San Sebastián, mártir del siglo III, es una de las figuras más veneradas del santoral católico cuya celebración se conmemora cada 20 de enero. Nacido en Narbona alrededor del año 256 y ejecutado en Roma en el 288, este tribuno militar del ejército romano destacó por su doble martirio y su inquebrantable defensa del cristianismo durante las persecuciones de Diocleciano.
La historia de este santo ha trascendido los siglos convirtiéndose en patrono de numerosas localidades españolas y europeas, además de protector invocado tradicionalmente contra epidemias y enfermedades. Su festividad marca un día especial para más de 43.000 personas que llevan este nombre en España, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística.
El tribuno romano que eligió la fe sobre el poder
Sebastián alcanzó un rango privilegiado dentro de la estructura militar romana, llegando a ser jefe de la primera cohorte pretoriana bajo los emperadores Diocleciano y Maximiano. Sin embargo, su verdadera misión transcendía las obligaciones militares, pues utilizaba su posición para proteger y asistir en secreto a los cristianos perseguidos de Roma. Durante años mantuvo esta doble vida hasta que fue descubierto y denunciado ante el emperador.
Maximiano le obligó a escoger entre su carrera militar y su fe cristiana, decisión que Sebastián resolvió sin vacilación manteniéndose fiel a sus creencias. Esta negativa desató la furia imperial, que consideró su actitud como una traición al imperio y ordenó su ejecución inmediata mediante uno de los métodos más crueles de la época.
La condena consistió en atarlo a un poste mientras soldados leales al emperador lo asaeteaban con flechas hasta dejarlo aparentemente sin vida, imagen que se ha perpetuado en innumerables obras artísticas del Renacimiento y el Barroco.
Primer martirio y recuperación milagrosa
Los soldados abandonaron el cuerpo de Sebastián convencidos de haber cumplido la orden imperial, pero el mártir aún respiraba débilmente. Varios amigos cristianos se acercaron al lugar del suplicio y descubrieron que permanecía con vida, por lo que lo trasladaron en secreto para atender sus heridas. Entre quienes lo auxiliaron destacó Irene de Roma, viuda del mártir Cástulo, quien se encargó personalmente de su cuidado y recuperación.
Contra todo pronóstico médico de la época, Sebastián sanó completamente de las múltiples heridas por flechas que surcaban su cuerpo. Esta recuperación fue interpretada por la comunidad cristiana como una intervención divina que le permitía continuar su misión evangelizadora con renovada fuerza y determinación.
Una vez restablecido, tomó la audaz decisión de presentarse nuevamente ante el emperador Maximiano en el propio palacio imperial para recriminarle directamente su persecución contra los cristianos, acto que selló definitivamente su destino.
El martirio definitivo y legado eterno
La segunda comparecencia de Sebastián ante Maximiano provocó una reacción aún más violenta del emperador, quien ordenó que fuera ejecutado mediante azotes hasta la muerte. El cuerpo del mártir fue posteriormente arrojado a un lodazal para evitar que los cristianos lo recuperaran, sin embargo, según la tradición, el propio santo se apareció en sueños a Santa Lucina indicándole el lugar exacto donde yacía.
Sus seguidores rescataron los restos mortales y los depositaron en las catacumbas de San Calisto en la Vía Apia Antica de Roma, lugar que posteriormente se convirtió en importante centro de peregrinación. Sobre este emplazamiento se erigió una basílica en honor al mártir que aún hoy recibe visitantes de todo el mundo.
La iglesia católica reconoce a San Sebastián como patrono de atletas, soldados y protector contra la peste, función que desempeñó especialmente durante las epidemias medievales cuando su intercesión era invocada masivamente.
Devoción popular y patronazgos en España
La figura de San Sebastián mantiene una presencia extraordinaria en la geografía española, siendo patrón de la ciudad que lleva su nombre en el País Vasco, así como de numerosas localidades en Andalucía, Canarias, Castilla y León. Las festividades del 20 de enero congregan miles de devotos en procesiones, actos litúrgicos y celebraciones populares que combinan fervor religioso con tradiciones ancestrales.
En la iconografía religiosa española abundan las representaciones del santo tanto en su momento del asaetamiento como en escenas posteriores a su recuperación. Artistas de la talla de El Greco, Botticelli y otros maestros inmortalizaron su martirio en lienzos que hoy forman parte del patrimonio artístico universal.
La devoción a este mártir trasciende fronteras y denominaciones, siendo venerado igualmente por la Iglesia ortodoxa y manteniendo vigente su intercesión para quienes enfrentan persecución, enfermedad o injusticia en el mundo contemporáneo.








