Llegas a casa arrastrando los pies después de una jornada interminable y lo último que te apetece es complicarte la vida, aunque sabes que las cenas tristes acaban pasando factura al estado de ánimo. La tentación de llamar al repartidor es fuerte, pero si le dedicas apenas un cuarto de hora a la cocina, el resultado puede cambiarte la noche.
Vivimos bajo la falsa creencia de que cocinar rápido implica abrir una lata de atún y tirarla sobre una lechuga mustia, un error garrafal que nos impide disfrutar de la última comida del día. Lo cierto es que el lujo en el plato es una cuestión de actitud y de saber combinar texturas, no de gastarse el sueldo en ingredientes imposibles.
Cenas: La trampa mental de la alta cocina barata
Solemos asociar la buena mesa con elaboraciones eternas y productos que cotizan en bolsa, cuando la realidad de los mejores restaurantes suele basarse en respetar el producto humilde. De hecho, ocurre a menudo que los platos más memorables nacen de la escasez y de la necesidad de agudizar el ingenio con lo que hay en la nevera.
Para que esto funcione, necesitamos desterrar la idea de que lo barato sale caro o sabe peor, porque un buen aceite de oliva y unas hierbas frescas hacen milagros en cualquier elaboración. Ten en cuenta que un toque de acidez o un crujiente bien puesto pueden salvar la receta más plana del mundo y convertirla en algo adictivo.
Mejillones al curry: el marisco de los listos
Mucha gente ignora los mejillones porque les da pereza limpiarlos o porque los asocian al aperitivo de lata, pero son una de las proteínas más baratas y versátiles del mercado. Lo interesante es que su sabor yodado combina de maravilla con grasas como la leche de coco o la nata, creando salsas que piden pan a gritos.
La preparación es tan rápida que casi da la risa: sofríes un poco de ajo, jengibre y pasta de curry (o curry en polvo) en una olla, añades la leche de coco y cuando hierva, tiras los mejillones limpios dentro. En cinco minutos se habrán abierto y la salsa habrá espesado ligeramente gracias al almidón, impregnando cada bicho con un aroma exótico espectacular.
La "Carbonara" de los pobres que sabe a gloria
La trampa mental de la alta cocina barata
No vamos a entrar en la guerra de la carbonara auténtica porque no tenemos tiempo para buscar guanciale, pero sí podemos hacer una pasta cremosa y lujosa usando una técnica infalible: la emulsión. Resulta que el agua de cocción es oro líquido lleno de almidón que, batido con un poco de mantequilla y queso, crea una textura de terciopelo. Olvídate del tomate frito de bote; vamos a hacer unos espaguetis al limón con anchoas y pan rallado crujiente, un plato que en Italia es religión y aquí cuesta céntimos.
Mientras se cuece la pasta, disuelves unas anchoas en aceite con ajo hasta que desaparezcan, añades ralladura de limón y un cucharón de agua de la pasta, removiendo con energía hasta ligar la salsa. El toque maestro es que el pan rallado tostado con ajo aporta una textura que rompe la monotonía del bocado, imitando al queso parmesano si andas corto de presupuesto. Es fresco, es vibrante y tiene ese punto salino y ácido que te limpia el paladar y te hace sentir que estás cenando en una terraza de la costa amalfitana.
Saltimbocca de pollo: adiós a la pechuga seca
La pechuga de pollo a la plancha es el epítome de la tristeza culinaria, el plato que uno se come cuando está a dieta o enfermo, pero podemos darle la vuelta con un clásico romano adaptado a la crisis. La técnica del "saltimbocca" (salta en la boca) consiste en proteger la carne con una loncha de jamón, lo que aporta salinidad y evita que se seque con el calor directo. Solo necesitas unos filetes finos de pollo, unas lonchas de jamón serrano barato y unas hojas de salvia fresca, que es la hierba que aporta el aroma a "caro".
polloSujetas el jamón y la salvia al pollo con un palillo, los pasas ligeramente por harina y los fríes en mantequilla y aceite un par de minutos por cada lado hasta que estén dorados. Lo mejor viene al final, cuando desglasas la sartén con un chorrito de vino blanco, rascando el fondo para recuperar todos esos jugos caramelizados y crear una salsa instantánea. Sirve esto inmediatamente y verás cómo algo tan básico se convierte en un bocado jugoso y lleno de matices que te reconcilia con la cocina de diario.







