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El autor de la muerte de 19 personas en un centro de discapacitados en la localidad de Sagamihara (Japón) lo tenía todo planeado y avisó de la masacre cinco meses antes. A través de una carta enviada al presidente de la Cámara Baja, el joven de 26 años afirmaba que soñaba “con un mundo donde los discapacitados puedan morir en paz y dejaba claro que pensaba matar a los pacientes de la residencia Tsukui Yamayuri. 

De hecho, su plan venía detallado al milímetro. Satoshi Uematsu, que vivía a escasos quinientos metros del centro de discapacitados, explicaba que llevaría a cabo la acción en el turno de noche, cuando había menos personal y sería más fácil de inmovilizar para que no pudieran pedir ayuda. Seguidamente ejecutaría con rapidez a los pacientes y más tarde se entregaría.

Y así fue. El joven acudió al centro y en 40 minutos mató a 19 personas y dejó heridas a otras 25. “Lo he hecho”, dijo a la Policía cuando llegó a la comisaría con tres cuchillos ensangrentados en una bolsa. 

Uematsu, quien estuvo trabajando en este centro desde diciembre de 2012 hasta febrero de este año, justificaba su acción porque considera que “la vida de las personas con discapacidad múltiple es extremadamente difícil y por eso mi objetivo es lograr un mundo en el que estas personas puedan recibir la eutanasia con el consentimiento de un tutor”. Por ello, animaba a Japón “a tomar esta decisión inevitable pero dura, por el bien de toda la humanidad”.

Una vez que la nota llegó a las autoridades, Uematsu fue detenido e internado en un hospital psiquiátrico pero dos semanas después fue puesto en libertad ya que consideraron que su estado había mejorado y que no suponía un peligro para la sociedad.

En esta misma carta difundida por la agencia Kyodo, el joven pedía que se le encarcelara dos años, que luego se le soltara y que se le dotara de una nueva identidad bajo el nombre de Takashi Iguro. Además, esta petición incluía cirugía plástica y una ayuda financiera de 500 millones de yenes (4,3 millones de euros) para comenzar una nueva vida. Algo que no se va a cumplir ya que pasará el resto de su vida en la cárcel.