La rivalidad entre Estados Unidos y Rusia se traslada a los videojuegos de forma oficial, con 'Call of Duty' como eje de todo. Desde hace muchos años, los títulos bélicos desarrollados en el país norteamericano han reflejado la guerra de diferentes maneras, pero siempre con los estadounidenses en el lado bueno de la historia. ¿Los enemigos? Basándose en episodios reales o no, siempre bajo los mismos patrones: o nazis, o terroristas de Oriente Medio, o rusos.
Sí, rusos. Los mismos que no se van a quedar de brazos cruzados. Y es que, según la información del medio local Gazeta.ru, el Kremlin ha decidido que ha llegado la hora de contraatacar también en el campo de batalla virtual. Tras años denunciando la supuesta "rusofobia" de la saga 'Call of Duty' y su tendencia a colocar a Rusia en el papel de villano, el gobierno de Vladímir Putin quiere impulsar la creación de un gran shooter patriótico al estilo de la franquicia de Activision Blizzard, ahora bajo el paraguas de Microsoft.
Lo hará una inversión pública sin precedentes para la industria del videojuego rusa. El Ministerio de Desarrollo Digital ruso está dispuesto a destinar hasta 10.000 millones de rublos —más de 100 millones de euros— en subvenciones, exenciones fiscales y otros incentivos para el estudio que se atreva a asumir el encargo de desarrollar un FPS militar AAA (de alto presupuesto) que rivalice directamente con 'Call of Duty', pero "con los valores del país" y una lectura del conflicto internacional alineada con la narrativa oficial del Kremlin.
Los rusos están hartos del discurso de 'Call of Duty' hacia Rusia
Como decimos, la decisión es solo una consecuencia de lo que consideran una falta de respeto. Desde hace años, la Duma Estatal y diversos responsables políticos rusos han señalado a la saga de Activision como ejemplo de un discurso cultural hostil hacia Rusia. En el parlamento, algunos diputados han pedido incluso investigar la franquicia por lo que consideran un tratamiento sistemáticamente negativo del país, donde "siempre" el villano es un ruso o un grupo ruso.
Han elegido un buen momento ahora que 'Call of Duty' está pasándolo mal, con unos datos de venta y conversación muy por debajo de los habituales en la franquicia. Pero los recelos se remontan,como mínimo a 2009, cuando 'Call of Duty: Modern Warfare 2' fue prohibido en Rusia por el polémico nivel "No Russian", que retrataba un atentado terrorista en un aeropuerto y generó un intenso debate interno sobre la imagen del país en los videojuegos occidentales.
A ello se suman episodios más recientes como el de 'Call of Duty: Modern Warfare' de 2019, donde jugadores rusos acusaron al título de reescribir un bombardeo real de la Guerra del Golfo para atribuirlo a Rusia, sustituyendo crímenes de guerra cometidos históricamente por fuerzas estadounidenses, lo que desencadenó campañas de críticas organizadas en plataformas de reseñas.
"Es una tarea estratégicamente importante para nuestro país" ha dicho el diputado Mijaíl Deliaguin, citadas por medios rusos. El objetivo declarativo es mostrar los conflictos globales "desde el punto de vista de Rusia", revirtiendo la lógica habitual en los grandes shooters occidentales. El guion también estaría, según estas mismas fuentes, claramente definido en lo ideológico. Los enemigos del jugador serían fuerzas estadounidenses, británicas y ucranianas, un reflejo directo del actual clima geopolítico y del discurso interior del Kremlin sobre la OTAN y la guerra en Ucrania.
El shooter militar también es una herramienta propagandística
Por su parte, 'Call of Duty' ha sido, durante años, ejemplo paradigmático de cómo la industria occidental del entretenimiento bélico construye relatos sobre la guerra, el terrorismo y las relaciones internacionales. El propio desarrollo de la saga ha ido ajustando el perfil de sus antagonistas para sortear sensibilidades y fricciones diplomáticas.
El caso del exdirector de Sledgehammer Games, Glen Schofield, ilustra bien esa tensión. El creativo debía viajar a Rusia en plena campaña de marketing de 'Modern Warfare 3' (2011), pero no se sentía seguro debido a que los enemigos del juego eran facciones extremistas rusas. A partir de ese momento, Activision optó cada vez más por recurrir a compañías militares privadas y entidades ficticias en lugar de señalar directamente a países concretos, en un intento de evitar choques frontales con gobiernos y mercados clave.

Rusia, pese a todo, considera que sigue predominando en la franquicia una mirada donde Moscú aparece como amenaza recurrente o actor desestabilizador, y los reproches entroncan con una percepción general de "rusofobia" en medios de comunicación, cine, series y videojuegos occidentales.
Para un mercado local que no cuenta con estudios acostumbrados a presupuestos de la escala que maneja Activision en sus superproducciones anuales, desde luego que el respaldo del Estado se presenta como condición imprescindible para intentar competir. De momento, sin embargo, no existe ningún estudio seleccionado ni un juego como tal en producción.
La incertidumbre no es menor. Otros intentos recientes de Rusia por levantar alternativas propias a los grandes productos tecnológicos occidentales han terminado en poco más que anécdotas. El país ya ha estudiado en los últimos años el desarrollo de su propio motor gráfico o el lanzamiento de consolas nacionales, pero esos proyectos han caído en saco roto a escala global.








