¿Es el tren un medio de transporte seguro? Sus datos de mortalidad en comparación con el avión, el autobús o el coche

El descarrilamiento de dos trenes en Adamuz (Córdoba) pone bajo la lupa a los trenes en España, pero los datos reafirman al ferrocarril como uno de los medios de transporte más seguros que existen, sobre todo respecto a coches, motos o bicicletas.

El terrible accidente provocado por el descarrilamiento de dos trenes en Adamuz (Córdoba), con 39 fallecidos este domingo 18 de enero de 2026, ha golpeado de lleno una de las ideas más asentadas entre los viajeros: que el ferrocarril es uno de los medios de transporte más seguros. Y es que, mientras se esclarece todo lo que ha sucedido, muchos ponen en duda el transporte ferroviario en nuestro país, algo que, pese a lo sucedido, no se sostiene con los datos.

Si observamos las distintas opciones disponibles, los principales estudios y recopilaciones estadísticas de los últimos años coinciden en que, si se analiza la mortalidad por kilómetros recorridos, el avión se mantiene como el medio de transporte más seguro del mundo. Viajar en una aerolínea comercial arroja tasas ínfimas de fallecimientos por cada 1.000 millones de kilómetros, lo que convierte al transporte aéreo de pasajeros en la opción con menor riesgo de muerte por distancia recorrida.

Las aseguradoras que analizan la siniestralidad subrayan a su vez el dato de que la probabilidad de morir en un accidente de avión se sitúa en torno a una entre varios millones de trayectos, de acuerdo con estimaciones divulgativas. Incluso volando todos los días, la estadística habla de millones de años antes de que, en promedio, un pasajero se viera implicado en un siniestro fatal.

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El autobús y el tren se disputan la segunda y tercera posición del podio, dependiendo de la metodología utilizada. Algunos informes señalan al autobús como un modo extremadamente seguro, hasta el punto de que se llega a afirmar que viajar en autocar es varias veces más seguro que hacerlo en tren de pasajeros y decenas de veces más seguro que desplazarse en turismo privado.

Renfe busca un resquicio legal para no aplicar la última norma impuesta por el Congreso para el AVE Fuente: Europa Press
Trenes AVE de Renfe en Sevilla | Fuente: Agencias

Otras comparaciones, sin embargo, sitúan al tren como más seguro que el avión si se toma como referencia la probabilidad de no salir vivo por hora de viaje o por trayecto, en lugar de por kilómetro recorrido, y colocan al autobús por delante de ambos.

Cuando se mide por kilómetros, el avión sale muy bien parado porque cada vuelo cubre distancias enormes; cuando se mide por horas o por viajes realizados, la ventaja se reduce o se invierte. Con el tren ocurre algo parecido: sus accidentes son extremadamente raros, pero suelen implicar a decenas o cientos de personas al mismo tiempo. Eso hace que cada siniestro tenga gran relevancia, aunque el número total de fallecidos al año sea bajo respecto al volumen global de pasajeros.

Como curiosidad, el hecho de que el tren no tenga cinturón y el avión sí tiene su explicación en la seguridad pasiva. El tren no suele frenar en seco, sino que desacelera al ser un vehículo pesado, impidiendo que salgas disparado salvo por una colisión. En el avión, se hace por las turbulencias y el movimiento vertical (para que no salgas disparado hacia el techo). Y, sí, también sirve para identificar cadáveres en caso de una desgracia como muchos sospechan, aunque ese no es su fin.

En cualquier caso, en el transporte marítimo la fotografía también es menos alarmante de lo que sugiere la memoria. El grueso de las muertes en el agua no se produce en grandes ferris o cruceros, sino en pequeñas embarcaciones recreativas. Se calcula que la inmensa mayoría de las víctimas mortales en medios acuáticos están vinculadas a este tipo de botes y no a los grandes buques, que mantienen estándares de seguridad y protocolos de emergencia muy estrictos.

El coche, la moto y la bicicleta, mucho menos seguros que el tren

El contraste con la carretera es brutal. En España, cuatro de cada cinco accidentes con víctimas implican a un turismo, según datos que maneja la DGT. El coche es, con diferencia, el medio que más siniestros provoca al año, simplemente porque es también el más utilizado y porque concentra gran parte de la movilidad cotidiana, con desplazamientos al trabajo, viajes cortos, ocio o recados diarios.

