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La mujer de Juan Alberto González Garrido, el español fallecido durante los atentados terroristas de París en la sala Bataclan, Ángela Reina, fue una de las supervivientes del brutal ataque y ha querido difundir una carta a través de dos amigas suyas en la que explica lo ocurrido en esos momentos de terror para desmentir las informaciones publicadas hasta el momento. 

El ataque yihadista se produjo pasadas las 9 y media de la noche del viernes en la sala de conciertos, durante la actuación de un grupo de metal. Tres hombres comenzaron a disparar dejando 89 personas, dos de ellos hicieron explotar sus explosivos y otro fue abatido por la policía francesa. 

A continuación, reproducimos el texto íntegro de Ángela Reina

“Escuché los disparos y todos nos tiramos al suelo. Nosotros estábamos por el centro de la sala, un poco a la izquierda. Antes de los disparos, Juan Alberto estaba delante de mí, por lo que al tirarnos al suelo, mi cabeza quedó cerca de sus piernas, instintivamente, yo trataba de cubrirme la cabeza.

En ese momento no sabía dónde estaba él pero estoy segura de que él sí sabía dónde estaba yo porque movió sus piernas para que mi cabeza quedara debajo de él. Me intentó proteger, estoy segura. Además, al rato, él se incorporó sentado y me tocó, me dijo algo que no pude entender. Creo que dijo mi nombre, y le vi como mareado, me incorporé y me deslicé sentada hacia él, intenté sujetarlo entre mis brazos, vi que había sangre y creo que empecé a gritar, eso no lo recuerdo bien.

A continuación, volvió a haber disparos por lo que volvimos a tumbarnos en el suelo y me quedé tumbada en su pecho. Hubo un momento en el que alguna gente se levantó y corrió pero Juan Alberto no se podía mover, estaba inconsciente por lo que no podíamos irnos. Me quedé con él hasta que llegó la policía y dijeron que teníamos que salir. Cuando les dije que mi marido se no se podía mover, que no me contestaba, me dijeron otra vez que me tenía que ir fuera, que si no salíamos los servicios de emergencia no podían intervenir.

Nos llevaron fuera a la calle y a un patio y no me dejaron volver. No me dejaban volver, una chica, Claire, se llamaba, me dijo que me tranquilizara, que ya le habrían metido en la ambulancia y que le estarían curando y me ayudó a lavarme”.