Millán Salcedo, exintegrante del mítico dúo Martes y Trece, vivió el 4 de julio de 2019 la noche que pudo haber sido la última de su vida. El humorista manchego, nacido en Brazatortas en 1955, estaba con un amigo cuando una subida de tensión provocada por su hipertensión crónica desencadenó un ataque epiléptico que le hizo morder su lengua con una violencia brutal. Aquel episodio le cambiaría para siempre: pasó 13 días en la UCI del Hospital Quirón Sagrado Corazón de Sevilla y tuvo que someterse a una cirugía compleja para extirpar el tejido necrótico de su lengua.
La operación, conocida como glosectomía, fue el menor de los males en una tragedia que estuvo a punto de costarle la vida. Los médicos lograron quitarle las partes dañadas tras las mordeduras, pero las secuelas fueron devastadoras para alguien cuya voz es su herramienta de trabajo. La lengua me la tuvieron que cortar para quitar todas las mordeduras, confesó el propio Salcedo en entrevistas posteriores, reconociendo que ahora no puede pronunciar las erres correctamente. Aquel amigo anónimo que le atendió en el momento crítico se convirtió en su ángel de la guarda, aunque Salcedo admite que no recuerda con claridad muchos detalles del ataque.
La rehabilitación que nadie vio
El proceso de recuperación fue un calvario silencioso que duró meses. Salcedo tuvo que aprender a vocalizar de nuevo, como si fuera un niño reaprendiendo a hablar, pero con la presión añadida de saber que su carrera dependía de ello. El miedo a no volver a ser el mismo cómico que había llenado las Nochevieja de TVE durante ocho años le atenazaba cada mañana. Durante ese tiempo, el humorista descubrió algo aún más doloroso que las cicatrices físicas: la soledad que llega cuando la fama se desvanece y el teléfono deja de sonar.
En una extensa entrevista de 2023 en el podcast Lo Que Tú Digas, Millán Salcedo habló abiertamente sobre aquel episodio, reconociendo que fue su propio terapeuta durante la recuperación. El cómico confesó no haberse querido nunca a sí mismo y cómo la experiencia le obligó a enfrentarse a sus demonios personales. Sufrir un ictus y las complicaciones posteriores le hicieron reflexionar sobre una carrera marcada por el éxito masivo pero también por conflictos internos, incluida la ruptura definitiva con su compañero Josema Yuste en 1997.
El precio de la fama efímera
La experiencia del hospital le mostró una realidad cruel: cuando los focos se apagan, muchos de los que te rodeaban desaparecen. Salcedo ha reconocido en múltiples ocasiones que la transición de ser uno de los rostros más queridos de España a un humorista veterano en busca de trabajo fue traumática. Durante los años dorados de Martes y Trece, entre 1989 y 1997, el dúo protagonizó los especiales de Nochevieja de TVE y tuvo su propio programa semanal, Viéndonos, donde incluso entrevistaron a Madonna. Sin embargo, tras la separación del grupo y los proyectos en solitario menos exitosos como Un millán de cosas en Telecinco, la industria le dio la espalda.
✓ Pasó 13 días en la UCI tras el ataque epiléptico del 4 de julio de 2019
✓ Le extirparon tejido necrótico de la lengua en una glosectomía de urgencia
✓ Estuvo meses sin poder hablar correctamente durante la rehabilitación
✓ Perdió la capacidad de pronunciar las erres como consecuencia de la cirugía
✓ Reconoció públicamente la soledad que sintió cuando el teléfono dejó de sonar
El legado de Martes y Trece y la segunda oportunidad
Hoy, con 70 años recién cumplidos, Salcedo sigue sobre los escenarios con su obra Preguntamelón, un espectáculo donde reflexiona sobre su vida y obra con su característico humor irreverente. El humorista celebra dos cumpleaños: el 14 de abril, día de su nacimiento en 1955, y el 4 de julio de 2019, cuando literalmente volvió a nacer. Aquella noche terrible en Sevilla le enseñó a cuidarse más, a hacer ejercicio, comer mejor y beber menos, pero también le mostró el valor real de la vida más allá de los aplausos.
Su historia con Martes y Trece sigue siendo un referente ineludible del humor español: desde el mítico sketch de la empanadilla de Móstoles con Encarna Sánchez en 1985 hasta las polémicas parodias del maltrato por las que tuvo que pedir perdón años después. Salcedo ha aprendido que la fama es efímera pero el legado permanece, aunque el camino de vuelta tras rozar la muerte haya sido más solitario de lo que imaginó cuando llenaba las pantallas de toda España.








