"¡No puedo respirar!": El momento de pánico que paralizó a todos en ‘El Desafío’ con un entierro en vida 

La tensión en el plató de Antena 3 se podía cortar con un cuchillo el viernes por la noche. Lo que iba a ser otra prueba de habilidad en ‘El Desafío’ se transformó en unos minutos de auténtica angustia, tanto para el concursante como para quienes lo veían desde casa.

Daniel Illescas, el influencer conocido por su sangre fría, se enfrentó a lo que él mismo describiría después como el escapismo más peligroso en la historia de ‘El Desafío’. No era para menos. El reto consistía en ser enterrado vivo por mil quinientos kilos de arena. Solo escucharlo eriza la piel. Y la ejecución fue aún más extrema de lo que nadie podía prever, con un grito de“¡No puedo respirar!” que condensó toda la desesperación del momento.

La mecánica del desafío era simple, pero era eso mismo lo que la hacía aterradora. Daniel Illescas fue introducido en una urna transparente, dispuesta en el plató del programa Antena 3. Su misión era abrir tres candados antes de que el tiempo se agotase, usando un llavero con doce llaves. El problema, claro, no eran los candados.El verdadero enemigo era la arena. Toneladas y toneladas de arena que no dejaban de caer sobre él, sepultándolo poco a poco, reduciendo su espacio vital y su capacidad para moverse. Para respirar, contaba solo con un tubo que sobresalía de la masa, una frágil línea de vida contra la asfixia.

Antes de comenzar, el propio Illescas era consciente de la locura en la que se estaba metiendo. “Es una de las cosas más bestias que he hecho nunca”, confesó a cámaras. Y enumeró los obstáculos mentales y físicos que se le venían encima: “Estoy nervioso y no puedo entrar en pánico. Hay claustrofobia y poca visibilidad. Tengo que mover la arena porque pesa mucho y me impide moverme para llegar a los candados”. Disponía de un máximo de seis minutos. Pero con la presión añadida de que su abuela estaba esa noche en el plató, viéndolo todo en primera fila. Imposible no sentirse aún más observado y con la responsabilidad de no fallar.

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La lucha contra el reloj y la arena que lo cubría en vida en ‘El Desafío’

La lucha contra el reloj y la arena que lo cubría en vida en ‘El Desafío’
La lucha contra el reloj y la arena que lo cubría en vida en ‘El Desafío’ | Fuente: Antena 3

Una vez dentro de la caja, la prueba se convirtió en una batalla caótica y desesperada. Las primeras llaves no encajaban. Los segundos pasaban y la arena ya le cubría las piernas. Tardó casi dos minutos en lograr abrir el primer candado, un tiempo valiosísimo perdido. Para entonces, la visibilidad era casi nula y el peso sobre su cuerpo, inmenso. Cada movimiento requería un esfuerzo sobrehumano para apartar la tierra y gatear hacia la siguiente cerradura.

Fue en ese momento de claustrofobia máxima cuando estalló el grito de alarma. “¡Tengo la máscara llena de arena! ¡No puedo respirar!”, exclamó Illescas, con una voz entrecortada que transmitió puro pánico a todos los presentes. A pesar del contratiempo, no pidió salir. Siguió. Consiguió quitar el segundo candado, pero la situación empeoraba.

La arena ya le llegaba al pecho y seguía cayendo. Liberar la última cerradura se convirtió en una agonía. “Lo hago por la familia”, se le escuchó musitar, en un momento de motivación pura y dura. Con el cuerpo prácticamente inmovilizado, logró encajar la llave y girar el último cerrojo cuando en el contador quedaba solo un minuto y medio.

El rescate y la reacción de alivio en el plató

El rescate y la reacción de alivio en el plató
El rescate y la reacción de alivio en el plató | Fuente: Antena 3

Cuando por fin salió de la urna, el alivio fue monumental, pero las secuelas físicas eran evidentes. Daniel Illescas, una vez desenterrado por el equipo de ‘El Desafío’, tomó agua inmediatamente para intentar escupir la arena que se le había colado en la boca y la garganta. No era una exageración. Había estado tragando y respirando tierra durante varios minutos.

Roberto Leal, el presentador, se acercó a él y puso palabras a lo que todos habían visto.“Este hombre estaba tragando y respirando tierra que le estaba entrando por las fosas nasales y por la boca”, informó a la audiencia. Leal reconoció haber estado verdaderamente preocupado, admitiendo: “Ha habido un momento en el que pensaba que ibas a pedir que te sacasen de golpe”. Era la confirmación oficial de que el peligro había sido real y palpable, no un efecto televisivo. 

Este escapismo ha marcado un punto de inflexiente en ‘El Desafío’. Hasta ahora, el programa había presentado retos extremos de altura, agua o resistencia. Pero este tenía una cualidad distinta, más primitiva y angustiosa. No se trataba de vencer al vértigo, sino a la sensación de ser enterrado en vida.

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