jueves, 1 octubre 2020 22:22

Israel cierra año electoral y de amenaza iraní con intensa oleada de ataques

Daniela Brick y Ana Cárdenes

Jerusalén, 8 dic (EFE).- Israel cierra un año electoral y marcado por la amenaza nuclear iraní y la oposición al pacto atómico internacional con la mayor oleada de ataques palestinos de la última década.

El 2015 se inició con un adelanto de comicios, sólo dos años después de las últimas elecciones, con el que Benjamín Netanyahu buscaba una mayor estabilidad política y cuyo foco estuvo en el monotema de la seguridad de Israel y, sobre todo, en el desafío nuclear de Irán.

El 3 de marzo el primer ministro realizó el más vistoso discurso de campaña: una intervención ante el Congreso de Estados Unidos en la que cuestionó los intentos de la Casa Blanca de forjar un acuerdo diplomático a múltiples bandas con Teherán.

Dos semanas más tarde, las urnas apoyaron a Netanyahu contra todos los pronósticos de cambio, en una vertiginosa jornada en la que se valió de la política del miedo para azuzar al electorado.

Ese día llegó a manifestar en un vídeo que la “izquierda paga autobuses llenos de árabes para llevarlos a votar”, después de asegurar que bajo su gobierno no se crearía un estado palestino, ambas declaraciones matizadas una vez logrado el triunfo.

Netanyahu se consolidó en el poder en el cuarto ejecutivo que encabeza -tercero consecutivo desde 2009-, si bien resultó más exiguo de lo que aspiraba (61 de los 120 escaños parlamentarios) y con un pacto logrado in extremis en mayo 50 días después de las urnas.

Es uno de los gobiernos más derechistas de la historia del país, pero el escaso margen parlamentario lo aboca a la debilidad constante, amenaza de quiebra y el chantaje político de sus socios, lo que se traduce en una “conveniente” incapacidad para mostrar gestos hacia los palestinos.

El acuerdo nuclear alcanzado en julio entre seis potencias e Irán supuso un punto de inflexión en el enfoque israelí sobre la cuestión, considerada una de las principales amenazas para el país.

Y es que, después de intensificar sus condenas contra el acuerdo, lo que produjo un enfrentamiento público con su principal socio, EE.UU., Netanyahu termina por aceptar lo inevitable y enfoca sus energías en lograr como compensación ampliar al máximo posible el pacto de seguridad por el que Washington le entrega más de 3.000 millones de dólares de ayuda al año.

Una vez dejado atrás el escollo iraní y tras haber reconocido la Administración estadounidense que, en lo que resta de mandato de Barack Obama, no se logrará poner en práctica la solución de dos estados, llega la distensión entre ambos aliados.

El pasado 9 de noviembre Netanyahu visita a Obama en la Casa Blanca, encuentro en el que ambos aparentan dejar atrás las malas relaciones acumuladas en los últimos seis años.

La cuestión iraní, que marcó el principal desacuerdo entre los dos líderes, quedó a finales de año eclipsada por una nueva espiral de violencia en el conflicto palestino-israelí, que se inicia a partir de septiembre con epicentro en Jerusalén.

Una vez más, la Explanada de las Mezquitas, sagrada para musulmanes y judíos, es origen de unos ánimos cada vez más caldeados durante varias festividades hebreas al cundir el mensaje difundido por movimientos islámicos de que está bajo ataque israelí y aumentar las cada vez más numerosas visitas de ultranacionalistas judíos.

Lo que eran hasta entonces ataques esporádicos con piedras y enfrentamientos armados entre jóvenes manifestantes palestinos y fuerzas de seguridad israelíes, se torna en octubre en la oleada de violencia más intensa en una década.

Hasta principios de diciembre más de un centenar de palestinos murieron (más de la mitad al protagonizar ataques consumados, frustrados o cuestionados, en su mayoría con arma blanca, y el resto en choques con fuerzas israelíes), y 19 israelíes y otras dos personas de otras nacionalidades perdieron la vida en las agresiones.

Analistas y movimientos islamistas palestinos como Hamás o la Yihad Islámica hablan ya de “Intifada de Jerusalén” o “Intifada de los cuchillos”, pese a que esta oleada no cuenta con la coordinación ni el apoyo institucional de anteriores levantamientos.

También a finales de año hubo un enfrentamiento con la Unión Europea, tras la aprobación de una norma que obliga a marcar el origen de los productos de las colonias israelíes en los territorios ocupados que se exporten a Europa y no poner como procedencia “Israel”.

Como represalia, Netanyahu anunció a finales de noviembre la exclusión de las instituciones europeas de cualquier tema relacionado con el proceso de paz con los palestinos, estancando hace año y medio y cuya parálisis encona aún más la violencia sobre el terreno. EFE