martes, 29 septiembre 2020 0:41

Gobierno de unidad y comunidad internacional elevan la presión sobre Trípoli

Mohamad abdel Malek

Trípoli, 31 mar (EFE).- El llamado Gobierno de unidad libio y el Consejo Presidencial designado por la ONU que lo nombró comenzaron hoy a dar los primeros pasos para hacerse con el control de Trípoli, aumentando la presión sobre el Ejecutivo en la capital apoyados por la comunidad internacional.

Abderrahmene al Tawil, el presidente del Comité de Seguridad, explicó a Efe que el primer objetivo es ocupar los edificios oficiales y las sedes gubernamentales que ocupa el Ejecutivo de Trípoli, considerado rebelde.

“Pretendemos entrar en la sede del primer ministro en Trípoli, así como la sede del Congreso Nacional y en sus palacios”, dijo Al Tawil antes de subrayar que se ha pedido a las autoridades de la capital que los desalojen de forma pacífica.

A lo largo de todo el día, la tensión y la confusión reinaron en la capital, en la que corrieron las noticias de que hombres armados afines al Consejo Presidencial, liderado por Mohamad Fayez al Serraj, habían tomado posiciones en algunos de esos edificios, informaciones que no fueron confirmadas.

A la presión sobre el Gobierno de Trípoli se sumaron este jueves la propia ONU y la Unión Europea, con dos decisiones dirigidas a socavar su resistencia y cerrar tanto su sustento económico como su poder político.

En una sesión celebrada en Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió prorrogar dieciséis meses más la resolución 2278 aprobada en 2014 que prohíbe la exportación ilegal de petróleo desde Libia, cuya producción está en gran parte bajo control de Trípoli.

La nota alude implícitamente a este Ejecutivo al condenar “los intentos de exportar ilícitamente petróleo crudo de Libia, en particular por instituciones paralelas que no actúan bajo la autoridad del Gobierno del Consenso Nacional”.

Ayer, responsables del Gobierno de unidad -que carece aún de la legitimidad que le tiene que conceder el Parlamento con sede en Tobruk, reconocido por la comunidad internacional- ya advirtieron que su objetivo primordial era hacerse con el control de los principales órganos de poder.

Entre las prioridades destacan el Banco Central Libio y la Compañía Nacional de Petróleo, fundamentales para que el nuevo organismo de gobierno pueda funcionar.

Horas después, el Consejo de la Unión Europea añadió más presión al acordar sanciones para tres altos cargos libios, a los que acusó de obstaculizar el establecimiento de Gobierno de unidad nacional.

Fuentes diplomáticas explicaron a Efe que se trata del presidente de la Cámara de Trípoli, Nouri Abu Sahmein; el primer ministro, Jalifa al Gauil, y el presidente del Congreso de los Diputados de Tobruk, Aqila Salah.

El segundo advirtió semanas atrás que ordenaría el arresto de los miembros del Consejo Presidencial y del Gobierno de unidad en el momento que pisaran Trípoli.

Y ayer, horas después de que estos desembarcaran en la capital de forma clandestina, les exigió que se marcharan o deberían atenerse a las consecuencias legales.

El último, hasta hace pocas semanas uno de los interlocutores reconocidos por las potencias mundiales, señaló, por su parte, que no reconocería al Gobierno de unidad hasta que este no se sometiera a las leyes libias, que exigen el reconocimiento por parte del Parlamento de Tobruk.

Esta situación ha elevado la tensión y el nivel de alerta en la capital, hoy con los colegios e instituciones cerradas y con cientos de milicianos de ambos bandos armados en diferentes barrios de Trípoli.

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la comunidad internacional contribuyera militarmente a la victoria de los rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde principios de mes, tiene tres gobiernos enfrentados: uno en Trípoli, considerado rebelde; otro en Tobruk, apoyado por el Parlamento reconocido por la comunidad internacional, y un tercero de “unidad nacional” que ninguno de los otros dos reconoce pero que apoyan la ONU y la mayor parte de las potencias mundiales, pese a que carece de legitimidad.

De la situación han sacado provecho grupos radicales como la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico, que en el último año ha ampliado el territorio bajo su control e incluso establecido un nuevo bastión en la costa del Mediterráneo. EFE

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