Pagar a la gente por reciclar funciona y España sigue sin probarlo: ya hay países con el 94 % de los envases reciclándose

Rumanía ha demostrado que incentivar económicamente a los ciudadanos por devolver envases puede alcanzar tasas de reciclaje récord, con hasta el 94 % de botellas y latas recuperadas. Mientras tanto, España aún no ha implementado un sistema similar, perdiendo la oportunidad de mejorar la eficiencia del reciclaje y generar beneficios sociales y económicos.

Reciclar cada día adquiere mayor importancia, cada día son más los gobiernos, que se preocupan por el tema ambiental, y muchos de ellos de Unión Europea. ¿Te imaginas que cada botella que devuelves te dé unos céntimos extra en el bolsillo? En Rumanía esto no es un sueño, sino una realidad que ha disparado su reciclaje de envases hasta el 94 %. Mientras, en España seguimos sin experimentar con un sistema así, a pesar de que los resultados en Europa hablan por sí solos.

El modelo rumano es simple, compras una bebida, pagas un pequeño depósito y lo recuperas al entregar el envase vacío. Este incentivo económico convierte el reciclaje en una actividad rentable, accesible y eficaz para todos, y ha logrado que casi la totalidad de la población participe al menos una vez en el sistema.

El éxito de Rumanía demuestra que no hacen falta grandes campañas de concienciación ni tecnologías futuristas para mejorar el reciclaje. Solo hace falta unir incentivos, organización y un sistema fácil de usar. Y lo más interesante, los beneficios no son solo ambientales, también sociales, porque muchos ciudadanos utilizan las devoluciones para cubrir gastos cotidianos.

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Un sistema que convierte botellas en dinero

Un sistema que convierte botellas en dinero
Los ciudadanos no solo participan, sino que sienten un beneficio directo al reciclar. Fuente: Agencias

El secreto del récord rumano está en la combinación público-privada y un diseño pragmático. RetuRO, la empresa que gestiona el programa junto al gobierno, instaló máquinas de devolución de envases y puntos de recogida en todo el país. Cada minorista recibe apoyo económico para montar la infraestructura y los consumidores reciben su depósito de vuelta, incluso con unos céntimos extra.

El modelo ha funcionado tan bien que en apenas dos años se han devuelto cerca de 7.500 millones de envases, con tasas de devolución mensuales de hasta el 94 %. Los ciudadanos no solo participan, sino que sienten un beneficio directo al reciclar. Esta combinación de simplicidad y recompensa económica hace que Rumanía sea un ejemplo de eficiencia que otros países europeos aún están lejos de alcanzar.

España: el “laboratorio pendiente” del reciclaje

España: el “laboratorio pendiente” del reciclaje
En España se debate cómo implementar un sistema similar. Fuente: Agencias

Mientras tanto y dentro del mismo continente, en España se debate cómo implementar un sistema similar. La Unión Europea obliga a introducir planes de depósito, recuperación y retorno de envases, pero el país todavía no ha empezado a aplicarlos a gran escala. Los incentivos económicos son mínimos (o simplemente inexistentes) y los consumidores continúan confiando en métodos tradicionales de reciclaje, mucho menos efectivos.

Sin embargo, la experiencia de Alemania, Noruega o Eslovaquia muestra que la clave está en motivar a la gente con un beneficio tangible. Los sistemas europeos que funcionan mejor tienen depósitos de entre 10 y 25 céntimos por envase y una red de puntos de recogida accesibles para toda la población. España tiene la oportunidad de replicar este modelo, reducir residuos y además generar un impacto social positivo, sin embargo, hasta el momento no se han tomado ningún tipo de medidas al respecto, y las que existen no han resultado ser exitosas.

Más allá de los envases: hacia una economía circular real

Más allá de los envases: hacia una economía circular real
España y otros países deben pensar en extender estos modelos a otros tipos de residuos. Fuente: Agencias

El sistema rumano también ha demostrado que reciclar bien puede impulsar la economía local. Se crean empleos verdes, se invierte en logística e infraestructura y se fomenta la participación activa de minoristas y consumidores. Además, los envases recuperados regresan al ciclo productivo, reduciendo la necesidad de materias primas y contribuyendo a una economía circular más sostenible.

Sin embargo, todavía hay retos, los envases de bebidas representan menos del 15 % del total de residuos reciclables. Para lograr un impacto real, España y otros países deben pensar en extender estos modelos a otros tipos de residuos. La pregunta es clara, ¿queremos seguir reciclando solo porque “es lo correcto” o también porque es rentable y práctico para todos?

El ejemplo de Rumanía deja una lección evidente, pagar por reciclar funciona. Con un sistema bien diseñado, podemos transformar hábitos cotidianos en beneficios ambientales y económicos. España tiene la oportunidad de aprender de este modelo, adaptar sus programas y, finalmente, ver cómo cada botella que devuelvas deja de ser solo basura para convertirse en un recurso valioso.

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