El tenis se rompe: Djokovic señala a Alcaraz y Sinner en plena batalla por los 1.000 millones de Arabia Saudí

El tenis profesional se asoma a una guerra civil por el control de 1.000 millones de euros. Novak Djokovic lidera una rebelión para cambiar el circuito que choca con la postura neutral de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner.

Novak Djokovic, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se encuentran en el centro de una disputa que maneja cifras de 1.000 millones de dólares y que amenaza con romper el tenis profesional. La irrupción de Arabia Saudí y la demanda por prácticas anticompetitivas contra la ATP han generado una fractura entre quienes buscan un nuevo modelo de negocio y quienes prefieren mantener la estructura tradicional de los Grand Slam.

El modelo del tenis que ha imperado durante décadas se encuentra en un punto de no retorno. Los despachos y las pistas son hoy el escenario de un enfrentamiento donde el control del dinero y el bienestar físico de los deportistas centran el debate. Por un lado, el Open de Australia y una base de más de 600 jugadores reclaman un cambio profundo.

Oor el otro, los circuitos oficiales y los tres grandes torneos restantes intentan blindar un sistema que empieza a mostrar grietas insalvables. La sombra de lo ocurrido en el golf profesional, con la aparición de ligas paralelas financiadas con fortunas externas, sobrevuela cada negociación en los vestuarios.

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El sindicato de Djokovic exige aumentar el reparto de beneficios del 17% actual

El origen de esta fractura reside en la Professional Tennis Players Association (PTPA), la plataforma impulsada por el tenista serbio para dar voz a los profesionales. Djokovic ha insistido en que el reparto actual de los beneficios es injusto, ya que los jugadores perciben apenas el 17% de los ingresos totales generados por el deporte.

Esta cifra es mínima si se compara con el 50% que obtienen los jugadores de la NBA o los porcentajes mayoritarios en el fútbol europeo. Para los impulsores de la rebelión, el tenis opera de forma similar a un cartel, limitando la capacidad de los deportistas para explotar su propia marca.

Djokovic señala a Alcaraz y Sinner en plena batalla por los 1.000 millones de Arabia Saudí Fuente: USO
El sindicato de Djokovic pone contra las cuerdas en orden del tenis Fuente: USO

La ampliación de los torneos Masters 1000 a dos semanas de duración ha sido el detonante final. Muchos profesionales consideran que el ritmo de competición es físicamente insostenible y que las decisiones se toman en los despachos sin tener en cuenta la salud de los protagonistas.

Ante el silencio de los organismos oficiales durante años, el sindicato de los jugadores decidió elevar el tono el pasado año, presentando demandas legales en Estados Unidos y la Unión Europea. Esta estrategia busca romper el monopolio actual para abrir el mercado a nuevos inversores y patrocinadores.

Los tenistas solo perciben el 17% de los ingresos totales, una cifra que choca con el 50% que reciben las estrellas de la NBA

La inversión de 1.000 millones busca crear un circuito alternativo con el apoyo de Arabia Saudí

En este escenario aparece la figura de Bill Ackman, el multimillonario estadounidense que respalda económicamente este movimiento. Su objetivo es recaudar 1.000 millones de dólares para poner en marcha el Pinnacle Tour, un circuito unificado que promete una distribución de ingresos más equitativa y un calendario más racional.

Sin embargo, este movimiento ha provocado una respuesta inmediata de la ATP, que ha buscado alianzas estratégicas para mantener su dominio. La organización ha logrado atraer el apoyo del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí con la promesa de otorgar un nuevo torneo de máxima categoría en territorio saudí a partir de 2028.

El tenis se rompe: Djokovic señala a Alcaraz y Sinner en plena batalla por los 1.000 millones de Arabia Saudí Fuente: ATP
Carlos Alcaraz y Sinner en Wimbledon Fuente: ATP

Alcaraz y Sinner se mantienen al margen de la rebelión

La división no es solo institucional, sino también entre las propias estrellas del circuito. Novak Djokovic ha manifestado recientemente su malestar por lo que considera una falta de unión entre sus compañeros.

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Esta crítica apunta directamente a la postura de Alcaraz y Sinner, quienes han preferido mantenerse al margen del conflicto político para centrarse exclusivamente en la competición. Sin el respaldo explícito de los dos jóvenes que dominan el ranking actual, el proyecto de un nuevo circuito pierde fuerza, aunque la vía judicial sigue su curso y podría dar resultados inesperados en los próximos meses.

El futuro de este deporte depende ahora de la capacidad de resistencia de las instituciones tradicionales o del éxito del nuevo sindicato en su búsqueda de financiación internacional. Si los tribunales dan la razón a los jugadores o si el capital necesario llega finalmente a las manos de los promotores de la rebelión, la organización del tenis cambiará para siempre. Por ahora, la incertidumbre reina en un escenario donde la armonía ha dejado paso a los litigios y a una lucha de poder que definirá quién manda realmente en la raqueta durante la próxima década.

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