Julián González fue el rostro pelirrojo que convirtió a Guille en el nieto de toda España durante los años 90. Entre 1991 y 1995, cada jueves por la noche millones de familias se reunían frente al televisor para seguir las aventuras del travieso hijo de la farmacéutica Lourdes Cano, interpretada por Concha Cuetos. ¿Qué lleva a una estrella infantil con semejante proyección a desaparecer voluntariamente del mapa televisivo para no regresar jamás?
Su caso no es el de un niño actor devorado por la fama, sino el de alguien que eligió conscientemente renunciar a ella. Mientras sus compañeros de reparto continuaban cosechando éxitos en otras producciones, González tomó una decisión radical que sorprendió a toda la industria.
Del éxito arrollador a la desaparición voluntaria
La trayectoria de González no fue la de un actor de un solo proyecto. Tras finalizar 'Farmacia de guardia' en 1995, el joven actor empalmó directamente con otro gigante de la televisión española: 'Compañeros', donde interpretó a César entre 1998 y 2002. La serie, que narraba las vivencias de un grupo de estudiantes en un instituto madrileño, volvió a colocarlo en el centro del fenómeno televisivo español. Con apenas 15 años había acumulado más experiencia mediática que muchos actores en toda su carrera.
Durante siete temporadas, González evolucionó de niño simpático a adolescente complejo ante los ojos de millones de espectadores. También participó en la película derivada 'No te fallaré' en 2001, consolidando su estatus como uno de los rostros juveniles más reconocibles del país. Sin embargo, cuando las cámaras se apagaron definitivamente, algo cambió en su interior.
En 2010 realizó su última aparición televisiva interpretando nuevamente a Guille Segura en la TV movie 'La última guardia', emitida para celebrar los 20 años de Antena 3. Fue su despedida definitiva de la interpretación.
La decisión que marcó su vida
No fue la falta de ofertas ni un escándalo lo que apartó a Julián González de las pantallas. Cuando cumplió 23 años en 2003, el actor decidió avanzar en un campo totalmente distinto pero que también le apasionaba: el interiorismo y la decoración. Mientras muchos de sus compañeros de generación luchaban por mantenerse en el candelero, él cambió los guiones por los planos y los platós por las obras.
González sintió que el mundo de la interpretación, con su inestabilidad crónica, no era el cimiento sobre el que quería construir su vida adulta. Se formó profesionalmente en diseño de espacios y descubrió que crear ambientes le llenaba más que interpretarlos. Los elementos que definieron su nueva vida fueron claros:
✓ Formación profesional en interiorismo y decoración
✓ Incorporación a empresas del sector de reformas
✓ Alejamiento total de la exposición mediática
✓ Rechazo sistemático a ofertas de regresos televisivos
Esta transformación no supuso un fracaso, sino un éxito de gestión personal. González ganó en calidad de vida lo que perdió en reconocimiento público.
Una vida anónima en la capital
Actualmente, González reside en Madrid y trabaja en la gestión de proyectos de reforma para una empresa del sector. A sus 45 años, cumplidos el pasado 9 de julio, lleva una existencia que muchos calificarían de anónima pero que para él representa sinónimo de paz. En la capital nadie le para por la calle para pedirle fotos, o al menos él hace todo lo posible para que así sea.
Su perfil público es inexistente: no mantiene redes sociales activas y ha rechazado sistemáticamente todas las propuestas para regresar a la televisión. Mientras las plataformas de streaming rescatan series nostálgicas y otros actores de su generación reaparecen en programas de entrevistas, González permanece firme en su decisión de permanecer alejado del ruido mediático. Para él, diseñar salones y coordinar obras resulta infinitamente más satisfactorio que interpretar emociones ajenas.
La empresa LMG Reformas se beneficia ahora del talento organizativo de quien fue una de las caras más reconocibles de la década de los 90. Sus clientes probablemente desconocen que el profesional que gestiona sus proyectos fue el niño que millones de españoles vieron crecer en sus televisores.
El legado de una serie irrepetible
Farmacia de guardia ostenta el título de ser la serie más vista de la historia de España en cuota de pantalla, con una media del 48,5% y 6,5 millones de espectadores. Aquellos datos resultan impensables en la actual fragmentación televisiva, donde las audiencias se reparten entre decenas de plataformas. La serie creada por Antonio Mercero congregaba a familias enteras cada jueves desde 1991 hasta 1995, sumando un total de 169 episodios que marcaron una época.
El reparto, encabezado por Concha Cuetos y el fallecido Carlos Larrañaga, creó una química especial que trasladó a las pantallas la calidez de una familia de barrio. Mientras actores como Miguel Ángel Garzón —quien interpretaba a Kike— se reconvirtieron en prestigiosos actores de doblaje, González eligió un camino radicalmente distinto. No existe tragedia real en su historia, solo la decisión madura de priorizar la estabilidad sobre la fama.
La verdadera pérdida fue para los espectadores que perdieron a un talento natural con apenas 20 años de carrera. Él sigue feliz diseñando espacios mientras las reposiciones de 'Farmacia de guardia' continúan emocionando a nuevas generaciones que descubren al pequeño Guille en las plataformas digitales.









