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Nacho Temiño

Varsovia, 14 dic (EFE).- El nuevo Gobierno conservador y euroescéptico de Polonia revolucionó la política del país y, apenas dos semanas después de su toma de posesión, escenificó su alejamiento de la UE, incluida la retirada de las banderas europeas y el rechazo a acoger refugiados.

Tras vencer por mayoría absoluta en las generales del pasado 25 de octubre, la primera ministra, Beata Szydlo, dijo que su país no tiene capacidad para acoger a los 7.000 refugiados aceptados por el anterior Gobierno, y señaló que los atentados de París del 13 de noviembre han “cambiado la situación”.

Más allá, el nuevo ministro de Exteriores, Witold Waszczykowski, abierto defensor de un mayor acercamiento con EEUU, llegó a sugerir la posibilidad de armar a los refugiados sirios para que formen un Ejército y puedan volver a su país a combatir al Estado Islámico.

Además, el Ejecutivo liderado por el partido Ley y Justicia está en contra de nuevos recortes en las emisiones de contaminantes y en reducir el uso del carbón (básico en la cesta energética polaca) para combatir el cambio climático.

De forma simbólica, el distanciamiento con Europa se hizo palpable hace pocos días cuando se retiró la bandera de la Unión Europea de la sala donde la primera ministra ofrecerá su rueda de prensa semanal tras la reunión del consejo de Gobierno.

La sala pasó a estar decorada únicamente con una serie de banderas polacas, “un fondo más bello”, aclaró entonces Beata Szydlo, justificando la decisión con meras razones estéticas.

Durante la campaña electoral ya se especulaba con que un Gobierno con Szydlo al frente, una política considerada moderada dentro de su partido, podría seguir los pasos del primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Ley y Justicia es una formación nacionalista-conservadora, de inspiración católica y programa económico de izquierdas, que quiere ratificar una visión diferente de Europa, con una política exterior que sitúa al país en la línea del llamado grupo de Visegrado, formado por la República Checa, Eslovaquia, Hungría y la propia Polonia.

De hecho, Orbán recibió con satisfacción la victoria electoral de Ley y Justicia, un triunfo que puso fin a ocho años de Gobierno del partido europeísta de centro-derecha Plataforma Ciudadana, del que ha sido líder el hoy presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

El nuevo Ejecutivo polaco no sólo está cambiando el marco de relación de Polonia con la UE, sino que también sacude las estructuras nacionales, lo que ha llevado a la oposición a acusar al partido que preside Jaroslaw Kaczynski de protagonizar un auténtico “golpe de estado”.

Szydlo reemplazó de manera acelerada a los responsables de los servicios secretos del país, lo que para la oposición supone el riesgo de que sean usados con fines políticos, y emprendió modificaciones en el Tribunal Constitucional que le permitirán asegurarse su control y contar con su aquiescencia ante posibles cambios de la Carta Magna.

Ley y Justicia nunca ha escondido sus planes de modificar la Constitución polaca para aumentar los poderes del presidente de la República, reducir el papel del Parlamento, minimizar la separación entre la Iglesia y el Estado o incluso incluir la prohibición del aborto.

Su margen de acción es amplio, ya que el triunfo en las generales estuvo precedido de su victoria en las elecciones presidenciales de mayo, que situaron al conservador Andrzej Duda al frente de la jefatura del Estado.

Otro de los efectos de la llegada de Ley y Justicia al poder es la reapertura del debate en torno a la tragedia aérea de Smolensk (Rusia), donde en 2010 se estrelló el avión presidencial polaco y murieron sus 96 ocupantes.

Entre los pasajeros del aparato se encontraba el entonces presidente del país, Lech Kaczynki, hermano gemelo de Jaroslaw.

La formación nacionalista ha defendido reiteradamente la teoría de que el siniestro no fue un simple accidente, sino el resultado de un complot contra la cúpula del Estado.

El grado de polémica es tal que la portavoz del nuevo Gobierno polaco, Elzbieta Witek, ha opinado que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, debería ser juzgado por su actuación como primer ministro de Polonia tras el accidente aéreo de Smolensk. EFE