Obtener energía nuclear lunar es uno de los grandes objetivos de Estados Unidos, cuyos planes pasan por instalar una planta en la Luna para buscar sustancias raras antes de que finalice la presente década. Se trata de uno de los planes más ambiciosos de la NASA y podría ser clave para la instalación de una futura colonia humana en el satélite.
Con esta instalación se podrían ampliar las capacidades necesarias para que comience la que por los expertos es considerada la Edad de Oro de la exploración y el descubrimiento espacial. Puede marcar un antes y un después en la carrera espacial que EEUU mantiene con China.
ESTADOS UNIDOS INSTALARÁ UN REACTOR NUCLEAR EN LA LUNA

Mientras la NASA recuerda que pronto veremos un nuevo alunizaje, nos encontramos ante un momento clave para la exploración espacial, que atraviesa por un momento de inflexión. Tras décadas en las que las misiones a la Luna han sido breves y limitadas, todo podría cambiar en cuestión de años.
Estados Unidos avanza con un plan concreto para la instalación de un reactor nuclear en la superficie lunar, y para ello ha fijado como fecha el año 2030. Este plan podría transformar al único satélite natural de la Tierra en un espacio de permanencia y ensayo tecnológico.
La agencia aeroespacial estadounidense trabaja desde hace años en el desarrollo de sistemas de fisión que puedan ser capaces de alimentar bases lunares dentro del programa Artemis. La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos han creado una hoja de ruta para construir una base en este satélite y contar con un reactor nuclear listo para que sea lanzado en 2030.
LA EDAD DORADA DE LA EXPLORACIÓN LUNAR

Tras el hallazgo inesperado que sorprende a los investigadores en la cara oculta de la Luna, ahora está fijada la fecha en la que se prevé que se pueda instalar un reactor nuclear en el satélite. De esta manera, se busca brindar las capacidades necesarias para iniciar la Edad Dorada de la exploración y el descubrimiento espacial.
De esta forma, la energía pasa de ser un soporte auxiliar para convertirse en una pieza clave de la exploración lunar. Su gran ventaja es que los reactores de fisión pueden generar electricidad de forma continua durante años, sin depender del clima, de la iluminación solar o de recargas frecuentes.
Contar con esta estabilidad resulta imprescindible en un entorno donde las condiciones son extremas, y en el que un día lunar equivale a cuatro semanas en la Tierra, con dos semanas de luz ininterrumpida a las que siguen dos de oscuridad y frío intenso.
En el polo sur lunar se presume la existencia de hielo de agua, que es un recurso clave para producir agua potable, oxígeno y combustible. Sin una fuente de energía constante, resulta inviable poder operar en estos lugares.
El reactor previsto por la NASA tendrá que generar un mínimo de 100 kilovatios de electricidad, que es una potencia equiparable al consumo de unos 80 hogares estadounidenses.
LA LUNA SE CONVERTIRÁ EN UN BANCO DE PRUEBAS ESPACIAL

La construcción del reactor nuclear no responde tan solo a una necesidad para exploraciones en el satélite, pero la NASA considera que la Luna es un banco de pruebas para misiones más ambiciosas, en especial hacia Marte.
Aprender a vivir y trabajar fuera de la Tierra exige el dominio del uso de recursos locales y construir infraestructura con un elevado grado de autonomía. Con este reactor de fisión se presenta un elemento clave dentro de un ecosistema energético que puede ayudar al sostenimiento de hábitats presurizados, sistemas de soporte vital, excavadores robóticos e impresoras 3D.
En este caso se trabaja en una infraestructura que está pensada para largas estadías y que se puedan realizar operaciones en el espacio de forma continuada. Sin embargo, no es algo sencillo, ya que existen muchos desafíos a solventar, entre ellos el de proteger el reactor en un entorno hostil.
Ser capaces de que se encuentre protegido frente al micrometeorismo y la radiación, garantizando su seguridad operativa, que se convierten en problemas de gran importancia. Además, hay otro obstáculo físico: el regolito.
El polvo lunar, que es extremadamente fino y abrasivo, se levanta violentamente durante los descensos y puede dañar equipos cercanos. Sin embargo, en este caso el propio reactor en el que trabaja Estados Unidos lo tiene en cuenta para estar debidamente protegido y permitir nuevas misiones espaciales.







