él. Madrid concentraba las oportunidades del sector audiovisual español, y cada mes que permanecía en Sevilla representaba un retraso en su carrera artística.

Los factores que precipitaron su marcha respondían a circunstancias concretas:

✓ La imposibilidad de compaginar estudios universitarios con castings y audiciones en Madrid
✓ El reconocimiento de profesores de teatro sobre su potencial interpretativo
✓ La limitada industria audiovisual en Sevilla a mediados de los años noventa
✓ La certeza de que el periodismo no generaba la misma motivación personal

El apoyo familiar resultó determinante pese a las dudas iniciales. Sus padres aceptaron finalmente que su hija persiguiera una profesión artística, aunque ello implicara abandonar una carrera universitaria convencional. Esta confianza familiar proporcionó la estabilidad emocional necesaria para afrontar los primeros meses de incertidumbre en la capital.

De series televisivas al reconocimiento masivo

Los primeros años en Madrid combinaron castings fallidos con papeles esporádicos. En 1997 obtuvo su primer papel relevante en la serie Menudo es mi padre, seguido de apariciones en Más que amigos y Compañeros. Estos trabajos le permitieron adquirir experiencia frente a las cámaras y establecer contactos profesionales fundamentales.

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El verdadero punto de inflexión llegó en 1999 con su incorporación al reparto de Siete Vidas. El personaje de Laura Arteagabeitia la convirtió en un rostro familiar para millones de espectadores españoles. La serie alcanzaba cifras de audiencia millonarias cada semana, posicionándola como una de las actrices más populares de la televisión nacional.

Durante dos años compaginó su papel en la serie con castings cinematográficos. El salto al cine parecía el siguiente paso lógico, pero ningún proyecto importante llamaba a su puerta hasta que el director Julio Medem le ofreció el papel protagonista de Lucía y el sexo en 2001.

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El papel que transformó su carrera internacional

Lucía y el sexo supuso un cambio radical en la percepción pública de la intérprete. La película de Medem contenía escenas de alto contenido erótico que generaron polémica y debate mediático. Este riesgo interpretativo le valió el Premio Goya a la mejor revelación en 2002, consolidando su transición del éxito televisivo al reconocimiento cinematográfico.

El mismo año participó en Sólo mía y Hable con ella de Almodóvar, diversificando su registro actoral. En 2003 protagonizó Carmen de Vicente Aranda, reforzando su imagen como símbolo sexual del cine español. Esta secuencia de trabajos cinematográficos en apenas dos años demostró su capacidad para asumir proyectos exigentes y variados.

El salto a Hollywood llegó en 2004 con Spanglish, dirigida por James L. Brooks. La película le abrió las puertas del mercado norteamericano, permitiéndole trabajar posteriormente en producciones como The Spirit, Grace of Monaco o Rambo V: Last Blood.

Una decisión que redefinió dos décadas de trayectoria

Aquella estudiante de periodismo que abandonó la universidad en 1996 ha construido una filmografía de más de cincuenta películas en cinco países. En 2024 debutó como directora con Rita, demostrando que su evolución artística continúa explorando nuevos territorios creativos. La cinta fue nominada al Goya a mejor dirección novel en 2025.

La trayectoria profesional de Paz Vega ilustra cómo las decisiones arriesgadas pueden redefinir completamente un destino laboral. Si hubiera completado la carrera de periodismo, probablemente trabajaría hoy en un medio de comunicación sevillano. El abandono universitario representó una apuesta personal que requería convicción absoluta en el talento propio.

Su caso plantea reflexiones sobre los modelos tradicionales de éxito profesional. La estabilidad académica y las carreras universitarias completas no garantizan necesariamente la realización personal. A veces, perseguir una vocación artística exige renunciar a caminos más seguros y predecibles.

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