Ubisoft ha anunciado esta semana un reinicio total como parte de su estrategia para recuperar su posición en la industria de los videojuegos. La compañía francesa ha pasado de ser una absoluta referencia, con franquicias tan famosas como Assassin's Creed o Far Cry, a ahora intentar redefinir a la fuerza su futuro tras años de lanzamientos irregulares, apuestas fallidas y una pérdida de confianza sostenida por parte de inversores y jugadores.
La crisis de Ubisoft se viene agravando desde hace meses con cientos de despidos y cancelaciones de varios proyectos, pero ahora conocemos que, en cuestión de días, ha decidido cancelar seis juegos en desarrollo, retrasar otros siete proyectos y cerrar al menos dos estudios (Halifax y Estocolmo). Todo dentro de una reestructuración que la propia empresa define como un "major organisational, operational and portfolio reset".
Pero, lejos de ser un simple ajuste de catálogo, el movimiento supone un viraje estratégico hacia menos proyectos, desarrollos más centrados y una apuesta aún más fuerte por dos pilares que Ubisoft considera clave para su supervivencia: los mundos abiertos de gran presupuesto y las experiencias de juego como servicio (games as a service o GaaS).
La noticia ha provocado un brutal frenazo bursátil de Ubisoft, con sus acciones desplomándose en torno a un 34 % en un solo día y acumulando más de un 50 % de caída en seis meses, según datos recopilados por Insider Gaming a partir de las estadísticas recopiladas en Google Finance.
Prince of Persia: del resurgir con The Lost Crown al remake cancelado
El caso Prince of Persia ilustra, quizá mejor que ningún otro, las contradicciones internas del grupo. Pese a que el metroidvania Prince of Persia: The Lost Crown se convirtió en uno de los títulos mejor recibidos de Ubisoft en los últimos años, con una acogida notable entre crítica y público, la compañía decidió desmantelar a su equipo de desarrollo (Ubisoft Montpellier) por las cifras de venta. Ahora, también pone fin al proyecto del remake de Las Arenas del Tiempo. Uno que, aunque pintaba fatal, en teoría debía capitalizar la nostalgia de su entrega más icónica.

Anunciado en 2020 tras más de dos años de desarrollo en Ubisoft Pune y Ubisoft Mumbai, el remake nació con el pie torcido. Su primer tráiler generó rechazo inmediato por el acabado visual y las dudas sobre la escala del proyecto. Encadenó varios retrasos, hasta el punto de que en 2023 Ubisoft trasladó el desarrollo a Montreal, el estudio responsable del original de 2003, y más tarde sumó a Ubisoft Toronto como apoyo.
Pese a que el juego llegó a tener una ventana de lanzamiento prevista para este 2026, la revisión interna de la cartera ha terminado por sentenciarlo, siendo uno de los juegos cancelados que se han confirmado en las últimas horas. En un comunicado publicado en la cuenta oficial de Prince of Persia en X, la compañía reconoce que el proyecto "tenía potencial", pero que no han sido capaces de "alcanzar el nivel de calidad que los jugadores merecen". Según Ubisoft, continuar habría exigido más tiempo e inversión de los que podían asumir responsablemente.
Y, con todo, la empresa insiste en que esta cancelación no significa que se alejen de la franquicia. De hecho, Prince of Persia sigue listado como una de las sagas clave del llamado CH4, el "creative house" dedicado a mundos de fantasía y universos narrativos (donde también se encuadran Anno, Might & Magic, Rayman y Beyond Good & Evil), tal y como detalla el nuevo organigrama presentado por por la compañía.
Un reinicio a tres años vista con franquicias en la cuerda floja
La nueva etapa de Ubisoft se articula en torno a cinco de estas denominadas "casas creativas", unidades semiautónomas organizadas por géneros y grandes marcas, con responsabilidad sobre desarrollo, publicación y resultados financieros. Vantage Studios, la división respaldada por Tencent, se encargará de pilares como Assassin’s Creed, Far Cry y Rainbow Six. Otras casas agrupan shooters tácticos (The Division, Ghost Recon, Splinter Cell), juegos como servicio ya consolidados (For Honor, The Crew, Riders Republic, Brawlhalla, Skull & Bones), o el catálogo más familiar (Just Dance, Uno o las licencias de Hasbro).
El rediseño organizativo llega acompañado de medidas drásticas de recorte de costes: la compañía se ha marcado un objetivo adicional de reducción de gastos fijos de 200 millones de euros en los próximos dos años. En la práctica, esto se traduce en cancelaciones, ventas potenciales de activos, más restructuraciones internas y el redimensionamiento —o cierre, vamos— de equipos completos.
Ubisoft admite que parte del personal de los proyectos cancelados será "reubicado en grandes proyectos", mientras que otros trabajadores "pueden abandonar la empresa", tal y como ha explicado el director financiero Frédérick Duguet en declaraciones recogidas por VGC.

De entre los siete juegos que han sido retrasados para garantizar que alcanzan esos estándares, figura un título inicialmente previsto para el año fiscal que termina en marzo de 2026, ahora pospuesto hasta antes de abril de 2027. Los insiders apuntan a que se trataría del largamente rumoreado remake de Assassin’s Creed IV: Black Flag, listado recientemente como "Assassin’s Creed Black Flag Resynced" en la web de PEGI.
Paradójicamente, no todo son víctimas en esta limpieza de catálogo. Uno de los casos más llamativos es Beyond Good & Evil 2, el eterno proyecto en desarrollo que, según Insider Gaming, ha sobrevivido a los últimos recortes. El juego, anunciado por primera vez en 2008 y en su forma actual desde 2017, habría supuesto ya más de 500 millones de dólares en costes de producción, pero Ubisoft parece seguir convencida de que el proyecto puede justificar, algún día, el enorme esfuerzo invertido.
El eterno Beyond Good & Evil 2 ha sobrevivido a las cancelaciones de Ubisoft
La compañía reconoce que el mercado es ahora más selectivo y que resulta más difícil crear nuevas franquicias que en el pasado, pero defiende que aún mantiene cuatro nuevas IP en desarrollo, como el MOBA March of Giants, adquirido recientemente y pendiente de asignación definitiva a una de las casas creativas.
Mientras tanto, franquicias ya establecidas como Assassin’s Creed o Far Cry no corren peligro, al menos a corto plazo. Son, de hecho, el núcleo alrededor del cual Ubisoft quiere reconstruir su liderazgo creativo y su rentabilidad, con mundos abiertos de gran escala y servicios persistentes que aspiren a convertirse en plataformas de largo recorrido. Los proyectos vinculados al ecosistema Tom Clancy o al modelo GaaS consolidado (como The Crew o Brawlhalla) también parecen contar con protección, siempre que mantengan una base de jugadores activa.
El coste de esa estrategia, sin embargo, ya se hace notar. Además de los cierres de Halifax y Estocolmo, otras oficinas afrontan el regreso obligado a la presencialidad casi total —con solo cierta flexibilidad remota— y un clima de incertidumbre permanente. El desplome en bolsa tras el anuncio de la reestructuración evidencia que el mercado no tiene claro que este reinicio a tres años vista vaya a ser suficiente, o llegue a tiempo, para revertir una década de decisiones erráticas y oportunidades perdidas.








