Si creías que habías visto todo, esta última entrega de los reencuentros de ‘La Isla de las Tentaciones’ demostró lo contrario. El programa de Telecinco, tras cuatro meses de espera, nos mostró cómo están ahora esos corazones rotos y esas nuevas parejas que nacieron entre dramas y confesionarios. Lo que vimos no fue un cierre, sino el inicio de nuevos capítulos llenos de pasión, resentimiento y sorpresas de última hora.
El adiós definitivo (y tranquilo) de Claudia y Gilbert en ‘La Isla de las Tentaciones’

Tras la tormenta de gritos y acusaciones de la noche anterior, Claudia y Gilbert se sentaron en el sofá con una calma que casi resultaba inquietante. Cogidos de la mano, como buscando un último punto de contacto, intentaron poner orden en el caos de su relación.
Ella, con la voz quebrada, fue la primera en hablar. Le dijo a su ex que le había “querido muchísimo, pero siempre me deja de mala. Yo creo que no lo he tratado mal”. En esa frase había resignación y un punto de autoanálisis. Claudia miró hacia adelante y concluyó sobre su futuro: “Tengo que aprender a quererme a mí, a estar sola”. Era el reconocimiento de que su viaje personal apenas comenzaba.
Gilbert, por su parte, confesó la batalla interna que libraba. Dijo que pensaba haber superado todo, pero verla allí le revolvió los sentimientos.“El corazón me dice ella, pero la mente sabe que lo correcto es no estar con ella. Es la mujer que más he querido en mi vida, pero va a seguir bloqueada”. Su decisión final fue clara y dolorosa: “Prefiero estar solo”. Con ese “prefiero”, puso punto final a una historia de amor que se apagó ante las cámaras.
Almudena, Darío y un rencor que no cabe en el salón
Si el primer acto fue de tristeza contenida, el segundo fue pura dinamita. Almudena entró primero al salón con Sandra Barneda. Revivir las imágenes de la isla le trajo de vuelta el sufrimiento. Su reflexión fue contundente sobre Darío: “Allí lo peor fue conocer a ese Darío, sentí que fui engañada. Que me llevó para acabar con la relación, que allí floreció ese Darío que ya existía”. Para ella, el hombre de la isla era la versión real que siempre estuvo oculta.
Luego vino la parte de su nueva vida. Habló sin tapujos de Borja: “Si él no hubiera caído yo no hubiera tenido ojos para nadie más”. Y contó cómo, tras regresar a España, Darío se molestó por no viajar juntos en tren. “Nos dimos un abrazo y él se fue a Málaga y yo me quedé en Madrid con Borja. Esa fue una de las mejores semanas de mi vida. Me ha hecho sentir cosas que jamás había sentido. Llevamos cuatro meses conociéndonos y no nos hemos separado”.
Pero el hilo con Darío no se cortó. “Darío me empezó a mandar mensajes preguntándome si me había follado con Borja o no”. Y contó un reencuentro posterior en Málaga donde, por un momento, pareció olvidar todo: “Hablamos y como si no hubiese pasado nada… Me miraba con amor y se me olvidó el dolor allí”. Sin embargo, la realidad actual es otra: “Ahora hace cuatro meses que no nos vemos, aunque él me ha hablado casi todas las semanas. Yo creo que quería volver conmigo, lo he tenido que bloquear”.
Darío entró después con una actitud completamente diferente. Frío y seguro, dijo que dar ese paso “era un paso que tuve que dar allí, no era feliz”. Reconoció haber estado “enamorado al máximo”, pero justificó su falta de demostración porque Almudena no le daba “razones para ello”. Su presente, según él, es mucho mejor: “Ahora estoy más feliz que nunca, tengo libertad, no tengo que dar explicaciones a nadie”.
La pregunta sobre el arrepentimiento sacó su lado más cruel. “Te juro que no quisiera volver con ella nunca más en mi vida. Mi madre llora porque siente que ha perdido a una hija, y a una perra porque la ama”. Esa frase fue la mecha. Almudena irrumpió en el salón a gritos e insultos, forzando un cara a cara que nadie podía controlar.
La mediación imposible de Barneda y las sorpresas invitadas
Sandra Barneda se vio en el ojo del huracán. Con Darío y Almudena enfrentados, el diálogo era imposible. Él le lanzó a ella:“Hasta que no estés sola no lo superarás porque sigues igual de dependiente. Tú tampoco estabas enamorada si no no caes a los dos días. Estás en una relación con el primero que ha venido, yo no tengo huevos de hacer eso. No puedo estar ahora con nadie”. Almudena, desbordada, salió del salón gritando “¡Yo no me merezco esto!”.
Barneda, intentando reconducir algo, llevó a Cristina al sofá. La soltera aclaró su breve contacto con Darío fuera de la isla: “Se enfadó porque hablaba con sus amigos. Cuando vi su actitud cogí un vuelo de vuelta”. Pero la verdadera bomba la soltó el propio Darío. Ante todos, confesó que ahora estaba “conociendo” a Érika, otra concursante. La invitaron a entrar.
Érika explicó su conexión con Darío: “Darío y yo en villa montaña hubo mucha conexión de amistad. Al salir empezamos a hablar de nuevo, a quedar y un día surgió. Nos llevamos muy bien, dejamos que fluya y que pase lo que tenga que pasar”. No pusieron etiquetas, pero su complicidad era evidente.
La declaración de Borja y el “parche” según Darío
Con el ambiente ya electrizado, faltaba la pieza clave: Borja. Su entrada no pudo ser más elocuente. Lo primero que hizo fue besar a Almudena en la boca, reafirmando su lugar a su lado. Luego, se dirigió a todos con una declaración sincera sobre el difícil proceso de su pareja: “Está siendo muy complicado su proceso, su sanación, pero la voy a seguir entendiendo como hasta ahora”.
Mirando directamente a Almudena, le soltó: “Para mí está siendo complicado, si me estrello lo voy a preferir. Te quiero, no dudo de lo que siento por ti, me vas a tener contigo”. Fueron palabras de compromiso incondicional, una promesa de paciencia frente al evidente dolor que Almudena aún arrastraba.
Darío no pudo evitarlo. Viendo la escena, lanzó su veredicto sobre la nueva pareja de su ex. Le dijo a Borja, directamente, que era un “parche” para Almudena. Y, en un giro que mezclaba orgullo y crueldad, aseguró que viéndola así confirmaba su decisión: “Te he destrozado, pero te he hecho más fuerte. Ahora eres feliz. Todo va a ser para un bien”.
Almudena, herida de nuevo, le replicó con lo que para muchos era el centro del conflicto: “Lo peor es que él se siente orgulloso de la manera que lo ha hecho. Había maneras de hacer las cosas, él lo tenía pensado. Parece que amarlo es malo”.
Ante la imposibilidad total de diálogo, Barneda optó por despedir a los implicados por grupos. Primero se marcharon Darío y Érika, juntos, sin definir su relación pero con una complicidad clara. Se fueron dejando atrás un torbellino de emociones.
Luego fue el turno de Borja y Almudena. Ella, antes de irse, quiso dejar clara su percepción sobre Borja: “Siento que es mi ángel de la guarda. Siempre ha sabido lo que siento, y necesito ir poco a poco, conmigo tiene que tener paciencia”. Él, sin necesidad de más palabras, la tomó en brazos y se la llevó, físicamente cargando con ella y simbólicamente con el peso de su recuperación emocional.







