Santo Tomás de Aquino nació hacia 1224 o 1225 en Roccasecca, en el actual territorio de Italia, dentro de una familia noble que imaginaba para él una carrera eclesiástica cómoda. A mediados del siglo XIII decidió ingresar en la Orden de Predicadores, lo que provocó la oposición frontal de parte de los suyos. Su biografía está marcada por estudios, viajes, polémicas y una búsqueda constante de la verdad que acabó influyendo decisivamente en la iglesia.
Durante sus años de formación, pasó por Montecassino, Nápoles, Colonia y París, siempre en contacto con los mejores maestros de su tiempo. Allí se ganó fama de silencioso y reflexivo, hasta el punto de ser apodado el “buey mudo”. Sin embargo, su capacidad intelectual y su profundidad espiritual terminaron imponiéndose y convirtiéndolo en uno de los grandes referentes del pensamiento cristiano.
Fue ordenado sacerdote y se dedicó a la enseñanza, la predicación y la escritura, compaginando la vida académica con una intensa vida de oración. Sus contemporáneos vieron en él a un fraile entregado, que escribía sin descanso pero que no perdía de vista el horizonte espiritual. Años después, la tradición lo recordaría también por su humildad y por la manera en que integró estudio y contemplación en una misma vocación.
Sus últimos años estuvieron marcados por el servicio a la Iglesia universal, incluido el encargo de acudir al concilio de Lyon, viaje durante el cual enfermó gravemente y murió en 1274, en la abadía de Fossanova. Con el tiempo fue canonizado en 1323 y declarado doctor de la Iglesia en 1567, confirmando el peso de su legado teológico. Además, fue proclamado patrón de universidades y escuelas católicas, signo del vínculo entre su obra y el mundo del estudio.
Por qué se celebra el 28 de enero
La memoria litúrgica del 28 de enero no coincide con la fecha de la muerte de Santo Tomás, que tuvo lugar el 7 de marzo de 1274, sino con un acontecimiento posterior ligado a su culto. A finales del siglo XIV, sus reliquias fueron trasladadas desde Fossanova hasta Toulouse, en una ceremonia que se convirtió en gran fiesta para la iglesia y la familia dominica. Ese traslado, conocido como la traslación de las reliquias, fijó en el calendario la fecha que hoy se mantiene como referencia.
Para muchos fieles, el 28 de enero es una oportunidad de recordar a un santo que dedicó su vida a pensar la fe sin renunciar a la razón. Ese día se celebran misas, encuentros formativos y actividades en centros educativos que se inspiran en su figura. La memoria litúrgica se convierte así en una invitación a revisar cómo vivimos la búsqueda de la verdad en medio de la rutina.
✓ Ese 28 de enero se vincula al traslado de sus restos y al fortalecimiento de su culto en una ciudad con fuerte presencia dominica.
✓ La fecha anima a unir celebración, estudio y oración en torno al testimonio de Santo Tomás.
✓ Para muchas comunidades cristianas, es un momento clave para reflexionar sobre el papel de la iglesia en el ámbito cultural y educativo.
Un gigante del pensamiento cristiano
La obra más conocida de Santo Tomás es la Summa theologiae, un amplio compendio de doctrina cristiana en el que aborda cuestiones sobre Dios, el ser humano y la moral. En ella aparecen sus célebres “cinco vías”, argumentos racionales para hablar de la existencia de Dios que siguen estudiándose siglos después. Este trabajo, junto con otros escritos, convirtió su pensamiento en un punto de referencia casi obligado para la formación teológica.
Tomás se apoyó en la filosofía de Aristóteles, asumiendo categorías como acto y potencia, causa o sustancia, pero poniéndolas al servicio de la reflexión sobre la fe. De este modo mostró que la razón no es enemiga de la revelación, sino una aliada que ayuda a comprender mejor aquello que se cree. Su manera de dialogar con la herencia clásica abrió caminos que marcaron la teología posterior.
Además de sus textos teóricos, dejó comentarios bíblicos, escritos sobre temas morales y composiciones litúrgicas, especialmente ligadas a la eucaristía. Muchos subrayan su devoción al sacramento del altar, que se refleja en himnos y oraciones que aún se recitan. Su figura muestra que el estudio intelectual puede ir unido a una profunda vida espiritual, sin romper el equilibrio entre ambos planos.
Para quien se acerca a su legado hoy, descubrir ese equilibrio entre pensamiento y oración puede resultar especialmente sugerente. No se trata solo de admirar a un genio del pasado, sino de preguntarse cómo integrar mente y corazón en la propia vida. Ahí radica una de las claves de su vigencia más profunda.
Qué enseña hoy a la iglesia y a la sociedad
Santo Tomás insistió en que la verdad no teme a la investigación honesta, algo que sigue siendo muy actual en una cultura llena de debates. Su confianza en la capacidad de la razón para iluminar la fe ayuda a superar planteamientos reduccionistas o puramente emotivos. Por ello, muchas instituciones educativas lo proponen como modelo de búsqueda rigurosa y abierta.
En el ámbito de la iglesia, su pensamiento ofrece herramientas para dialogar con otros saberes, desde la filosofía hasta las ciencias sociales. No se limita a repetir fórmulas, sino que anima a pensar cada época desde sus desafíos concretos, manteniendo el núcleo del mensaje cristiano. Esta actitud resulta valiosa allí donde la fe se cruza con las preguntas de la cultura contemporánea.
Desde una mirada más personal, sus textos invitan a revisar la propia forma de razonar, discutir y tomar decisiones. Frente a la polarización, su método, que presenta objeciones, respuestas y matices, enseña a escuchar y a argumentar con serenidad. Acercarse a su obra puede ser una buena escuela para quienes desean unir coherencia, reflexión y compromiso.
Cómo vivir el día de Santo Tomás de Aquino
Celebrar el 28 de enero puede ir mucho más allá de una simple mención en el calendario. Para algunos, es ocasión de participar en una eucaristía o en una charla que recuerde el papel de Santo Tomás en la historia de la teología. Para otros, puede ser el momento de retomar un libro suyo o una breve introducción a su pensamiento.
En el entorno educativo, este día se convierte en una llamada a valorar el estudio como camino de crecimiento humano y espiritual. Centros de formación, profesores y estudiantes encuentran en su figura un estímulo para tomarse en serio la búsqueda de la verdad. No se trata solo de acumular datos, sino de aprender a pensar con profundidad y honestidad.
También a nivel comunitario, la memoria de Santo Tomás puede inspirar iniciativas que vinculen reflexión y servicio. Actividades de diálogo, encuentros culturales o espacios de estudio compartido ayudan a que su legado no quede reducido a los libros. Así, la figura de este santo sigue impulsando a la iglesia y a la sociedad a caminar hacia una fe pensada, celebrada y vivida con profundidad.









