La última serie en caer en el filo de Netflix ha sido 'Los abandonados', un western que tenía como gran reclamo a Lena Headey, la actriz que dio vida a la maquiavélica Cersei Lannister en ‘Juego de Tronos’. Junto a ella, otra cara conocida: Gillian Anderson. A pesar de este reparto de lujo y de una producción ambiciosa, la ficción se estrenó en diciembre y para enero ya tenía los días contados.
Bajo el mando de Ted Sarandos, Netflix tiene fama de ser implacable con las series que no alcanzan sus métricas internas de audiencia. No importa el nombre de las estrellas ni el dinero invertido. Si los espectadores no hacen clic y, sobre todo, no terminan la temporada, el hacha cae rápido. 'Los abandonados' pasó sin pena ni gloria por el catálogo, a pesar de haber entrado brevemente en el Top 10. No fue suficiente.
Netflix cancela una gran promesa que quedó sobre el papel

La idea, en teoría, era excelente. La serie aspiraba a ser la respuesta de Netflix a 'Yellowstone', el exitoso drama western de Paramount. Su trama nos llevaba a Oregón, en el año 1850. Varias familias vivían en paz trabajando sus tierras, hasta que un poder económico corrupto puso sus ojos en su territorio. La lucha para defender lo suyo los unía, forjando una especie de tribu que estaba dispuesta a todo, incluso a operar al margen de la ley.
El corazón del conflicto lo protagonizaban dos mujeres. Por un lado, una mujer irlandesa a cargo de unos huérfanos adultos. Por otro, una poderosa dueña de una mina de plata empeñada en arrebatarles sus tierras. Dos fuerzas opuestas que, obligadas por las circunstancias, tendrían que aliarse. Para dar vida a este duelo, Netflix fichó a dos pesos pesados: Gillian Anderson y, sobre todo, Lena Headey. La sola mención de la estrella de ‘Juego de Tronos’ generaba expectación.
Los problemas que nadie vio en pantalla

La producción de 'Los abandonados' fue complicada desde el primer día. Hubo recortes en el número inicial de episodios. Se tuvieron que rodar escenas adicionales a última hora para intentar dar más sentido a la historia, algo que suele indicar problemas graves en el guion. Las críticas internas debieron sonar con fuerza.
El golpe más duro fue la salida del creador, Kurt Sutter, el cerebro detrás de 'Sons of Anarchy'. Sutter abandonó el barco a pocas semanas de terminar el rodaje. Los rumores apuntan a desacuerdos creativos insalvables con los ejecutivos de Netflix. Cuando el showrunner se va, normalmente es porque la visión original se ha torcido por completo.
Cuando la serie llegó finalmente a la plataforma en diciembre, el eco fue mínimo

Sí, apareció en el Top 10 durante unos días, pero su paso fue fugaz. No generó la conversación que Netflix esperaba. No hubo memes, ni debates en redes, ni artículos analizando sus giros argumentales. Simplemente, la gente no la vio lo suficiente.
Las críticas profesionales tampoco ayudaron. Los periodistas especializados señalaron sus defectos: un ritmo irregular, personajes que no terminaban de cuajar, una sensación de desorden. En la era del boca a oreja digital, una mala reseña puede alejar a miles de espectadores curiosos. La combinación fue letal: poco entusiasmo popular y reseñas tibias. Para Netflix, la ecuación estaba clara. Más valía cortar las pérdidas y redirigir el presupuesto a otro proyecto.
La anulación de 'Los abandonados' sirve como lección para la industria. Confirma que ni el reparto más estelar es un seguro de vida. Lena Headey, una actriz asociada a uno de los mayores fenómenos televisivos como ‘Juego de Tronos’, no pudo salvar la serie. Netflix opera con una mentalidad de contable: los datos brutos de visualización están por encima del prestigio o de los nombres propios.
Para los que sí la vieron, queda el consuelo de una serie con momentos interesantes. La ambientación del western está bien lograda, con esos paisajes vastos y una recreación histórica cuidada. Las actuaciones, sobre todo la de Headey, tienen intensidad. Pero son destellos en medio de una narrativa que no consiguió enganchar.







