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Javier Otazu

Rabat, 11 dic (EFE).- El islamismo moderado marroquí, representado por el Partido Justicia y Desarrollo (PJD), goza de buena salud, como demostró en las elecciones municipales y regionales del pasado septiembre, al hacerse con las alcaldías de la práctica totalidad de grandes ciudades del país.

Quienes vaticinaban un batacazo electoral o al menos un serio desgaste por los cuatro años transcurridos al frente del gobierno de la nación, se equivocaron, y el PJD apareció como el partido más popular entre la población más politizada, la de las ciudades.

Casablanca, Rabat, Marrakech, Tánger, Tetuán, Fez, Meknés, Agadir… Todas estas urbes tendrán en los próximos cinco años alcaldes y ayuntamientos islamistas después de que el PJD haya logrado una contundente victoria con porcentajes de entre el 40 y el 60% de los votos.

Frente al PJD se alza ahora casi como único competidor el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), el último de los llamados “partidos de la administración”, creado en su caso en 2008 por personas allegadas al rey Mohamed VI.

El PAM, donde conviven los liberales con antiguos izquierdistas, ha hecho del laicismo su seña de identidad, pero su principal granero de votos no está en las ciudades, sino en el campo, donde todos los analistas coinciden en que pesan más las redes clientelares que las ideologías.

Por ello, el PAM ha conseguido un mayor número de concejales que el PJD, y ha logrado fraguar varias alianzas y hacerse con buena parte de los gobiernos regionales, pero los politólogos no tienen duda de que los islamistas son los vencedores morales de esta contienda.

Desde septiembre, el PJD tiene las riendas del gobierno de la nación y de las principales ciudades del país; no quiere eso decir que tenga el poder, en un país donde el monarca dispone de muchas más competencias que el propio gobierno, pero sí indica el grado de popularidad del partido y de su secretario general y jefe de gobierno, Abdelilah Benkirán.

Sabedor de que su estilo campechano y popular, inédito en la cultura política marroquí, es imbatible, Benkirán hizo un hueco entres sus obligaciones gubernamentales para implicarse personalmente en la campaña electoral y recorrer el país de norte a sur, llenando salas y espacios públicos como ningún otro competidor.

Benkirán puso así en evidencia la debilidad de los otros líderes políticos, así como la de sus partidos, siendo la derrota más sonada la que han sufrido los nacionalistas del Istiqlal y los socialistas de la Unión Socialista de Fuerzas Populares.

Concretamente, la ciudad de Fez, un feudo histórico del Istiqlal y donde era alcalde el secretario general del partido, el turbulento Hamid Chabat, castigó a este último votando de forma aplastante por el PJD, lo que ha supuesto un pequeño cataclismo a nivel nacional.

El próximo 2016 se celebran los comicios legislativos nacionales, y con el panorama actual, pocos dudan de que el PJD arrasará de nuevo, debido no tanto a sus logros como a la inoperancia de sus rivales.

Y es que el PJD, que dirige una coalición de cuatro partidos en el gobierno, ha eclipsado a todos los demás y se ha convertido en el único referente visible, incluso a la hora de tomar medidas “dolorosas”.

Así, el gobierno de Benkirán ha sido el primero que se ha atrevido con la “patata caliente” de cortar las subvenciones estatales a los productos de primera necesidad, un mecanismo pensado para garantizar la paz social pero que se había convertido en un grave lastre para las finanzas públicas.

Sin gran oposición, el gobierno del PJD ha eliminado la subvención a los combustibles de automoción y ya ha anunciado que se dispone a continuar con el azúcar y el té.

Junto a ese gesto en principio impopular, ha creado un seguro médico para los más pobres, así como un sistema de protección a las viudas: pequeños gestos que lo hacen aparecer como un partido cercano al pueblo.

Por lo demás, el gobierno del PJD no ha supuesto en absoluto ninguna merma del extenso poder del rey y su entorno, y ha sido esta aceptación del “statu quo” lo que posiblemente ha garantizado la supervivencia y la buena salud del partido. Al fin y al cabo, a Benkirán le gusta decir: “El rey es el patrón; yo solo soy jefe de gobierno y ejecuto sus políticas”. EFE