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Triste. Infantil. Ridículo. Faltan calificativos para definir el gesto que Heiko Herrlich, entrenador del Bayer Leverkusen, ha tenido durante la última jornada de la Bundesliga alemana.

Con el resultado a favor (0-1), el técnico decidió fingir una agresión fuera del campo y provocar una tangana prescindible para rascar unos segundos al cronómetro. Fue en el minuto 74, cuando el balón abandonaba el rectángulo de juego a la altura del banquillo visitante y el joven centrocampista suizo Denis Zakaria pasaba corriendo al lado del técnico alemán intentando, sutilmente, no chocar con él.

Sin embargo, Herrlich decidió subir el telón y empezar una función que, más que cómica, fue bochornosa. El partido, efectivamente, se detuvo, pero lo único que ganó el entrenador fue un pequeño puñado de segundos de ventaja y un aparatoso baño tras el lanzamiento de un recipiente desde la grada.

Finalmente, el Leverkusen consiguió llevarse los tres puntos del feudo del Gladbach, adelantándole además en la clasificación y asentándose en la cuarta plaza del casillero.