¿Qué ocurre realmente después de un gran accidente ferroviario, cuando se apagan los focos y llegan las reclamaciones? ¿Cuánto dinero pueden recibir las víctimas y, sobre todo, cuánto tiempo hay que esperar para cobrarlo? La tragedia de Adamuz ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda que España ya se hizo tras Angrois o el metro de Valencia.
Cuando hablamos de indemnizaciones, no todo llega a la vez ni de la misma forma. Hay pagos casi automáticos y otros que pueden tardar años en resolverse. Y en medio, familias que necesitan respuestas rápidas mientras la Justicia avanza a su propio ritmo.
Entender cómo funciona este proceso es clave para no perderse en un laberinto de seguros, juzgados y responsabilidades cruzadas. Adamuz es el presente, pero el pasado reciente ofrece pistas muy claras sobre lo que puede venir.
Adamuz y el primer dinero que llega tras el accidente

En el accidente ferroviario de Adamuz, las familias de los fallecidos tienen garantizada una primera indemnización inmediata a través del Seguro Obligatorio de Viajeros. Esta cobertura, incluida en el billete, fija un pago tasado de 72.121 euros por cada víctima mortal, además de compensaciones para los heridos que pueden ir desde algo más de 2.400 euros hasta superar los 84.000 euros en los casos de secuelas muy graves. Es un trámite relativamente rápido y no depende de que se determine quién fue el responsable del siniestro.
Este primer pago no agota, ni mucho menos, el recorrido de las indemnizaciones. Es solo el punto de partida. A partir de ahí se abre la vía más compleja, la de la responsabilidad civil. Será la investigación judicial la que determine si deben responder Renfe, Iryo, Adif, los fabricantes de los trenes o varios de ellos de forma conjunta. Y aquí los plazos se alargan. Mucho. La experiencia demuestra que esta segunda fase puede tardar años y acabar en cifras muy superiores, especialmente cuando se tienen en cuenta el daño moral, las secuelas de por vida o la pérdida de ingresos de las víctimas.
Angrois y Valencia: cuando las indemnizaciones tardan más de una década

El caso más claro de lo lento que puede ser este proceso es el accidente del tren Alvia en Angrois, en 2013. Ochenta personas murieron y más de 140 resultaron heridas. Aunque el seguro obligatorio se activó entonces con rapidez, no fue hasta 2024 cuando una sentencia fijó indemnizaciones por responsabilidad civil por valor de más de 25 millones de euros, aplicando incluso un incremento del 50% sobre el baremo habitual por el daño moral extraordinario. Y aun así, el caso sigue recorriendo instancias judiciales en 2026.
Algo parecido ocurrió con el accidente del metro de Valencia de 2006. Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana acabó pagando más de 3,3 millones de euros en indemnizaciones, pero el proceso estuvo marcado por acuerdos individuales, diferencias entre familias y un debate público que se prolongó durante años. En ambos casos, el patrón se repite, el dinero más importante llega tarde, tras largos procedimientos y negociaciones complejas con aseguradoras internacionales.
Quién paga y por qué el proceso nunca es sencillo

En los grandes accidentes ferroviarios no hay un único pagador. Primero actúa el seguro obligatorio, pero después entran en juego las pólizas de responsabilidad civil de las empresas implicadas. Renfe, Iryo y Adif cuentan con aseguradoras multinacionales que cubren daños a viajeros, infraestructuras y terceros. Además, pueden sumarse los seguros de fabricantes, mantenedores o incluso pólizas privadas de las propias víctimas, como seguros de vida o coberturas asociadas a tarjetas de crédito.
Este sistema permite que las indemnizaciones sean acumulables, pero también complica el proceso. Cada parte intenta delimitar su grado de responsabilidad y eso se traduce en procedimientos largos, recursos judiciales y negociaciones técnicas. Por eso, aunque en Adamuz ya esté claro cuánto cobrarán las familias en una primera fase, nadie puede fijar aún la cifra final ni el calendario definitivo. La experiencia de Angrois demuestra que la espera puede medirse en años, no en meses.
Las tragedias ferroviarias dejan cicatrices profundas que no se cierran con un cheque, pero el tiempo y la forma en que llegan las indemnizaciones importan. Adamuz abre ahora un camino que España ya ha recorrido otras veces, con lecciones duras pero claras. Conocerlas ayuda a entender qué viene después y por qué, en estos casos, la justicia económica casi nunca es inmediata.







