La muerte de Paquirri en directo: Primera cogida mortal retransmitida en TV que cambió la tauromaquia española

El 26 de septiembre de 1984, las cámaras de TVE captaron la cogida mortal de Francisco Rivera en la plaza de Pozoblanco, convirtiéndose en el primer fallecimiento de un torero retransmitido en directo por la televisión española. Las imágenes de la agonía del esposo de Isabel Pantoja dieron la vuelta al mundo, desatando una batalla judicial que llegó hasta el Tribunal Constitucional.

Francisco Rivera Pérez, conocido como Paquirri, perdió la vida el 26 de septiembre de 1984 en circunstancias que paralizaron a toda España. El torero gaditano, que había salido por la puerta grande de Las Ventas en seis ocasiones, fue corneado por el toro Avispado en la plaza de toros de Pozoblanco a las 20:10 horas de aquel jueves. Las cámaras de Televisión Española captaron cada segundo de la tragedia, convirtiendo aquella corrida en un acontecimiento mediático sin precedentes en la historia de la tauromaquia nacional.

La cornada que conmocionó a un país

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El maestro entró en la enfermería de la plaza llevado en volandas por su cuadrilla, con la arteria femoral seccionada y una hemorragia masiva que resultaría irreversible. Tres equipos de vídeo documentaron la cogida mortal: las imágenes oficiales de TVE con la exclusiva de la intervención quirúrgica en la enfermería, y otras dos cintas grabadas por fotógrafos de Pozoblanco con equipos VHS domésticos desde distintas posiciones de la plaza. El operador de cámara de TVE recogió las que acabaron siendo sus últimas palabras públicas: "llamad a Isabel", en referencia a su esposa Isabel Pantoja, que no pudo atender su última llamada telefónica antes de la corrida.

La ambulancia que trasladaba a Paquirri desde Pozoblanco hasta Córdoba recorrió cerca de 70 kilómetros por una carretera estrecha llena de curvas, barrancos y precipicios durante más de hora y media de calvario. El doctor Funes, anestesista reanimador, y Ramón, el mozo de espadas, acompañaban al torero que iba consciente y sufría intensamente pese a los calmantes. Cuando estaban cerca de Córdoba, el diestro comenzó a sudar copiosamente y a sentir insuficiencia respiratoria, momento en que sobrevino el paro cardíaco irreversible. Los médicos decidieron cambiar el destino y dirigirse al Hospital Militar por estar más cerca, donde Francisco Rivera falleció en el quirófano a las 21:40 horas por un choque hipovolémico intenso causado por la hemorragia masiva y rápida.

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Isabel Pantoja y la batalla judicial histórica

La viuda del torero, que entonces tenía 28 años, se convirtió en el símbolo del duelo nacional tras quedar repentinamente sola apenas cinco meses después de su boda celebrada en abril de 1984. Las imágenes de la agonía de Paquirri dieron la vuelta al mundo, siendo vendidas por la agencia Efe a la cadena norteamericana CBS por aproximadamente 845.000 pesetas y a TV-3 por unas 400.000 pesetas. La difusión masiva de aquellas grabaciones llevó a Isabel Pantoja a emprender una batalla legal sin precedentes contra la emisión de las imágenes de la muerte de su esposo.

El caso llegó hasta el Tribunal Constitucional, donde la tonadillera consiguió una sentencia histórica que prohibió definitivamente la difusión de las imágenes de la cogida y agonía del torero. Esta victoria judicial sentó un importante precedente en la jurisprudencia española sobre el derecho a la intimidad, el honor y la propia imagen, incluso después del fallecimiento. Hoy en día, aquellas grabaciones permanecen vetadas y su emisión constituye una violación de derechos fundamentales protegidos por la más alta instancia judicial del país.

El legado familiar y la herencia envenenada

Paquirri dejó tres hijos: Francisco y Cayetano, frutos de su primer matrimonio con Carmen Ordóñez, y Francisco José, nacido de su unión con Isabel Pantoja. La muerte del torero desató una guerra entre los Rivera y la cantante que continúa viva cuatro décadas después. Según el periodista Antonio Rossi, Pantoja no quiso aceptar el testamento original e inició una disputa por Cantora, la finca que simbolizaba su breve matrimonio con el maestro, llegando a resolverse la división de bienes en juzgados separados sin acuerdo total entre las partes.

✓ La tonadillera finalmente consiguió quedarse con Cantora
✓ El deseo de Paquirri de que sus hijos heredaran sus bienes en América al cumplir 23 años nunca se cumplió
✓ Varios testimonios afirmaron que Isabel se quedó con una parte mayor del patrimonio que los propios hijos del torero
✓ La tensión familiar derivó en el conocido conflicto entre Kiko Rivera y su madre por la herencia
✓ Lolita Flores, quien mantuvo un romance adolescente con Paquirri, comentó años después: "El tiempo lo pone todo en su sitio"

Antonio Rivera, padre del torero, explicó en una grabación que su hijo pudo haberse casado con Lolita Flores, pero que la Pantoja "hizo el teatro de su vida". La relación entre el maestro e Isabel fue amor a primera vista cuando se conocieron tras una corrida, iniciando un romance que cautivó a todo el país, pese a que Paquirri aún estaba casado con Carmen Ordóñez.

La transformación de la tauromaquia española

La muerte de Francisco Rivera en Pozoblanco marcó un punto de inflexión definitivo en los protocolos de seguridad de las plazas de toros españolas. Las diligencias judiciales que investigaron el fallecimiento pusieron de manifiesto una cadena de errores en la asistencia sanitaria: desde la distancia entre la plaza y los centros hospitalarios adecuados, hasta la ausencia de equipamiento médico avanzado en las ambulancias de traslado que realizaban trayectos prolongados por carreteras secundarias en mal estado.

A partir de 1997, trece años después de la tragedia, se implementaron nuevos protocolos que revolucionaron la seguridad en las corridas: helicópteros medicalizados para traslados urgentes, quirófanos móviles equipados en las inmediaciones de las plazas, equipos de reanimación cardiopulmonar avanzada en las enfermerías, y la obligatoriedad de contar con cirujanos especializados en traumatología vascular. La cogida mortal de Paquirri evidenció que el sistema de asistencia sanitaria taurina requería una modernización radical para evitar que el tiempo de traslado determinara entre la vida y la muerte.

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