Durante años, Star Wars fue sinónimo de cine y mucho más, series, libros, juguetes. Cada estreno marcaba el calendario, paralizaba la taquilla, (lo que representaba la recaudación de millones de dólares) y generaba debates interminables entre fans. Pero algo ha cambiado. Y no es solo una sensación, el último giro estratégico de Disney confirma que las películas ya no ocupan el centro del universo creado por George Lucas.
Hoy, la galaxia muy, muy lejana se mueve en otra dirección. Más lenta, más fragmentada y, sobre todo, más enfocada en otros formatos. El relevo en la cúpula de Lucasfilm y los cambios visibles en parques temáticos y contenidos apuntan a una realidad incómoda para los nostálgicos, el cine ha dejado de ser la prioridad, definitivamente una muy mala noticia para los fanáticos de la saga.
El cine ya no manda en la galaxia

Durante la última década, las películas de Star Wars han pasado de ser eventos culturales a productos irregulares, sin una hoja de ruta clara, para muchos fanáticos, la actualidad de la saga nada tiene que ver con el pasado. Tras El despertar de la fuerza, que superó los 2.000 millones de dólares en taquilla mundial, las secuelas fueron perdiendo impacto, cohesión narrativa y conexión con el público. El ascenso de Skywalker cerró la trilogía en 2019 con cifras muy inferiores y una recepción tibia que dejó a la saga en punto muerto en salas.
Desde entonces, Disney ha pisado el freno en el cine. Cancelaciones, retrasos y proyectos que no terminan de arrancar han convertido los estrenos cinematográficos en excepciones, no en el motor del universo Star Wars. Que la próxima película relevante sea The Mandalorian and Grogu, un salto desde la televisión al cine, es bastante revelador, ya no se construyen series a partir de las películas, sino justo al revés.
Este cambio no es casual. El cine implica riesgos, inversiones millonarias y un juicio inmediato del público. Disney ha optado por reducir esa exposición y asumir que Star Wars ya no garantiza el éxito automático en taquilla que tuvo durante décadas.
Disney apuesta por series, parques y nostalgia

Mientras las películas pierden peso, otros frentes ganan protagonismo. Disney+ se ha convertido en el verdadero eje narrativo de la saga, con series como The Mandalorian, Andor o Ahsoka sosteniendo el interés de los fans. Aquí hay más margen para experimentar, corregir errores y fidelizar al espectador semana a semana, sin la presión brutal del estreno en cines.
Pero el movimiento más simbólico está fuera de la pantalla. Los cambios anunciados en Star Wars: Galaxy’s Edge son casi una declaración de intenciones. El parque, originalmente anclado a la era de las secuelas, ampliará su cronología para dar protagonismo a la trilogía original. Luke, Leia, Han Solo y Darth Vader regresan al centro de la experiencia. No es solo fan service, es reconocer qué imaginario sigue funcionando de verdad.
Disney está reforzando el Star Wars que la gente ya ama, no el que intentó imponer en los últimos años. Menos riesgo creativo, más valor seguro. Y eso deja a las películas modernas en una posición secundaria, casi incómoda, dentro de su propia franquicia.
Dave Filoni y el nuevo orden de prioridades

La salida de Kathleen Kennedy de la presidencia de Lucasfilm y la llegada de Dave Filoni marcan un antes y un después. Filoni no es un director de grandes blockbusters, sino un arquitecto de historias a largo plazo. Su éxito no viene del cine, sino de la animación y la televisión, donde ha sabido construir tramas coherentes, respetar el canon y conectar con los fans más fieles.
Con Filoni al mando creativo y una estructura más repartida, Star Wars parece orientarse a un modelo menos dependiente del cine como gran escaparate. Las películas existirán, sí, pero ya no serán el corazón de la franquicia, sino una pieza más dentro de un ecosistema más amplio y controlado.
Esto no significa el final de Star Wars en cines, pero sí el final de su hegemonía. La saga ha dejado de girar alrededor de grandes estrenos cada dos o tres años. Ahora se expande de forma más silenciosa, más constante y, paradójicamente, más conservadora.
Al final, Disney parece haber aceptado una verdad incómoda, hoy, Star Wars vive mejor en capítulos que en trilogías. Y quizá no sea una mala noticia, sino simplemente el reflejo de cómo ha cambiado la forma en la que consumimos historias. La Fuerza sigue ahí, pero ya no ilumina solo la gran pantalla.







