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El asesinato de Felipe Romero, un niño de 10 años, a manos de su entrenador, Fernando Sierra, de 32, ha conmocionado a Uruguay. 

El pasado jueves el hombre secuestró al pequeño a la salida del colegio. Tan solo dos días después, las autoridades localizaron sus cuerpos en la vivienda del entrenador. 

La relación entre ambos se remonta al año 2015, cuando coincidieron en un equipo de fútbol de niños, según recoge la prensa uruguaya. La conexión entre ambos fue máxima. El niño no tenía padre, por lo que vio en Fernando un referente paterno.

La madre es policía, así que antes de dejar al pequeño relacionarse fuera del terreno de juego con su entrenador, lo investigó. Fernando no tenía antecedentes penales y parecía que sus intenciones con el niño eran buenas. 

Nadie se extrañaba al ver al pequeño junto a Fernando, a la salida del colegio o paseando por la ciudad de Maldonado. La relación cada vez iba a más y Felipe trataba a su entrenador como si fuera su padre, pasando juntos incluso fechas tan señaladas como Navidad o el Día del Padre. 

Después de un viaje del míster con su jugador a Brasil, la psicóloga que trataba al niño en el colegio detectó comportamiento extraños y aconsejó a la madre que no permitiera más encuentros privados entre ambos. 

La madre no lo dudó y fue a hablar con Sierra. “Mira Fernando, me advirtieron de que no puedes volver a estar a solas con Felipe. Tómalo como quieras, pero tienes que aceptar esto que te estoy planteando. Te lo pido por favor”, relató la madre al diario 'El País de Uruguay'. 

La respuesta del entrenador fue clara: “Si no puedo ver más a Felipe me mato”. Al día siguiente, Fernando fue a recoger al niño al colegio y esa fue la última vez que se les vio con vida. Pasaron las horas y ninguno de los dos aparecía, por lo que las autoridades pusieron en marcha el protocolo de búsqueda. Dos días después, la Policía localizó el cuerpo sin vida del menor junto al del entrenador.

Fernando Sierra disparó al niño en la cabeza y después se suicidó. En la vivienda encontraron cartas del jugador en las que decía “papá, te quiero”, “papá no me faltes nunca” o “feliz día del padre”. Además, había un libro titulado 'Cómo ser buen padre'. 

La autopsia determinó que el menor había ingerido tranquilizantes, por lo que la principal hipótesis es que el entrenador sedó a Felipe y luego le disparó con un revólver del calibre 22, el mismo con el que se suicidó.