​"Estoy cansado": Can Yaman se sincera sobre el lado oscuro de su éxito en las series turcas, ¿dejará la actuación?

Hay una foto de Can Yaman que dice mucho. No es un fotograma de sus series, ni una sesión de moda pulcra. Es una imagen de detrás de las cámaras del rodaje de Sandokan. El actor está empapado, con barro en la cara, la mirada perdida en la distancia. No sonríe. Parece agotado. Esa foto, más que cualquier declaración, es la clave de su momento actual. 

Can Yaman, el galán turco que desató la fiebre de los dramas en medio mundo, está en huelga contra su propia imagen. Después de años de ser el hombre perfecto en la pantalla, ha decidido que ya basta. "Estoy cansado de interpretar al hombre genial que les gusta a las mujeres", soltó en una entrevista. 

A sus 36 años, el actor se ha pasado la última década encarnando al prototipo del sueño romántico. El abogado irresistible, el empresario conquistador, el hombre que resuelve todo con una sonrisa y ¡ha funcionado! Su fama es global, su agenda no da abasto.

La necesidad de sudar la camiseta, de ensuciarse, de dejar de ser el tipo guapo para convertirse en un personaje de carne y hueso, se ha hecho más fuerte que cualquier guion. Su viaje hacia el pirata Sandokan no es solo un cambio de proyecto. Es una declaración de intenciones, donde además tuvo que cambiar muchísimo su aspecto físico, perdiendo incluso más de 10 kilos para personificar el guion.

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Can Yaman y la máquina de trabajar que lleva dentro

Erkenci Kuş: El flechazo con el que Can Yaman nos conquistó
Erkenci Kuş: El flechazo con el que Can Yaman nos conquistó | Fuente: Antena 3

Para entender a Can Yaman hay que olvidarse por un momento del actor. Hay que pensar en un tipo con una disciplina de acero. "Trabajo 16 horas al día", le confesó al diario italiano Corriere. Cuando le llegó el papel de Sandokan, el pirata literario, no se puso a estudiar el guion y punto. Se obsesionó. Perdió diez kilos. Se metió en un entrenamiento físico brutal. Su objetivo no era estar delgado, sino tener el cuerpo de un hombre que vive en un barco, que pelea, que sobrevive.

Esta obsesión por el detalle es su seña. Aprende idiomas para sus papeles. Ahora, con su primera serie española en camino —un thriller romántico de Secuoya Studios—, está inmerso en el español. Contrata profesores, se encierra, practica. Lo atribuye, con un punto de humor serio, a su origen. "Mi mentalidad turca", dice. Can Yaman no cree en la suerte. Cree en el trabajo duro.

El agotamiento del héroe sin grietas

De la risa al infarto: El ranking definitivo de las 7 series de Can Yaman que te harán amarle (aún más)
De la risa al infarto: El ranking definitivo de las 7 series de Can Yaman que te harán amarle (aún más) | Fuente: Movistar Plus+

Pero toda esa entrega tiene un límite cuando el material no te llena. Y Can Yaman ha llegado a él. Interpretar al "tipo guapo" era, al principio, un sueño. Luego, una rutina. Ahora, una losa. El actor quiere arrugas en sus personajes, quiere contradicciones, quiere que sus héroes tropiecen y se levanten con barro en las manos. Por eso Sandokan era tan importante. No es un galán. Es un pirata, un rebelde, una figura épica y a la vez terrenal. 

Su declaración al Corriere fue una bandera liberadora. "Estoy cansado de interpretar al chico genial...". Can Yaman quiere que lo tomen en serio como actor, no como un producto. Sabe que su físico le abrió puertas, pero ahora quiere que lo recuerden por lo que hace con sus papeles, no por cómo luce en ellos. 

Lo más curioso de todo esto es que Can Yaman nunca planeó ser actor. Su vida era otra. Hijo de un abogado y una profesora, él mismo estudió Derecho. Su futuro estaba en los tribunales, no en los platós. En La Revuelta de La 1 se lo contó a David Broncano. "Soñaba con ser abogado internacional, pero todo ocurrió por casualidad; conocí a mis agentes cuando estaba de vacaciones en el sur de Turquía".

Su vida como abogado duró seis meses. Se pasaba doce horas al día frente a un ordenador. Era una vida segura, previsible, y a él le asfixiaba. El azar, en forma de unos cazatalentos en una playa, le dio una tarjeta. Y él, contra todo pronóstico, decidió jugar esa mano. "En Turquía, si una serie funciona, te haces famoso a los dos episodios", explica. Y a él le funcionó. 

La filosofía del que no tuvo miedo a cambiar

Can Yaman al límite en 'El Turco' con la peligrosa decisión de rodar sin dobles que casi le cuesta su integridad física
Dolunay: Un romance de cuento | Fuente: Movistar Plus+

Can Yaman vive con la convicción de que aferrarse demasiado a un plan puede hacerte perder otros caminos mejores. En una charla con Vanity Fair lo resumió perfectamente: "No hay que aferrarse a un único sueño: a veces la vida te tiene preparado otro mejor". 

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Ahora aplica esa misma filosofía a su carrera. No se aferra al éxito del "galán turco". Sabe que ese sueño ya se cumplió, y que ahora hay otro esperándole: el del actor versátil, el que trabaja en diferentes países, en diferentes idiomas, en diferentes registros. Su salto a España es parte de esa búsqueda. 

El futuro de Can Yaman pinta a estar lejos de la comodidad. Con Sandokan en emisión y su serie española recién estrenada en Movistar Plus+, El Turco, su objetivo está claro: diversificar. Ya no quiere ser el protagonista de un solo tipo de historia. Quiere que su filmografía sea un mapa de personajes diversos, un catálogo de humanidades distintas.

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