Mercadona ha lanzado en enero su nuevo caldo de carne con sofrito bajo la marca Hacendado, un producto en formato brick de un litro que se comercializa por 2 euros. El artículo está causando furor entre profesionales de la cocina que lo compran en packs de seis unidades, atraídos por su practicidad y sabor concentrado que recuerda a los fondos oscuros tradicionales. La incorporación de sofrito ya elaborado elimina uno de los pasos más laboriosos al preparar cualquier receta de cuchara.
El producto llega en un momento en que los consumidores buscan soluciones rápidas sin renunciar al sabor casero. La composición incluye caldo de carne, tomate, cebolla y otras verduras que conforman la base del sofrito, elementos fundamentales en la gastronomía española. A diferencia de otros caldos comerciales, este formato integra dos preparaciones en una, lo que multiplica sus aplicaciones en la cocina diaria.
Base versátil para arroces y guisos
El caldo de carne con sofrito Hacendado funciona como fondo culinario para elaborar paellas, arroces melosos y caldosos en cuestión de minutos. Basta con llevar el líquido a ebullición y añadir los ingredientes principales —arroz, verduras o proteínas— para obtener un plato con cuerpo y profundidad de sabor. Esta característica lo convierte en un recurso habitual para cocineros que necesitan preparar raciones múltiples sin dedicar horas al fogón.
Los guisos de legumbres, estofados de carne y potajes también se benefician de este caldo. El sofrito incorporado aporta la untuosidad y el dulzor característicos del tomate cocinado lentamente con cebolla, elementos que tradicionalmente requieren atención constante y control del fuego. Para sopas express en días fríos, el brick se calienta directamente y se enriquece con fideos, huevo o verduras troceadas según preferencias.
Ventajas frente al caldo casero
Preparar un fondo oscuro casero implica asar huesos de vacuno en el horno durante horas y reducir el líquido hasta concentrar los sabores. Este proceso artesanal, aunque produce resultados excepcionales, demanda tiempo y supervisión que no siempre resultan viables en el día a día. El caldo Hacendado ofrece una alternativa lista para usar que preserva el concepto de base rica en matices sin la inversión temporal.
La conservación también marca diferencias importantes: ✓ El caldo brick aguanta meses en despensa sin refrigeración
✓ No requiere congelación ni descongelado planificado
✓ Permite dosificar la cantidad exacta para cada preparación
✓ Evita desperdicios de producto sobrante
✓ Mantiene propiedades organolépticas estables hasta su apertura
Sin embargo, los caldos caseros siguen siendo superiores en personalización, permitiendo ajustar sal, intensidad y tipo de verduras según el plato final. La diferencia principal radica en el control absoluto de ingredientes frente a la comodidad del producto industrial.
Comparativa con otras marcas comerciales
El mercado español ofrece caldos preparados desde hace décadas, pero la mayoría prescinde del sofrito integrado. Marcas tradicionales presentan formatos similares en precio —entre 1,80 y 2,50 euros el litro— aunque con composiciones más básicas centradas exclusivamente en el extracto. El nuevo Mercadona incorpora ese elemento adicional que marca la diferencia en preparaciones mediterráneas.
Los caldos de pollo o verduras resultan más económicos —alrededor de 1,50 euros— pero carecen del cuerpo que aporta la carne de vacuno. En términos de sodio, este tipo de productos suele rondar el 1,1% de sal por cada 100 gramos, un nivel considerado elevado que conviene tener en cuenta al sazonar el plato final. Las versiones bajas en sal existen en el catálogo de varias cadenas, aunque sacrifican parte del sabor concentrado.
Claves del éxito entre profesionales
Cocineros de restaurantes y comedores colectivos han adoptado el producto por su ratio calidad-precio y la constancia en el resultado. Comprar packs de seis unidades garantiza disponibilidad inmediata para servicios continuos sin depender de elaboraciones previas. El formato brick permite almacenamiento compacto en despensas profesionales y facilita el control de stock.
La estandarización del sabor también resulta crucial en entornos donde múltiples personas cocinan el mismo menú. Un caldo comercial elimina variables humanas —punto de cocción del sofrito, tipo de tomate empleado— que pueden alterar el resultado final entre turnos o días. Para negocios que buscan mantener calidad homogénea, esta previsibilidad justifica la elección del producto industrial frente a versiones artesanales.









