El Real Madrid de baloncesto atraviesa su mejor momento de la temporada y lo hace con un sello de identidad que lleva la firma de Sergio Scariolo. Tras una racha de cinco victorias consecutivas y un dominio casi total en su pista, el equipo ha dejado atrás las dudas del principio del curso para convertirse en un grupo sólido y previsible en lo bueno.
Ya no es aquel conjunto que dependía de que una de sus estrellas tuviera una noche inspirada, sino una máquina que funciona por acumulación de esfuerzos constantes. Esta transformación no es casualidad, sino el fruto de un trabajo minucioso en los entrenamientos que ha permitido recuperar la confianza de una plantilla que parecía haber perdido el rumbo hace solo unos meses.
La identidad de Sergio Scariolo transforma al Real Madrid tras cinco victorias consecutivas
La clave de este cambio reside en la claridad de los roles. Scariolo ha conseguido que cada integrante de la plantilla entienda su función específica dentro de la cancha, lo que ha liberado de presión a los pesos pesados y ha dado alas a los jugadores de la segunda unidad.
El resultado es un equipo mucho más equilibrado donde el nivel no baja cuando se producen los cambios. Esta estructura permite que el Madrid mantenga una intensidad asfixiante durante los cuarenta minutos, algo que termina por desmoronar a cualquier rival que no esté dispuesto a pelear cada posesión de balón. La sensación de bloque es ahora mucho más potente que la suma de sus individualidades, algo fundamental para sobrevivir al exigente calendario europeo.

Dentro de este nuevo esquema, nombres como Alberto Abalde o Kramer han dado un paso adelante muy significativo. El primero ha entendido que su trabajo en defensa es el billete para tener confianza en el tiro, convirtiéndose en un jugador total capaz de sumar en todas las facetas. Por su parte, Kramer ha salido del ostracismo para ser una pieza útil y fiable en la rotación, demostrando que el técnico italiano sabe recuperar activos que se daban por perdidos.
El Real Madrid de baloncesto recupera a sus jugadores secundarios para ampliar la rotación
Incluso los jugadores que ocupan los últimos puestos en el banquillo, como el pívot Len, aportan minutos de calidad cuando Tavares o Garuba necesitan descanso. Esa profundidad de banquillo es la que permite al Madrid soñar con grandes metas, sabiendo que el arsenal de recursos es casi inagotable y que nadie es imprescindible por sí solo.
La ambición es el otro pilar sobre el que se asienta este proyecto renovado. Se nota en la actitud de referentes como Campazzo, que sigue exigiendo el máximo de velocidad y concentración a sus compañeros aunque el partido esté decidido a su favor. Esa mentalidad ha contagiado al resto y ha devuelto al equipo ese aspecto sano que se echaba de menos en los meses anteriores.
Así, el Real Madrid ahora disfruta defendiendo, provoca pérdidas en el rival con una presión muy alta y corre el contraataque con la seguridad de que el sistema le protege en todo momento. Es una versión mucho más madura y colectiva que la que se vio en la primera vuelta de la competición, cuando el equipo sufría para cerrar los partidos.
A menos de un mes para que se dispute la Copa del Rey, el objetivo de Sergio Scariolo está prácticamente cumplido: tener a todos sus hombres en el punto físico y mental adecuado para competir.
El plan de Scariolo sitúa al Madrid como el gran favorito en la Copa del Rey
El técnico italiano ha construido un ecosistema donde el talento individual se pone al servicio del orden táctico, logrando que el equipo sea mucho más difícil de leer para los entrenadores contrarios. Ya no hay desorden ni tramos de desconexión que regalen ventajas, sino un plan de juego que se sigue a rajatabla de principio a fin, independientemente de quién esté en la pista.
El Real Madrid se dirige ahora hacia los momentos clave del año con la tranquilidad de haber encontrado su camino. El reto inmediato es mantener esta inercia positiva y seguir ajustando las piezas para que el rendimiento no baje en los partidos de máxima tensión que están por venir. Con el vestuario totalmente convencido de la propuesta y los resultados respaldando el trabajo diario, el equipo blanco vuelve a ser ese bloque granítico que nadie quiere encontrarse en las eliminatorias por el título. La pizarra de Scariolo ha devuelto la sonrisa a un Madrid que vuelve a jugar como un solo hombre.
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