El baiji o delfín del Yangtze (Lipotes vexillifer) es una especie de cetáceo de agua dulce endémica del río más largo de China. En 2006, una expedición científica internacional recorrió más de 3.500 kilómetros del cauce sin encontrar ningún ejemplar vivo, lo que llevó a declararlo funcionalmente extinto.
Sin embargo, avistamientos no confirmados y testimonios locales mantienen la esperanza de que menos de diez individuos puedan seguir nadando en las turbias aguas del Yangtze. La comunidad científica internacional mantiene activa la búsqueda de esta criatura que habitó estos cauces durante 20 millones de años.
El último superviviente de una era milenaria
El baiji pertenece a la familia Lipotidae y representa uno de los cetáceos más primitivos que han existido. Durante milenios, estos delfines dominaron las aguas del Yangtze adaptándose a las condiciones únicas del río más caudaloso de Asia.
La especie evolucionó características extraordinarias para sobrevivir en aguas con escasa visibilidad. Su sistema de ecolocalización alcanzó niveles de sofisticación comparables a los de delfines oceánicos, permitiéndole navegar y cazar en corrientes turbias.
Los registros históricos chinos documentan la presencia del baiji desde hace más de 2.000 años. Las poblaciones locales lo consideraban una criatura sagrada, símbolo de prosperidad y paz en las comunidades ribereñas del Yangtze.
Causas del colapso poblacional
La población de baiji comenzó su declive irreversible durante el siglo XX cuando la industrialización transformó radicalmente el río Yangtze. Múltiples factores actuaron simultáneamente para llevar la especie al borde de la desaparición.
Las principales amenazas que destruyeron la población incluyen:
✓ Tráfico fluvial intenso con colisiones mortales de hélices de embarcaciones comerciales
✓ Pesca eléctrica y redes de arrastre que capturaban accidentalmente ejemplares
✓ Construcción de presas hidroeléctricas que fragmentaron su hábitat natural
✓ Contaminación industrial y agrícola que degradó la calidad del agua
✓ Sobrepesca que eliminó sus principales fuentes de alimento
En la década de 1950 se estimaban 6.000 ejemplares, pero para 1997 solo quedaban 13 individuos confirmados. La velocidad del colapso demográfico superó cualquier capacidad de ballena marina en términos de rapidez de extinción.
Rasgos físicos únicos
El baiji presentaba un cuerpo fusiforme adaptado perfectamente a las corrientes del río Yangtze. Su longitud alcanzaba entre 1,4 y 2,5 metros, con un peso que oscilaba entre 100 y 160 kilogramos según el sexo del individuo.
Su característica más distintiva era el hocico largo y estrecho ligeramente curvado hacia arriba, equipado con 130-140 dientes cónicos. La coloración gris azulada del dorso contrastaba con el vientre completamente blanco, proporcionando camuflaje en aguas profundas.
Los ojos del baiji eran extraordinariamente pequeños y funcionalmente casi ciegos, una adaptación evolutiva a las aguas turbias del Yangtze. Su supervivencia dependía casi exclusivamente de un sistema de sonar extremadamente desarrollado para detectar presas y obstáculos.
Expediciones de rescate sin resultado
Desde 2006, numerosas expediciones científicas han recorrido el Yangtze buscando evidencias de supervivencia del baiji. Organizaciones internacionales de conservación han invertido millones en tecnología acústica y equipos de rastreo especializados.
En 2016 y 2018 se registraron supuestos avistamientos que generaron esperanza renovada entre conservacionistas. Fotografías y videos borrosos circularon en redes sociales mostrando posibles ejemplares, aunque ninguno pudo ser verificado científicamente de manera concluyente.
El gobierno chino mantiene protocolos de emergencia para captura y cría en cautividad si se confirma algún ejemplar. Estos planes incluyen instalaciones preparadas con sistemas de agua controlada y equipos veterinarios especializados en cetáceos de río.
La búsqueda continúa en aguas silenciosas
La tecnología de monitoreo acústico se ha vuelto más sofisticada con hidrófonos de última generación instalados a lo largo del curso medio del Yangtze. Estos dispositivos registran continuamente sonidos submarinos buscando las vocalizaciones características del baiji.
Pescadores locales reciben incentivos económicos por reportar avistamientos creíbles o encontrar evidencias físicas de la especie. Programas educativos en comunidades ribereñas han elevado la conciencia sobre la importancia de preservar cualquier individuo superviviente.
La historia del baiji representa una advertencia sobre los costos del desarrollo descontrolado. Si la especie persiste con menos de diez ejemplares en las profundidades del Yangtze, cada día que sobreviven constituye un milagro contra las probabilidades de la extinción definitiva.









