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Sanjeev Giri

Katmandú, 15 dic (EFE).- Nepal vivió un año trágico con un terremoto que en abril acabó con cerca de 9.000 personas que tuvo como contrapunto la aprobación tras siete años de larga espera de una constitución que dio inicio a una nueva vida republicana, aunque no acabó con la crónica crisis política y el caos económico.

El año 2015 pasará a la historia de Nepal como el de la peor catástrofe natural de la que se tiene recuerdo en la nación del Himalaya y el del final de la transición de la monarquía, que fue abolida en 2008, a la república constitucional parlamentaria que quedó consagrada en forma de carta magna en septiembre.

El 25 de abril, poco después del mediodía, la tierra se estremeció y liberó un terremoto de 7,5 puntos en la escala de Richter que devastó amplias zonas del Valle de Katmandú y alrededores.

Zonas pobres, con construcciones tradicionales fueron devastadas y ciudades como Bhaktapur o Sankhu vieron como siglos de patrimonio histórico se convertían en un amasijo de escombros en cuestión de segundos.

De acuerdo con el Ministerio de Interior, 8.832 personas murieron y 22.309 resultaron heridas en el terremoto y las posteriores réplicas (dos de ellas superiores a los 7 grados) que se produjeron en los siguientes meses.

Además, más de medio millón de casas fueron completamente destruidas y alrededor de tres millones de personas se quedaron sin hogar.

La Comisión Nacional de Planificación, organismo creado específicamente para atender esta crisis, calculó en 7.000 millones de dólares las pérdidas por el terremoto, reclamando fondos por valor de 6.6000 millones para responder a la emergencia.

La Conferencia Internacional para la Reconstrucción de Nepal, que tuvo lugar dos meses después del seísmo, permitió al Gobierno de Katmandú recabar promesas de financiación por parte de organismos multilaterales y países por valor de 4.400 millones de dólares.

Sin embargo a las complicaciones humanitarias se sumaron las propias incapacidades políticas y burocráticas del país.

La Autoridad para la Reconstrucción de Nepal, ente encargado de dirigir las tareas de recuperación del país se encuentra sin un responsable que haga actuar al ente por falta de consenso político y Nepal no ha podido recibir la ayuda internacional por su incapacidad para asumir sus propias responsabilidades.

En el lado positivo, las urgencias provocadas por el terremoto llevaron a que los partidos mayoritarios: el Congreso Nepalí y el Partido Comunista UML (marxista leninista), ambos en el poder hasta septiembre, llegaran a un acuerdo con el principal de la oposición, el Partido Comunista Unido de Nepal (UCPN, maoísta), para destrabar la aprobación de la Constitución.

El 20 de septiembre, Nepal promulgó una Constitución que acabó con una espera que comenzó con la abolición de la monarquía en 2008, dos años después del final de la guerra con los maoístas que dejó un recuento no oficial de 10.000 muertos y acabó con el compromiso de transitar hacia una república.

La nueva Constitución, la sexta desde el establecimiento de la democracia en 1950, pero la primera acordada para una asamblea constituyente, declara Nepal como una República laica con siete estados y un sistema parlamentario del que emanan tanto el presidente -una figura protocolaria- y el primer ministro.

Sin embargo, el reparto administrativo no satisfizo a la minoría de la región Tarai, los madeshi, que se encuentran en el cinturón industria del sur del país, fronterizo con la India, y desde entonces mantienen protestas que han dejado al menos medio centenar de muertos.

Además, Nepal acusa a la India, con ascendencia entre los madeshi y supuestamente disconforme con la nueva Constitución, de llevar a cabo un bloqueo fronterizo no declarado que ha dejado al país sin aprovisionamiento de suministros básicos como medicinas y bienes básicos y sin combustible.

India, por su parte, asegura que no existe tal bloqueo sino que la falta de suministro se debe a las protestas en Tarai, que reclaman un estado propio frente a lo previsto en la Constitución.

El primer ministro de Nepal, Sharma Oli, fue elegido el 11 de octubre y ya ha llamado a los madeshi a dialogar asegurando que la Constitución se puede enmendar si fuera necesario.

Mientras el Ministerio de Finanzas ha revisado su previsión de crecimiento para el año, inicialmente previsto en un 6% para dejarlo en un 2%, el Banco Central de Nepal es menos optimista y considera que este año Nepal registrará una cifra negativa de crecimiento por primera vez en 33 años.

De acuerdo con el Banco Central alrededor de 800.000 personas en un país de 28 millones de habitantes pueden caer en la extrema pobreza si la crisis política y social continúa.

Sólo el terremoto incorporó a 700.000 personas a la lista de quienes viven en la miseria en un país que ya antes de la catástrofe natural se encontraba entre los más pobres del mundo.EFE