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Un equipo de investigadores españoles del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha demostrado que la estimulación mediante electrodos puede resultar muy beneficiosa para tratar a las personas que padecen Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), incluso cuando otros tipos de tratamiento han fracasado. El 85,7% de los pacientes tratados en este estudio experimentaron una mejora.

El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por la presencia de pensamientos inquietantes u obsesiones y comportamientos o pensamientos repetitivos que incapacitan, en muchos casos, para seguir una vida normal.

“El empleo de electrodos para tratar algunas patologías, como los temblores asociados a la enfermedad de Parkinson es una práctica que ya está establecida en el ámbito clínico”, explicó Bryan Strange, director del equipo investigador. “Sin embargo, en el caso de las enfermedades psiquiátricas como el TOC los síntomas psiquiátricos presentan una gran heterogeneidad. Eso hace más difícil establecer un tratamiento”.

El trabajo, liderado desde el Departamento de Neurocirugía del Hospital Clínico San Carlos y publicado en ‘Brain Stimulation’, consistió en la colocación de un electrodo de estimulación de cuatro polos en el núcleo caudado y el núcleo accumbens del cerebro, que son las regiones en las que se cree que subyace el origen de este comportamiento.

La técnica permitió elegir uno de los cuatro contactos de estimulación para producir el mejor resultado clínico en función de los síntomas del paciente. A los participantes en el estudio se les realizó previamente una resonancia magnética funcional con provocación de los síntomas mediante imágenes relacionadas con los síntomas propios de su enfermedad.

El ensayo se dividió en cinco periodos correspondientes al encendido de cada electrodo y un periodo placebo en el que no había estimulación. El orden de activación de cada electrodo también era diferente en cada uno de los sujetos con trastorno obsesivo compulsivo que participaron en el ensayo y el tratamiento se prolongó un mínimo de tres meses en cada paciente.