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La sombra de un nuevo conflicto armado planea sobre Libia

Mohamad abdel Kader

Trípoli, 28 mar (EFE).- La sombra de un nuevo conflicto armado planea sobre Trípoli a raíz de la decisión del Consejo Presidencial designado por la ONU de trasladar a la capital el nuevo gobierno de unidad nacional, pese a no haber sido reconocido por los Parlamentos rivales.

Este fin de semana, las milicias afines al gobierno con sede en Trípoli emitieron un comunicado en el que instaron a la población a oponerse a “un gobierno designado por la ONU” y advirtieron de que su eventual entrada en la capital abocaría a la ciudad “a un conflicto armado permanente”.

“Se trata de una conspiración. Se quiere instalar un gobierno ilegal en la capital, lo que deja Trípoli en un lugar de conflicto permanente”, afirmaron.

La nota fue respondida hoy por las milicias de Misrata, ciudad situada a unos 200 kilómetros al este de la capital, que se pronunciaron a favor del citado gabinete de unidad y se mostraron dispuestas a defender su traslado a Trípoli.

Estas milicias, consideradas unas de las más poderosas del país y factor esencial en el derrocamiento de la dictadura de Muamar el Gadafi en 2011, exigieron asimismo a todos los organismos nacionales ceder su poder a este gabinete, que encabeza Mohamad Fayez al Serraj.

“No permitimos que ningún individuo o agrupación dificulte el proceso de ese gobierno. Hay que favorecerlo y apoyarlo para que pueda instalarse en Trípoli”, subrayaron.

“Todos los funcionarios de los gobiernos anteriores han quedado privados de cualquier tipo de poder legítimo u oficial”, avisaron.

Las mismas milicias anunciaron, además, que establecerán un gabinete de crisis que ejercerá las funciones de gobierno en la zona hasta que el ejecutivo de unidad asuma su labor como órgano gubernamental oficial.

El cruce de comunicados supone un nuevo repunte de la tensión que crece de forma sostenida en la capital libia desde que hace diez días el propio Al Serraj apareciera en un canal de televisión nacional para anunciar su intención de trasladarse desde Túnez al país con todo su equipo “en cuestión de días”.

Su declaración fue contestada de inmediato por el Ejecutivo de Trípoli, que advirtió de que tanto Al Serraj como sus ministros y miembros del Consejo Presidencial designado serían arrestados en el momento en que desembarcaran en la ciudad.

Dos días después, estallaron las primeras escaramuzas entre milicias de ambos bandos en el centro y el extrarradio de la capital, así como en algunas ciudades del oeste del país, cerca de la frontera con Túnez.

En el fondo del conflicto subyacen las presiones de la ONU y de las grandes potencias mundiales, que han forzado, incluso, un proceso para la formación del gobierno de unidad que ha discurrido al margen de la legalidad.

La consecuencia es que Libia tiene ahora tres gobiernos: uno en Trípoli, que la ONU considera rebelde; otro en Tobruk, que la comunidad internacional reconocía hasta ahora como el único legal, pese a que en octubre perdió la legitimidad.

Y un tercero, llamado “de unidad nacional”, que ninguno de los otros dos gobiernos reconoce, que se halla en el exilio y al que Naciones Unidas y la Unión Europea apoyan aunque carece de la legitimidad que debe darle el Parlamento de Tobruk.

“Nadie entiende qué busca la ONU con este proceso, en el que a cada paso se ha saltado sus propias normas. Ya nadie sabe a quién dirigirse, porque cada uno tiene su propia parcela de poder”, explica a Efe un diplomático americano destinado en la zona.

“En vez de caminar hacia una solución, todo es más complejo, y más evidente que puede estallar un conflicto. Y en medio, nadie hace frente a los yihadistas, que cada vez ganan más terreno”, analiza el diplomático, que prefiere no ser identificado.

Ese crecimiento de la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico (EI), que en apenas un año ha avanzado hacia la costa y conquistado la ciudad de Sirte, su bastión en el Mediterráneo, es la principal razón de urgencia de la comunidad internacional.

Desde hace semanas, unidades de elite italianas, británicas, jordanas, francesas e incluso estadounidenses han desembarcado en Libia y se han unido a las fuerzas afines al gobierno de unidad nacional.

Además, Italia ha cedido una base en el sur el país para que EEUU despliegue drones con el objeto de multiplicar los bombardeos sobre el país.

“El problema es que para luchar contra el EI se busca el apoyo de una fuerza terrestre libia y de un gobierno que legitime los ataques. Y no hay ninguna de las dos cosas”, explica un diplomático europeo.

En la misma línea se pronunció la semana pasada el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, quien instó a formar un “ejército de unidad libio que luche contra la amenaza del Dáesh” (acrónimo en árabe para el EI).

Un combate que deben librar los propios libios, subrayó Kobler, pero que puede ser cuestión de “otros” si estos no logran ponerse de acuerdo, advirtió. EFE

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