martes, 29 septiembre 2020 1:16

Rousseff sube el tono y se dice víctima de una “conjura” contra la democracia

Eduardo Davis

Brasilia, 22 mar (EFE).- La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, endureció hoy el discurso, se arropó con juristas y denunció como un intento de “golpe” el trámite iniciado por el Congreso de cara a un posible juicio político con miras a su destitución.

“Si es necesario movilizar a la sociedad en una campaña por la legalidad”, que “quede claro que me sobran energías, disposición y respeto a la democracia para el enfrentamiento necesario a la conjura que amenaza la estabilidad institucional y democrática”, dijo en un acto con juristas y componentes de movimientos sociales.

En uno de los discursos más duros que ha pronunciado desde que está bajo amenaza de un juicio político, Rousseff aseguró que está en marcha “una ruptura institucional que se forja en los sótanos” de la política y pretende “desconocer el legítimo mandato” que le dieron las urnas.

Aseguró que tiene “la conciencia tranquila de quien no cometió ningún acto ilícito” y negó en particular que haya incurrido en un “delito de responsabilidad”, de lo que la acusa la oposición sobre la base de unas irregularidades descubiertas en los balances que el Gobierno presentó en 2014 y 2015.

Según Rousseff, en la situación que vive Brasil “no caben las medias palabras, pues lo que está en curso es un golpe contra la democracia” y “no importa si el arma es un fusil, una venganza o las ganas de algunos por llegar más rápido al poder”.

Así como en otras ocasiones, afirmó que “jamás” renunciará a su mandato y que “los golpistas no pasarán”, lo que fue saludado por el auditorio al grito de “no habrá golpe”, que sus partidarios han convertido en un himno.

El acto fue realizado al mismo tiempo que una comisión especial creada por la Cámara de Diputados para analizar el mérito jurídico de las acusaciones contra la mandataria celebraba una nueva sesión, en la que Rousseff y el grupo oficialista lograron ganar una.

La comisión se negó a aceptar, como exigía la oposición, que a los cargos sobre las “maniobras fiscales” de 2014 y 2015 se anexaran testimonios de algunos implicados en la red de corrupción que operó en la estatal Petrobras y han asegurado que la mandataria “sabía” de ese asunto e intentó “obstruir” la investigación.

“Entendemos que no se puede aceptar” a fin de impedir que puedan ser denunciados “vicios” que afecten la legalidad del proceso, dijo el diputado Jovair Arantes, que actúa como instructor en el caso.

La reunión con los juristas y movimientos sociales ha marcado el inicio de una reacción del Gobierno, que ha decidido moverse en varios frentes y le ha encargado parte de la articulación política al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien está enfrascado en una batalla judicial para asumir como ministro de la Presidencia.

Lula, que por su condición de investigado por supuesta corrupción está a la espera de una sentencia de la Corte Suprema que decidirá si puede asumir o no el cargo que le ofreció Rousseff, llegó este lunes a Brasilia, cenó con la presidenta y hoy dedicó el día al cabildeo con legisladores de la base oficialista.

Según fuentes oficiales, aún sin ser todavía ministro, Lula se ha sumado al esfuerzo por mantener unida a la coalición que apoya a Rousseff, que en las últimas semanas ha sido abandonada por varias formaciones y en la que se cree que puede haber otras rupturas.

El mayor temor del Gobierno es que a ese desembarque se sume el influyente Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PDMB), que lidera el vicepresidente Michel Temer, primero en la línea sucesoria en caso de una destitución de la mandataria.

El PMDB, que tiene la primera minoría en la Cámara de Diputados y en el Senado, ya ha anunciado que definirá su situación frente al Gobierno en una reunión que su dirección nacional prevé realizar la semana próxima.

Lula, quien busca contactos con dirigentes del PMDB y ya tuvo su residencial oficial allanada en el marco de las investigación sobre sus actividades, volvió a ver de cerca hoy a la Policía Federal, que irrumpió a primera hora en el hotel en que se aloja en Brasilia.

Sin embargo, el blanco hoy no era el expresidente, sino otras personas vinculadas a diversos flancos que se investigan sobre la red de sobornos en Petrobras. EFE

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