Cuando nos enfrentamos al lineal del supermercado buscando el turrón perfecto, solemos caer en la trampa de pensar que la textura influye decisivamente en el aporte energético del producto final. Existe una creencia popular muy extendida que asocia la consistencia pétrea del bloque alicantino con una mayor densidad calórica, mientras que la suavidad de la versión de Jijona nos hace percibirla, erróneamente, como una opción algo más ligera o "aireada". Sin embargo, la realidad bioquímica de estos dulces navideños es mucho más compleja y, a la vez, sorprendentemente similar en su base.
Si analizamos los datos técnicos que maneja la OCU para este 2025, la sorpresa es mayúscula al descubrir que las cifras bailan en un margen finísimo. Hablamos de una horquilla que sitúa al turrón duro (el clásico de Alicante) en torno a las 550 kilocalorías por cada 100 gramos, frente a las aproximadamente 525 o 530 del blando (Jijona). La razón de esta similitud radica en que ambos comparten exactamente las mismas materias primas nobles, variando únicamente el proceso mecánico de elaboración y el estado físico de la almendra, que en uno va entera y en el otro molida.
LO QUE DICE LA OCU SOBRE LA CALIDAD SUPREMA
Para entender por qué las calorías son tan elevadas en ambos casos, debemos atender a los criterios que la Organización de Consumidores y Usuarios ha destacado en su último informe de calidad. La etiqueta "Calidad Suprema" no es un simple adorno de marketing, sino un requisito legal que obliga a que el turrón contenga un porcentaje mínimo de almendra, que suele rondar el 60% o 64% dependiendo de la variedad. Al ser la almendra un fruto seco extremadamente energético, rico en grasas, cualquier producto que presuma de calidad llevará, inevitablemente, una carga calórica muy alta.
El problema surge cuando nos alejamos de estas versiones tradicionales y optamos por marcas blancas de baja categoría o variantes "diversas" que sustituyen la almendra por rellenos más baratos. En su análisis de 2025, la organización advierte que aunque el aporte calórico total pueda parecer inferior en algunos productos, la calidad nutricional cae en picado al sustituir las grasas saludables del fruto seco por azúcares refinados o jarabes de glucosa. Por tanto, paradójicamente, un dulce con menos calorías pero menos almendra puede ser metabólicamente peor para tu organismo estas fiestas.
AZÚCARES AÑADIDOS: EL VERDADERO ENEMIGO INVISIBLE
Más allá de contar calorías como si fuéramos calculadoras humanas, el verdadero villano de esta historia navideña es el azúcar libre que cimenta las tabletas. Tanto en la variedad de Jijona como en la de Alicante, la miel y el azúcar actúan como el pegamento necesario para amalgamar los frutos secos, representando entre un 30% y un 45% del peso total del turrón. Esta carga glucémica es la que provoca los picos de insulina que, a la larga, favorecen el almacenamiento de grasa corporal mucho más que la propia grasa de la almendra.
Es vital leer el etiquetado con lupa de detective, pues la industria ha comenzado a introducir variantes "sin azúcares añadidos" que utilizan edulcorantes polioles. Aunque estos reducen ligeramente el montante calórico del turrón, un consumo excesivo puede tener efectos laxantes indeseados y alterar nuestra microbiota, algo poco deseable en plena maratón de comidas familiares. La recomendación de los expertos es priorizar siempre el producto tradicional con miel, asumiendo que es un capricho puntual, antes que ingerir cócteles químicos ultraprocesados que intentan imitar el sabor original sin éxito.
GRASAS SALUDABLES VS GRASAS SATURADAS
Aquí es donde la balanza se inclina a favor de nuestros protagonistas tradicionales frente a las modernas invenciones de chocolate o praliné. La grasa presente en un buen turrón de Alicante o de Jijona proviene mayoritariamente de la almendra, lo que significa que es rica en ácidos grasos insaturados, beneficiosos para nuestra salud cardiovascular. Es irónico, pero desde un punto de vista estrictamente lipídico, comerse un trozo de calidad suprema es nutricionalmente más interesante que muchas de las galletas "digestive" que consumimos el resto del año pensando que son sanas.
Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con las versiones de baja calidad que diluyen el porcentaje de almendra para introducir aceites vegetales de dudosa procedencia. La OCU ha sido tajante este año al señalar que, en las gamas económicas, a menudo se cuelan grasas de palma o girasol refinado para abaratar costes, alterando el perfil lipídico del turrón. Si vas a pecar, asegúrate de que la grasa provenga exclusivamente del fruto seco, pues tu cuerpo gestionará mucho mejor esos lípidos que las grasas hidrogenadas presentes en los sucedáneos industriales de chocolate crujiente.
ESTRATEGIAS DE CONSUMO INTELIGENTE
Sabiendo que la diferencia entre 550 y 525 calorías es prácticamente irrelevante a efectos prácticos, la clave para no engordar reside en el método de corte y servicio. La tradición nos empuja a sacar la bandeja entera al centro de la mesa, lo que fomenta el "picoteo inconsciente" mientras dura la sobremesa, que puede alargarse horas. Un trozo estándar de turrón suele pesar unos 25 o 30 gramos, lo que equivale a unas 140-160 calorías; el peligro es que nadie se come solo uno cuando la tableta está al alcance de la mano.
Para disfrutar sin culpa, los nutricionistas sugieren trocear el producto en porciones más pequeñas, de unos 15 gramos, y servirlas en un plato individual, retirando la tableta principal de la vista. Además, intercalar la ingesta de turrón con frutas frescas ácidas, como la piña o la mandarina, ayuda a limpiar el paladar, reducir la ansiedad por el dulce y aportar la fibra necesaria para ralentizar la absorción de los azúcares. La moderación no implica prohibición, sino una gestión consciente del placer gastronómico, permitiéndonos disfrutar de la tradición sin hipotecar nuestra salud.
LAS VERSIONES MODERNAS Y EL CIERRE FINAL
No podemos cerrar este análisis sin mencionar la jungla de nuevos sabores que inunda los supermercados: de tarta de queso, de mojito, o los famosos de chocolate con arroz inflado. Aunque suelen ser los favoritos de los niños, nutricionalmente suelen ser un desastre comparados con los clásicos, disparando el azúcar y las grasas saturadas. Si la OCU destaca al turrón de Jijona y al de Alicante es porque, pese a ser bombas calóricas, son alimentos procesados, honestos con una lista de ingredientes corta y reconocible, algo que brilla por su ausencia en las novedades de colores chillones.
Al final, la elección entre el bloque duro que pone a prueba tu dentadura o la masa blanda que se deshace en el paladar debe basarse en tu gusto personal, no en la calculadora. La diferencia de 25 calorías entre uno y otro es anecdótica en el contexto de una cena navideña que puede superar las 2.000. Lo importante es elegir calidad suprema, verificar el porcentaje de almendra y saborearlo despacio. Disfruta de cada bocado como si fuera el último del año, porque la Navidad es tiempo de celebrar, y la amargura de contar calorías no debería estropearte el dulce sabor de estas fiestas.










