El camino que ha convertido a Oliver Laxe ('Sirat') en candidato a dos premios Oscar

No ha sido un golpe de suerte ni un éxito repentino. El recorrido de Oliver Laxe hasta convertirse en doble candidato al Oscar con Sirat es el resultado de años de cine valiente, decisiones arriesgadas y una mirada propia que ha sabido abrirse paso en la industria internacional.

El cine español vuelve a dar de que hablar y de la mejor manera, esta vez gracias al trabajo de Oliver Laxe y su obra maestra, Sirat. ¿En qué momento una película española deja de ser “una apuesta arriesgada” para convertirse en una firme candidata a los Oscar? ¿Es cuestión de presupuesto, de contactos o de insistir durante años en una forma muy personal de hacer cine? La historia de Sirat demuestra que, a veces, el camino importa tanto como la meta.

Oliver Laxe no ha llegado a Hollywood por accidente. Su presencia en las nominaciones a mejor película internacional y mejor sonido es el resultado de una carrera construida con paciencia, coherencia y una mirada propia que nunca ha buscado gustar a todo el mundo.

Sirat no solo ha colocado su nombre en la conversación internacional, también ha confirmado algo que muchos intuían desde hace tiempo, el cine de autor español, cuando es honesto y radical, también puede jugar en la primera división mundial.

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De Cannes al mundo: una trayectoria forjada sin atajos

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Laxe construyó una carrera sin prisas, alejándose de modas y sin ceder a fórmulas fáciles. Fuente: Agencias

Oliver Laxe empezó lejos de los focos comerciales y nunca ha disimulado ese origen. Desde Todos vós sodes capitáns, premiada en Cannes en 2010, su filmografía ha seguido una línea clara, historias incómodas, rodajes exigentes y una relación casi física con los paisajes y los personajes. Cannes ha sido su casa creativa, el lugar donde su cine ha encontrado primero comprensión y después reconocimiento.

Películas como Mimosas o O que arde consolidaron su prestigio en festivales y le dieron algo más valioso que premios, credibilidad. Laxe construyó una carrera sin prisas, alejándose de modas y sin ceder a fórmulas fáciles. Ese recorrido previo es clave para entender por qué Sirat no aparece de la nada, sino como una evolución natural de todo lo anterior.

Cuando Sirat se presenta en Cannes y gana el Premio del Jurado, el mensaje queda claro, su cine ya no es una rareza de festival, es una propuesta sólida con alcance internacional. A partir de ahí, el salto a Estados Unidos no es inmediato, pero sí constante, apoyado por críticas entusiastas y un boca a boca que ha crecido proyección tras proyección.

Sirat: una película que rompe etiquetas y cruza fronteras

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Sirat ha logrado colarse en la shortlist en cinco categorías, un hito inédito para una producción española. Fuente: Agencias

Hablar de Sirat es hablar de riesgo. Una película que mezcla búsqueda espiritual, cultura y desierto no encaja en ningún molde clásico, y precisamente ahí está su fuerza. La crítica estadounidense la ha definido como una experiencia sensorial, más cercana a un ritual que a un relato convencional, algo poco habitual en la carrera hacia los Oscar.

Ese carácter radical no ha sido un obstáculo, sino un elemento diferenciador. En un año con fuerte competencia internacional, Sirat ha logrado colarse en la shortlist en cinco categorías, un hito inédito para una producción española. Aunque finalmente las nominaciones se han concretado en mejor película internacional y mejor sonido, el recorrido previo ha sido decisivo para posicionarla como una de las propuestas más comentadas.

El trabajo sonoro, liderado por un equipo íntegramente femenino, ha sido especialmente reconocido por su papel narrativo dentro de la película. En Sirat, el sonido no acompaña, guía, golpea y transforma la experiencia del espectador. Esa apuesta técnica y artística ha sido clave para que la Academia mire hacia una película que no busca agradar, sino impactar.

El respaldo industrial y la calma de quien ya ha ganado

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Laxe ha insistido en que el verdadero triunfo fue hacer la película como quería. Fuente: Agencias

Nada de esto habría sido posible sin una estructura sólida detrás. El apoyo de El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar, y la distribución en Estados Unidos a cargo de Neon han sido determinantes. Neon no es solo una distribuidora: es una máquina de posicionamiento internacional que ya ha demostrado saber llevar cine no anglosajón hasta lo más alto.

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Laxe ha recorrido Estados Unidos durante meses, presentando la película, hablando de ella y defendiendo su visión sin artificios. Ese trabajo constante, lejos de los grandes titulares, ha terminado dando sus frutos. Las dos nominaciones al Oscar colocan a Sirat en una lista muy corta dentro del cine español reciente.

Lo más llamativo es la actitud del propio director. Lejos de la euforia desmedida, Laxe ha insistido en que el verdadero triunfo fue hacer la película como quería. Esa calma, esa sensación de misión cumplida, resume bien su trayectoria, un cineasta que ha crecido sin ruido, que ha asumido riesgos cuando tocaba y que hoy recoge el reconocimiento internacional sin renunciar a su identidad.

Llegar a los Oscar no siempre es cuestión de llegar rápido, sino de llegar fiel a uno mismo. El camino de Oliver Laxe con Sirat demuestra que el cine personal, cuando es honesto y coherente, también puede cruzar océanos. Y quizá por eso esta historia merece ser contada, compartida y celebrada más allá de las estatuillas.

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