Pero no se trata solo de frecuencia de accidentes, sino de severidad y vulnerabilidad. Aunque la tecnología ha avanzado —frenos ABS, airbags, sistemas de asistencia a la conducción...—, el automóvil sigue exponiendo a sus ocupantes a riesgos habituales como exceso de velocidad, distracciones al volante, consumo de alcohol o drogas, cansancio o mal estado de la vía.

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La moto es el medio de transporte con mayor tasa de mortalidad por kilómetro recorrido

La situación es aún más delicada en las motos y ciclomotores. Las estadísticas coinciden en señalar a la moto como el medio con mayor tasa de mortalidad por kilómetro recorrido. Los datos recientes de siniestralidad en España confirman que una parte muy significativa de los fallecidos en carretera son motoristas. La falta de una carrocería protectora, sumada a la inestabilidad inherente del vehículo, convierte cualquier caída en un episodio de muchísimo riesgo.

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Coches en un atasco | Fuente: Agencias

En cuanto a la bicicleta, hablamos de un medio sostenible, económico y cada vez más presente en las ciudades, pero las cifras apuntan a un aumento de los fallecimientos en los últimos años, mientras que en coches y motos la siniestralidad tiende a estabilizarse o descender. El principal peligro aquí es que el ciclista comparte espacio con vehículos mucho más pesados y rápidos, lo que eleva su exposición al peligro.

Adamuz no ha sido el peor: recordando Angrois, Torre del Bierzo o El Cuervo

Con todo, si bien el siniestro de Adamuz se sitúa ya como uno de los más mortíferos del siglo XXI, está por detrás de otras tragedias como la de Angrois, ocurrida en 2013 a las puertas de Santiago de Compostela. Aquel 24 de julio, un tren Alvia que cubría la ruta Madrid–Ferrol se salió de la vía en la curva de A Grandeira a una velocidad de entre 179 y 191 kilómetros por hora, pese a que el tramo estaba limitado a 80. El resultado fue devastador, con 80 personas fallecidas y 144 heridas entre los 224 ocupantes del convoy.

Años después, en julio de 2024, la sentencia judicial sobre Angrois fijó responsabilidades penales en el maquinista, Francisco José Garzón, y en el entonces director de Seguridad de Adif, Andrés Cortabitarte, a quienes se atribuyeron 79 delitos de homicidio por negligencia profesional grave.

Pero, si Angrois marca un antes y un después en la España reciente, la mayor catástrofe ferroviaria documentada sigue siendo la de Torre del Bierzo (León), ocurrida el 3 de enero de 1944. Aquel día, un tren correo-expreso que viajaba de Madrid a A Coruña perdió los frenos en el interior del túnel número 20 de la línea Palencia–A Coruña y chocó contra una locomotora de maniobras.

La versión oficial del régimen franquista habló de 87 víctimas mortales, pero desde entonces múltiples investigaciones han puesto en cuestión esa cifra. De hecho, un estudio publicado en 2019 eleva el balance a 100 muertos y 111 heridos, mientras que otros trabajos apuntan a hasta 200 fallecidos e incluso a horquillas de entre 500 y 800, difíciles de confirmar por la censura y la opacidad de la época.

Entre los peores accidentes está también el choque de El Cuervo (Sevilla), ocurrido el 21 de julio de 1972 entre las estaciones de El Cuervo y Lebrija cuando ferrobús que unía Cádiz y Sevilla colisionó frontalmente con el expreso Madrid–Cádiz, en un accidente que dejó 86 muertos y en torno a un centenar de heridos. En el ferrobús viajaban unos 200 pasajeros repartidos en cuatro vagones; el expreso, compuesto por 14 coches, transportaba a unas 500 personas.

Décadas más tarde, ya en pleno siglo XXI, el Metro de Valencia (Metrovalencia) se convirtió en escenario de una de las páginas más negras del transporte público español, concretamente el 3 de julio de 2006, cuando un tren que circulaba entre las estaciones de Jesús y Plaza de España descarriló en una curva a gran velocidad y volcó dentro del túnel. Murieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas. Cuatro de los ocho directivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) procesados aceptaron penas de 22 meses de prisión al reconocer su responsabilidad, mientras que los otros cuatro fueron finalmente absueltos.

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