Músculo eléctrico y mil caballos: el fin de los "tanques" en la F1 2026

Los monoplazas de la F1 2026 pierden lastre y dimensiones para recuperar la agilidad perdida. Con motores mitad eléctricos, aerodinámica activa y el adiós definitivo al DRS, la FIA redefine las reglas del espectáculo.

El 'Gran Circo' se prepara para su transformación más radical de la década. El reglamento de F1 2026 no es solo un ajuste de tuercas; es un cambio de paradigma que busca solucionar los dos grandes problemas de la era moderna.

Uno, el tamaño excesivo de los coches, y otro, la dificultad para adelantar sin ayudas artificiales. Bajo la premisa de que la ligereza es la clave del éxito, la nueva generación de monoplazas promete ser más reactiva, más estrecha y mucho más exigente para el piloto.

​Menos peso, más agilidad: el regreso del monoplaza puro en la F1 2026

​Una de las quejas más repetidas por los pilotos en los últimos años es el peso paquidérmico de los coches actuales, que se sienten como "tanques" en las curvas lentas.

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Para 2026, la FIA ha impuesto una cura de adelgazamiento: los coches serán 30 kilos más ligeros, bajando el peso mínimo de 798 kg a 768 kg. Pero el cambio no solo se nota en la báscula, sino en la cinta métrica.

​La distancia entre ejes se reduce 20 centímetros (pasando de 3,6 a 3,4 metros) y el ancho del coche se estrecha otros 10 centímetros. Este diseño más estilizado busca que los monoplazas vuelvan a ser ágiles en circuitos urbanos y que permitan trayectorias más variadas, fomentando el cuerpo a cuerpo que tanto reclama la afición. Nicholas Tombazis, responsable de monoplazas de la FIA, asegura que el objetivo es reducir significativamente la carga y el 'drag' para facilitar que los coches se sigan de cerca sin perder rendimiento.

​El corazón de la bestia: 1.000 CV con ADN sostenible

​El motor de 2026 será una joya de ingeniería que dice adiós al complejo y costoso MGU-H. La nueva unidad de potencia se dividirá de forma equitativa: el 50% de la energía vendrá de la combustión y el otro 50% del sistema eléctrico. Aunque el motor de combustión (ICE) reducirá su potencia a unos 544 CV, el sistema de recuperación de energía (MGU-K) triplicará su importancia hasta alcanzar los 476 CV.

​El resultado es una potencia total que seguirá superando la barrera de los 1.000 caballos, pero alimentada exclusivamente por combustibles 100% sostenibles. Para evitar que los pilotos de F1 en 2026 se queden sin batería en las rectas más largas de circuitos como Monza o Spa, la gestión energética será el nuevo campo de batalla estratégico. Los ingenieros ya no solo buscarán caballos, sino una eficiencia eléctrica perfecta para no desfallecer en el último sector de la vuelta.

​Aerodinámica activa, el fin de la era del DRS

​El cambio más visual en la pista será la aerodinámica activa. El sistema DRS, tal y como lo conocemos hoy, tiene los días contados. En su lugar, los coches de 2026 contarán con alerones móviles (tanto el delantero como el trasero) que alternarán entre dos posiciones controladas por el piloto: el Z-Mode (máxima carga para un paso por curva vertiginoso) y el X-Mode (mínima resistencia para alcanzar velocidades punta de infarto en las rectas).

​Además, se introduce el llamado Manual Override Mode (Modo de Sobrepaso Manual). A diferencia del DRS, este sistema no actúa sobre los alerones, sino sobre la entrega de energía: permitirá al piloto perseguidor disponer de un despliegue adicional de potencia eléctrica cuando supere los 290 km/h, facilitando el adelantamiento mediante pura caballería eléctrica en lugar de un simple beneficio de aire limpio.

​Un laboratorio tecnológico hacia el 2030

​Aunque el rendimiento en pista es lo que apasiona al fan, la F1 2026 tiene la mirada puesta en la sostenibilidad total. La reducción de la huella de carbono es la cuarta pata de este reglamento. Con coches algo más pequeños y motores mucho más eficientes, el campeonato busca demostrar que la alta competición es el laboratorio perfecto para la tecnología que llegará a los coches de calle.

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​Cin todo, la Fórmula 1 de 2026 quizá sea ligeramente más lenta en el cronómetro absoluto, pero promete ser años luz más emocionante en pista. La prioridad ha pasado de la perfección técnica al espectáculo puro: coches que se pueden tocar, que se pueden seguir y que obligan al piloto a pelear cada metro de asfalto. La cuenta atrás para la nueva era ya ha comenzado.

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