Laguardia ha conquistado las páginas de la revista National Geographic como el único representante del País Vasco en su lista de pueblos más bonitos para visitar este invierno. La publicación destaca su excepcional estado de conservación medieval y su entorno vitivinícola único en la península, factores que la diferencian de otros destinos rurales españoles.
La elección responde al creciente interés por el turismo de interior durante los meses fríos, donde Laguardia ofrece una experiencia auténtica lejos de las aglomeraciones. Su casco histórico, declarado conjunto histórico-artístico, permite al visitante sumergirse en siglos de historia sin salir de la península ibérica.
Además, la revista enfatiza la accesibilidad de esta villa alavesa, situada a tan solo dos horas de ciudades como Zaragoza o Bilbao. Esta cercanía la convierte en opción ideal para escapadas de fin de semana donde el enoturismo y el patrimonio arquitectónico se fusionan perfectamente.
Fortaleza medieval y murallas impenetrables, así son según National Geographic
El trazado urbano de Laguardia conserva intacta la estructura defensiva que le valió el sobrenombre de "la Guarda de Navarra" desde su fundación en el siglo X. Sus murallas medievales rodean completamente el núcleo histórico, accesible únicamente por cinco puertas monumentales que antaño protegían a sus habitantes de invasiones.
Para recorrer esta villa fortificada, no pierdas de vista estos imprescindibles:
✓ El Pórtico de Santa María de los Reyes, joya gótica del siglo XIV con policromía original del XVII
✓ La Torre Abacial, fortín defensivo que ofrece vistas panorámicas de los viñedos
✓ La Plaza Mayor, centro neurálgico donde converge la vida social desde la Edad Media
✓ Las casas señoriales con escudos nobiliarios que jalonan el caserío renacentista
Cada rincón evoca la época en que Laguardia marcaba la frontera entre reinos, disputada por navarros, castellanos y aragoneses. Las calles empedradas, adoquinadas con canto rodado, mantienen el espíritu medieval que cautivó a los editores de la prestigiosa publicación.
Un subsuelo habitado por el vino
Bajo las casas de este pueblo se extiende una red laberíntica de más de 300 cuevas subterráneas, conocidas localmente como "calados". Estas bodegas familiares, excavadas entre el siglo XVI y XIX, aprovechan las condiciones naturales de temperatura constante para la elaboración y conservación de vinos de Rioja Alavesa.
La profundidad de estas cavidades alcanza los 7 metros bajo la superficie, creando un ecosistema único donde la tradición enológica se transmite generacionalmente. Muchas de estas cuevas mantienen su estructura original de piedra y tierra, sin revestimientos artificiales, preservando la autenticidad arquitectónica secular.
Visitar estas bodegas supone descubrir la verdadera alma de Laguardia, donde el turismo del vino se vive de manera íntima y familiar. Catas guiadas permiten degustar crianzas y reservas directamente en las antiguas salas de barricas, convirtiendo la experiencia en un viaje sensorial inigualable.
Huellas celtíberas y vestigios prehistóricos
El atractivo de Laguardia trasciende su época medieval gracias al impresionante Estanque Celtibérico de La Barbacana, descubierto en 1998 bajo el propio casco urbano. Esta monumental cisterna de la Edad de Hierro, con capacidad para 300.000 litros, representa la construcción hidráulica más grande de su época en Europa y evidencia la antigüedad milenaria del asentamiento.
Cerca del núcleo urbano se erige la Chabola de la Hechicera, uno de los dólmenes más espectaculares del norte peninsular, remontándose al neolítico. Estos monumentos megalíticos, junto con el poblado de La Hoya, confieren a la zona una densidad arqueológica excepcional que complementa perfectamente la visita a la villa medieval.
La superposición de civilizaciones convierte a Laguardia en un destino donde la historia se puede leer capa por capa, desde los primeros agricultores del neolítico hasta los viticultores contemporáneos que mantienen vivo el legado.
Planifica tu escapada invernal a la Rioja Alavesa
Para disfrutar plenamente de este National Geographic recomendado, planifica al menos dos días de estancia. Durante febrero, los viñedos muestran su esqueleto invernal bajo cielos claros, creando un paisaje de contrastes únicos para la fotografía y el senderismo entre bodegas.
El acceso en coche resulta sencillo desde la AP-68, aunque dentro de la villa el tráfico rodado está restringido para preservar el conjunto histórico. Aparca en los aledaños y recorre el casco a pie, calzado cómodo resulta imprescindible para las empinadas calles empedradas y los descensos a las cuevas-bodega.
No abandones Laguardia sin probar las chuletillas al sarmiento y las patatas a la riojana en alguna de las tabernas tradicionales, maridadas inevitablemente con un tinto de la zona. Esta combinación de gastronomía, historia y enología justifica plenamente el reconocimiento internacional recibido.









