Este plato preparado que cuesta solo tres euros está generando una especie de fiebre entre los clientes de Mercadona. La gente no solo lo compra por su precio, que ya de por sí es una rareza hoy en día, sino porque su sabor ha desatado comparaciones inesperadas. Muchos dicen, sin ironía, que supera al de la abuela.
Esta lasaña boloñesa de la marca Hacendado ha dejado de ser una simple opción rápida para convertirse en un imprescindible en la nevera de miles de hogares. Su éxito habla de un cambio en nuestra forma de comer: la búsqueda de lo casero cuando el tiempo escasea, y la sorpresa de encontrarlo donde menos te lo esperas.
La lasaña que desbanca a los clásicos en Mercadona

El producto en cuestión es la Lasaña Boloñesa refrigerada. Por tres euros, obtienes una bandeja de 400 gramos, lo que equivale a dos raciones generosas. Forma parte de la gama de platos preparados de Mercadona y ha escalado a una velocidad pasmosa en las listas de más vendidos. Según los datos internos de la cadena, ha logrado desbancar a auténticos pesos pesados como la tortilla de patatas precocinada o el arroz tres delicias, que durante años fueron los reyes indiscutibles de esta sección.
Su presentación es clásica: capas de pasta, abundante relleno de carne, bechamel cremosa y una superficie de queso gratinado que se dora al calentarla. Lo que la distingue no es el concepto, sino la ejecución. Está elaborada con ingredientes que suenan a cocina de verdad: carne de cerdo y ternera de origen nacional, tomate triturado y cebolla fresca. La pasta está cocida al punto justo, evitando esa textura pastosa o deshecha que suele arruinar muchos platos precocinados.
El sabor que conquista: ¿cómo logra saber a casero?
Este es el verdadero quid de la cuestión. ¿Qué tiene esta lasaña de Mercadona para que tantos la comparen con un plato hecho en casa? Los comentarios en redes sociales y foros son elocuentes. Un usuario resume bien la sensación: “Está tan bien lograda que no necesitas añadirle absolutamente nada. Es abrirla, calentarla y listo para disfrutar como si estuvieras en casa de tu abuela”. La ausencia de un regusto “industrial” o artificial es lo que más sorprende a los consumidores exigentes.
Parte del secreto parece estar en la filosofía de elaboración. Mercadona ha apostado por una receta con ingredientes lo menos procesados posible. No contiene glutamato monosódico, no usa conservantes artificiales y mantiene un bajo contenido en aditivos. Ana Rodríguez, responsable de Calidad de Productos Refrigerados en Mercadona, explica que “la receta ha sido desarrollada con tecnología puntera, pero sin renunciar a los principios clásicos de la cocina italiana tradicional”. Además, el montaje en capas se hace de manera manual en sus factorías, lo que garantiza una distribución homogénea y evita que acabes con un rincón solo de pasta y otro solo de salsa.
Una preparación que gana por goleada en practicidad

En un mundo donde el tiempo es el bien más escaso, este producto ofrece una solución casi mágica. Basta con retirar el envase exterior y calentarla en el microondas durante cinco o seis minutos. Si se prefiere un efecto más gratinado y crujiente, con quince minutos en el horno tradicional es suficiente. No hay que descongelar, ni cortar, ni cocinar, ni limpiar sartenes.
Esta practicidad no atrae solo a quienes no saben o no les gusta cocinar. Atrapa a un espectro mucho más amplio. Javier Muñoz, chef y asesor gastronómico, lo reconoce: “La relación calidad-precio es simplemente insuperable. Por 3 euros, no podría preparar algo igual en casa sin invertir más del doble entre ingredientes y tiempo”. Es una declaración poderosa que legitima el producto incluso entre los profesionales.
Un público transversal: desde estudiantes hasta foodies
El perfil del comprador de esta lasaña es increíblemente diverso. Estudiantes con presupuesto ajustado, trabajadores que comen fuera de casa, padres agobiados a la hora de la cena, jubilados que buscan comodidad sin renunciar al sabor… Incluso los llamados foodies y cocineros aficionados la han incorporado a su repertorio como un “comodín” para esos días de bajón.
Su atractivo es transversal porque apela a dos necesidades universales: el anhelo de un sabor reconfortante y tradicional, y la cruda realidad de la falta de tiempo y, a veces, de dinero. Por tres euros, ofrece una experiencia gastronómica satisfactoria que elimina el estrés de la planificación y la cocina.
Con un producto así de popular, era inevitable que surgiera la pregunta sobre su lugar en una dieta equilibrada. Los expertos ofrecen una perspectiva matizada. Clara Alonso, nutricionista clínica, aclara para SECOM: “No es lo mismo comer lasaña precocinada que pizza congelada llena de grasas trans. Este producto representa un avance en opciones saludables dentro del mundo de los preparados”.
La lasaña contiene unas 420 kilocalorías por ración, una cifra normal para un plato de estas características. Al estar hecha con ingredientes naturales y sin añadidos artificiales cuestionables, se puede considerar una opción correcta para una comida principal ocasional. El consejo, como con casi todo, es el de la moderación y el sentido común.







