Ana Botín y Marc Murtra llegan a Davos con un mensaje común: menos complejidad regulatoria para competir en la economía global

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, y el presidente de Telefónica, Marc Murtra, sitúan la simplificación normativa en el centro de su agenda en el Foro Económico Mundial, que se celebra desde este lunes en Davos (Suiza), con un diagnóstico compartido: Europa necesita reglas más claras, ágiles y proporcionales para no perder competitividad frente a EEUU y Asia.

Davos 2026, que empieza mañana lunes, vuelve a reunir a los principales líderes políticos y empresariales del mundo en un contexto de elevada incertidumbre económica, transformación tecnológica acelerada y tensiones geopolíticas persistentes. En este escenario, dos de las principales voces del capitalismo español, Ana Botín y Marc Murtra, aterrizan en el Foro Económico Mundial con una agenda clara y alineada en el fondo: reclamar una profunda simplificación regulatoria en sectores estratégicos para el crecimiento europeo.

Aunque proceden de industrias distintas, la banca y las telecomunicaciones, ambos ejecutivos comparten un diagnóstico similar, que llevan repitiendo desde el inicio de la X legislatura de la Unión Europea. La actual densidad normativa en Europa, sostienen, está penalizando la capacidad de inversión, innovación y escala global de sus compañías frente a competidores internacionales con marcos regulatorios más simples y previsibles.

En el caso de Ana Botín, presidenta de Banco Santander, Davos se convierte en una plataforma para insistir en la necesidad de revisar el entramado regulatorio que pesa sobre el sistema financiero europeo. La banca, clave para canalizar el crédito hacia empresas y familias y financiar la transición energética y digital, opera -según la tesis defendida por el Santander- con exigencias de capital, 'reporting' y supervisión que no siempre guardan una relación proporcional con el riesgo real asumido.

Publicidad

Botín llega al Foro con el objetivo de trasladar a reguladores y responsables políticos que una banca excesivamente constreñida limita la capacidad de Europa para competir, invertir y crecer. Su mensaje en Davos pivota sobre una idea central: sin un marco regulatorio más sencillo, homogéneo y orientado al crecimiento, será difícil movilizar el volumen de financiación privada que exige la nueva agenda económica europea.

Por su parte, Marc Murtra, presidente de Telefónica, sitúa la simplificación regulatoria en el corazón del debate sobre el futuro de las telecomunicaciones en Europa. El sector afronta una paradoja estructural, es crítico para la digitalización, la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la soberanía tecnológica, pero opera bajo una regulación fragmentada, intensiva y asimétrica frente a los grandes actores tecnológicos globales.

Murtra llega a Davos con la tesis de que Europa necesita operadores de telecomunicaciones más fuertes, con capacidad de invertir a largo plazo y competir a escala continental. Para ello, defiende una reducción de cargas regulatorias, una mayor armonización entre países y un marco que incentive la consolidación y la inversión en redes, en lugar de penalizarla.

El paralelismo entre ambos discursos no pasa desapercibido en los pasillos de Davos. Tanto banca como telecomunicaciones son sectores intensivos en capital, altamente regulados y esenciales para la competitividad económica. En ambos casos, el mensaje es claro: la regulación debe proteger al consumidor y al sistema, pero sin asfixiar la capacidad de crecimiento ni dejar a las empresas europeas en desventaja estructural.

La coincidencia de Ana Botín y Marc Murtra en este planteamiento refuerza una narrativa que gana peso en Davos: la necesidad de que Europa adapte su marco normativo a un mundo más rápido, tecnológico y competitivo. Para ambos líderes, la simplificación regulatoria no es una reivindicación sectorial, sino una condición imprescindible para que Europa siga siendo relevante en la economía global de la próxima década.

Davos 2026 se convierte así en el altavoz de una demanda cada vez más transversal entre los grandes grupos europeos. Y España, de la mano de dos de sus principales ejecutivos, se sitúa en primera línea de ese debate estratégico.

Publicidad