¿Una versión distinta de la reina Letizia? Eso es lo que ha pasado con un cuadro. Aunque más que una pintura más, se trata de un retrato hecho por una persona con muchísimo talento y sobre todo, una idea muy clara de lo que quería proyectar. El pintor es Alberto Rubio, sevillano, y lo que ha pintado no es la Letizia hierática de los actos oficiales. ¡Es otra!
Es una reina que parece que alguien la llama por su nombre y ella se girara, con naturalidad, casi con curiosidad. Y claro, algo así, en cuanto se ha filtrado en redes, ha volado. ¿Por qué toca una fibra? Porque quizás muestra una parte de la reina Letizia que intuimos pero que no vemos casi nunca.
La reina Letizia retratada por un pintor con una obsesión y un giro de cabeza

Alberto Rubio, que ya había pintado antes a los Reyes juntos, se puso hace algo más de un mes a hacer bocetos. Dice, para el diario La Razón, que el punto de partida fue la mirada. Siempre la mirada. Y en este caso, quería huir de lo anterior. Él mismo lo explica:“Aparece mirando al espectador, pero con más naturalidad que en la primera obra en la que la pinté. No tiene ese aspecto hierático y rígido de aquel cuadro de los Reyes. Ahora, buscaba ese giro de cabeza, alejarme de la seriedad y la majestuosidad propias de una monarca, como si alguien la llamase y ella se volviera para mirar”.
Ahí está la clave, ¿no? Ese “como si alguien la llamase”. Le quita la coraza de institución y la acerca a la persona. No es la reina Letizia posando; es la mujer reaccionando. Un matiz pequeñísimo que mucho la perspectiva. Y lo más llamativo es que Rubio no ha copiado ninguna foto, no, ni una. Se ha inventado la escena, ha hecho sus propios bocetos. Ha creado una Letizia desde cero, pero que reconocemos al instante. Eso tiene mucho mérito.
La tiara no es solo un adorno: es un mensaje
En el retrato, la reina Letizia lleva puesta la tiara de perlas y brillantes de la Reina María Cristina. La misma que ya pintó en el cuadro de la pareja. Pero no es una elección al azar, aunque él diga que no hay una “intencionalidad concreta”. Luego se explaya y queda claro que sí la hay, y potente.

Rubio le da una vuelta de tuerca al debate superficial sobre la moda real. Lo dice: “cuando gran parte de la sociedad se queda solo en hablar de los looks de Doña Letizia, yo quiero utilizar estos elementos como iconografía e historia para poner de manifiesto que la tiara que lleva ella también la han llevado la Reina María Cristina, la Reina Victoria Eugenia y diferentes reinas. Cada una ha aportado algo a la Corona, demostrando que el papel de la mujer no es solamente el de acompañante, sino que han tenido su propio rol y han utilizado su posición para realizar un trabajo realmente productivo”.
Es decir, la tiara deja de ser un brillo bonito. Se convierte en un símbolo de un legado femenino. En un hilo que une a Letizia con las reinas que la precedieron, recordando que su papel va mucho más allá de lucir bien. Es un guiño inteligente, una forma de usar el arte para hablar de lo que no se comenta a diario.
El deseo de un legado (y el agradecimiento de Casa Real)
Da la sensación de que a Alberto Rubio esto se le ha ido de las manos en el mejor sentido. Lo que empezó como un boceto ha terminado siendo un proyecto con mucha más enjundia. Él confiesa que la idea le vino tras ver una exposición sobre Victoria Eugenia. Se le ocurrió que estaría bien que, en el futuro, la reina Letizia tuviera también un legado artístico que la recordara. “Quizá no con obras mías, porque habrá artistas mejores, pero sí quería formar parte de ello a mi manera”, dice.

Hay una anécdota que cuenta mucho. Cuando hizo el primer cuadro de los Reyes juntos, se lo comunicó a Casa Real. Y le contestaron. “El jefe de la Casa Real, en nombre de Felipe y Letizia, se puso en contacto conmigo para agradecerme que hubiera representado a los Reyes”. Es un detalle, pero no es moco de pavo. Significa que su trabajo, sin ser oficial, ha llegado a ellos y lo han valorado.
Para este retrato en solitario, sin embargo, ha actuado diferente. No les ha avisado. Quería disfrutar del proceso sin presión. “Esta vez he querido disfrutar del proceso sin más”, afirma. Una decisión que habla de un artista que ya no busca solo validación, sino satisfacción personal.
El huracán de las redes sociales y una pregunta incómoda
Aquí es donde la historia se pone moderna. Rubio tiene más de 10.000 seguidores en Instagram, y sus pinturas de los Reyes son de lo más viral. Pero con este retrato de Doña Letizia ha sido distinto. Ha sido prudente. No ha ido mostrando el proceso paso a paso. “He querido centrarme más en los rasgos de la Reina, en conocerla mejor. Después del primer cuadro, que tuvo tanta repercusión, aunque me vino bien, esta vez he preferido no condicionarme por los comentarios”, explica también para Lecturas.
Aun así, solo con publicar un vídeo del resultado final, el efecto ha sido bestial. En pocas horas, el retrato superaba las 100.000 visualizaciones en TikTok. La gente tiene un interés real, casi hambre, por este tipo de contenido, parece.

Y luego está la pregunta del millón, la que le hicieron en la revista Lecturas: ¿Qué crees que pensaría la reina Letizia si lo viera? La respuesta de Rubio ha sido un poco tímida. “Personalmente, me gustaría mucho que le gustase, porque al fin y al cabo, realizar una obra implica llegar a la otra persona a la que estás representando. No sé si la conoceré algún día o sabré qué le parece mi obra, pero evidentemente me gustaría que le llegase”. Incluso bromea con la idea de que, si lo ve en redes, le haría “mucha gracia”.
Otra pregunta fue: ¿se lo regalarías a la reina? La respuesta es un no educado. “No, la obra no la regalaría porque de momento no sé cuál será su futuro. Además, creo que ellos no la pueden aceptar como regalo y pasaría a patrimonio nacional, que sé que sí pueden comprarla. Prefiero ahora mismo atesorarla en mi taller”.







