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La imputación del chófer prácticamente coincide con la llegada a Bilbao de 40 de los jóvenes que viajaban a Amsterdam. Hay que decir que 13 de ellos siguen ingresados, pero solo uno está en cuidados intensivos.

El conductor dio negativo en la prueba de alcoholemia y estupefacientes, pero admitió durante su interrogatorio ante la fiscalía de Lille -noroeste de Francia- que se fió del GPS y no prestó atención a la ruta ni a las señales.

Según el embajador español en Francia, Ramón de Miguel, el lugar del accidente, que el túnel “no tenía la señalización suficiente. No tenía el arco con cadenas que se suele poner porque lo había roto un camión, ni tampoco tenía advertencia luminosa y a esa hora es muy difícil, entrando en una vía abierta de doble sentido que es una circunvalación, pensar que es un túnel en esas circunstancias”, dijo.

de poco ha servido porque la fiscalía francesa, sin embargo, ha imputado al chófer aplicando el código penal francés, que sanciona las lesiones a terceros por “torpeza, imprudencia, falta de atención, negligencia u omisión de la debida atención a una obligación de seguridad o de prudencia”. La pena que puede recibir por “violación manifiestamente deliberada” de la obligación de seguridad o prudencia es de tres años de cárcel y 45.000 euros, a los que se puede añadir una multa de 1.500 euros por las heridas involuntarias. Sin embargo, quedó en libertad para volver al País Vasco, aunque bajo control judicial.

El chófer puede volver a conducir en España, pero no podrá ejercer su actividad en Francia hasta que el juez dicte sentencia tras un juicio que podría demorarse entre 12 y 18 meses.