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Túnez, 22 mar (EFE).- Los países vecinos de Libia, la ONU y la UE acordaron hoy coordinar esfuerzos para que el gobierno libio de unidad nacional pueda trasladarse a Trípoli y comenzar a funcionar, pese a que carece del apoyo del Parlamento de Tobruk y cuenta con la hostilidad del Ejecutivo en la capital.

Así lo anunció el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, al término de la octava reunión en Túnez de los países vecinos, a la que también acudieron en esta ocasión la Liga Árabe y la Unión Africana.

En una rueda de prensa posterior, Kobler desgranó un nuevo plan para el futuro de Libia, fundamentado en ese eventual traslado y en la formación de un Ejército nacional de unidad que luche contra la creciente influencia de la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico.

“El Consejo Presidencial debe ahora partir y comenzar a trabajar desde Trípoli, la capital de Libia. He presentado un plan de cuatro puntos”, dijo Kobler, quien dejó claro que “no existe otra alternativa”.

Ese plan se centra “ahora en asistir y apoyar para que el Consejo presidencial (designado por la ONU) y el gobierno de unidad entren en Trípoli. Es ahora una fase muy, muy importante, crucial”, subrayó.

El Ejecutivo en la capital, considerado rebelde, se opone a reconocer al citado gobierno de consenso y ha advertido en varias ocasiones de que lo impedirá, incluso con la fuerza de las armas.

Esa amenaza de conflicto bélico ya se materializó el pasado fin de semana después de que el presidente de Consejo Presidencial designado por la ONU, Mohamad Fayez al Serraj, anunciase en televisión que se trasladaría a la capital “en días”.

Pocas horas después, milicias afines al gobierno en Trípoli y fuerzas leales al Consejo se enfrentaron a tiros en varios barrios del centro y en poblaciones del extrarradio de la capital.

“Existe un gran riesgo de que la violencia inunde a la capital si se insiste en este paso. Pero es fundamental que haya un solo gobierno en el país”, admitió a Efe una fuente diplomática europea implicada en las negociaciones.

Además del traslado, Kobler insistió en la necesidad de que al consenso político se sume también la formación de un nuevo Ejército de unidad libio que asuma la tarea de combatir la creciente influencia de los grupos yihadistas.

El diplomático germano subrayó, asimismo, que deben ser los propios libios quienes se defiendan del extremismo wahabí para que sea innecesaria cualquier tipo de intervención militar extranjera.

“Se debe construir un nuevo Ejército libio. La base de todo el problema es la seguridad del tramo político, que debemos asegurar. Le he dicho al Consejo Presidencial que debe tratar este asunto con prioridad”, señaló.

“Deben poner sobre el terreno de forma prioritaria un sistema de seguridad para combatir al Dáesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico). Debe ser un combate libio, no de los extranjeros”, subrayó.

En el último año, grupos yihadistas como la rama libia del EI, la Organización de Al Qaida en el Magreb islámico (AQMI) y el grupo tunecino de inspiración wahabí “Ansar al Sharia” han aprovechado la división política en Libia para ganar terreno y ampliar su influencia en la región.

Asentados en la ciudad oriental de Derna, cerca de la frontera con Egipto, han logrado infiltrarse en barrios de Bengasi, segunda urbe del país y escenario desde mayo de 2014 de combates entre milicias afines al gobierno de Trípoli, que controlan la metrópoli, y fuerzas leales a Tobruk, que la asedian.

Desde febrero de 2015, la bandera negra del EI también ondea en lo alto de los principales edificios de la ciudad costera de Sirte, convertida en el principal bastión yihadista en el Mediterráneo, y en el extrarradio de Sabratah, a medio camino entre la capital y la frontera con Túnez.

Desde allí partieron hace tres semanas varios de los yihadistas que trataron de asaltar la ciudad tunecina de Ben Guerdan, limítrofe con Libia, y en sus bosques se entrenaron los jóvenes que atentaron en Túnez en 2015.

Kobler reveló que los otros dos pasos deben ser integrar a toda la sociedad libia en el proceso de transición y completarlo con la aprobación, a través de un referéndum, de la nueva Constitución que se está redactando.

Un proceso político auspiciado por la ONU que volvió a definir como “esencial” para el futuro del pueblo libio, pero también para el resto de la región, amenazada por el vacío de poder que se produjo tras el derrocamiento en 2011 de la dictadura de Gadafi. EFE

jm/psh

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