El Real Zaragoza y su sufrida marea blanquiazul tenían un deseo común para este 2026: dejar atrás la pesadilla de un 2025 para el olvido. Un año marcado por el coqueteo constante con los puestos de descenso a Primera RFEF y una inestabilidad crónica en el banquillo que devoró los proyectos de Miguel Ángel Ramírez y Gabi Fernández.
Sin embargo, los Reyes Magos no han traído el carbón que el equipo merecía por su entrega, pero sí la fría realidad de los datos: el efecto Rubén Sellés parece haberse evaporado justo cuando el calendario más aprieta.
Desde aquel lejano 30 de noviembre, el Real Zaragoza no celebra una victoria. Lo que en su día pareció un renacimiento, tras encadenar un ilusionante pleno de nueve puntos, se ha transformado en un bache de cinco encuentros oficiales (cuatro de liga y uno de Copa del Rey contra el Burgos) marcados por la incapacidad de cerrar los partidos. Dos empates y dos derrotas en LaLiga Hypermotion han devuelto al equipo a la vigésima posición, empatado a 17 puntos con el descenso directo y mirando con angustia los 23 puntos que ya marcan la frontera de la tranquilidad.
El rendimiento del Real Zaragoza no paga facturas
Lo más frustrante para Rubén Sellés es que el equipo no parece estar "muerto". Al contrario, el rendimiento táctico ha mostrado brotes verdes; el equipo propone, llega y compite. Sin embargo, en el fútbol de plata, la estética no paga facturas. Las derrotas en el Ibercaja Estadio ante rivales de entidad como Las Palmas y Cádiz han hecho mella en la moral de un vestuario que empieza a sentir el peso de la responsabilidad.

Sellés, siempre analítico, defiende su trabajo: "No creo que los partidos sean similares. Contra el Cádiz nos condicionaron las lesiones, pero el equipo dio la cara. Tenemos más juego que ofrecer y podemos ser más consistentes", afirmaba el técnico valenciano tras el último tropiezo. Para el preparador, la clave reside en la consistencia defensiva y en recuperar la pegada que mostró el equipo ante el Huesca hace unas semanas.
Enero, un campo de minas sin refuerzos a la vista para los de Rubén Sellés
El calendario no ofrece tregua. Este mes de enero se perfila como un campo de minas para las aspiraciones mañas. La visita a El Sardinero para medirse a un Racing de Santander herido es solo el primer plato de un menú que incluye duelos directos por la supervivencia. El enfrentamiento contra el Sanse en casa se marca en rojo en el calendario; es el tipo de partido que define si un equipo pelea por salir del pozo o se hunde definitivamente en él.
La situación se vuelve más crítica al mirar hacia el mercado de fichajes. Mientras la afición clama por refuerzos que den un salto de calidad a la plantilla, la realidad institucional es cruda. El Real Zaragoza opera actualmente al límite salarial y con el cupo de fichas prácticamente completo. "Los que estamos somos los que tenemos que sacarlo. No hay ninguna incorporación cerca y buscar excusas no va con nosotros", sentenció Rubén Sellés, dejando claro que no habrá "fichajes milagro" en este mercado de invierno salvo que se produzcan salidas dolorosas.
El factor mental y la sombra de la Primera RFEF
Estar en la vigésima posición es una losa psicológica. Aunque el Zaragoza no sea el colista, verse en la zona roja genera una ansiedad que bloquea las piernas en los minutos finales de los encuentros. La distancia de seis puntos con la salvación matemática empieza a ser una brecha considerable que obliga a reaccionar de inmediato en Santander.
El proyecto de Rubén Sellés se encuentra en una encrucijada. El técnico tiene el respaldo de la dirección deportiva por su capacidad de trabajo y la mejora en la identidad del equipo, pero en el fútbol de 2026, los procesos se acortan cuando el fantasma del descenso directo a la tercera categoría del fútbol español asoma por la puerta. El Zaragoza necesita ganar, no solo para sumar puntos, sino para recuperar el respeto de una categoría que no entiende de escudos históricos ni de pasados gloriosos.







