miércoles, 23 septiembre 2020 12:55

Gobierno de unidad libio avanza en el oeste pero se topa con un nuevo enemigo

Mohamad abdel Kader

Trípoli, 3 abr (EFE).- El gobierno de unidad libio y el consejo Presidencial designado por la ONU que lo nombró han avanzado en la captación de apoyos en el oeste y zonas del sur del país, pero el este se ha revelado como el más hostil.

Entre los progresos más significativos destacan la adhesión de una decena de ciudades occidentales, incluidas la de Sabratah y Zawiya, cercanas a la frontera con Túnez, y la confianza de los responsables de las instalaciones petroleras en esta zona.

“Conceden al gobierno dos cosas fundamentales: estabilidad y territorio para maniobrar, y recursos económicos”, explico a Efe uno de los asesores en la capital, que prefirió no ser identificado por motivos de seguridad.

A esta situación favorable se uniría el supuesto paso atrás del primer ministro del Gobierno de Trípoli, que según el diario local Libya Herald ha dejado la sede del gobierno por su propia voluntad y está en su ciudad natal, Misrata.

Y el respaldo de las milicias y el Consejo de Ancianos de esta urbe, que fue clave en el triunfo del alzamiento rebelde que en 2011 acabó con la dictadura de Muamar Gadafi.

Solo el mufti Sadeq al Ghariyani, máxima autoridad religiosa nacional -asentada en Trípoli- sigue reticente a reconocer el gobierno que encabeza Fayez al Sarraj, quien en un gesto de su creciente confianza paseó el viernes por la simbólica “plaza de los Mártires”, en el centro de la capital.

También muestra gran resistencia el presidente de Parlamento de Tobruk, Aqila Saleh, enemigo inesperado, quien anoche volvió a exigir a la ONU que “no interfiera y respete la voluntad de los libios”.

En un discurso difundido a través de una televisión nacional, el político volvió a recordar que, de acuerdo al código libio, el gobierno de unidad necesita del respaldo explícito de la Cámara para funcionar.

“La legitimidad de la Cámara de Representantes es una línea roja que no puede ser ni manipulada ni obviada. Su decisión sobre el reconocimiento del gobierno es vinculante y no una mera cuestión de procedimiento”, reiteró.

Al Serraj fue nombrado presidente del Consejo Presidencial a finales de 2015, una vez que se firmó el llamado “Acuerdo Nacional Libio” en la ciudad marroquí de Sjirat.

Desde esa condición, a finales de enero presentó un gabinete con 26 ministros, con representación equitativa de las tres regiones libias, que fue rechazado por el Parlamento de Tobruk.

Un mes después, ofreció un segundo gabinete que aún no ha ganado ni la confianza ni el rechazo obligados de la citada Cámara debido a las maniobras de los que lo apoyan para evitar que se convoque el pleno de votación.

Según responsables libios, son más los diputados de Tobruk que se oponen a este segundo gabinete que los que lo respaldan.

Presionado por la comunidad internacional, y en particular por el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, el Consejo Presidencial recurrió a una argucia para decir que el Gabinete era legítimo y podía cumplir con el encargo de trasladarse a la capital, pese a la oposición de los dos gobiernos rivales.

Al Serraj aseguró que el respaldo del “Acuerdo Nacional Libio” y una carta firmada por cien de diputados de Tobruk eran suficientes, tesis que sostuvieron la propia ONU y las potencias europeas.

Las reticencias del grupo que lidera Al Saleh se centran en el control de las Fuerzas Armadas y en particular del Ministerio de Defensa, al que aspira el antiguo general gadafista, Jalifa Hafter.

Convertido en la década de los ochenta en el principal opositor a Gadafi en el exilio y entrenado por la CIA, Hafter regresó al país con una milicia al inicio de la rebelión y cabildeó hasta lograr ser nombrado el pasado año jefe del Ejército regular libio, fiel a Tobruk.

Sus aliados en el seno del Consejo Presidencial han sido los únicos en renunciar al cargo y los primeros en denunciar que se ha echado “en brazos de los islamistas”.

“El gobierno de unidad debe escuchar los deseos del pueblo y proteger la institución militar. Los libios quieren un Ejército Nacional y el aparato de Seguridad eficaces”, subrayó anoche a este respecto Al Saleh.

“No vamos a permitir que el gobierno de unidad nacional esté bajo la protección de las milicias”, subrayó.

Al hilo de este argumento, fuentes diplomáticas europeas admiten que Hafter se ha convertido en un escollo difícil de superar después de haber sido durante meses el pilar de la estrategia militar de las potencias.

El segundo gran obstáculo en el este lo constituye el destino de la ciudad de Bengazi, que Hafter asedia desde mayo de 2014 y que las milicias afines al gobierno en Trípoli defienden.

El general y la sección del Parlamento de Tobruk que lo respalda insisten en hacerse con su control, lo que aumentaría su capacidad de presionar a un gobierno de unidad que se ha topado con un nuevo enemigo, en principio inesperado. EFE