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Erupción volcánica sí; tsumani no, y menos mal, para alivio de muchos habitantes de las islas de la zona, las llamadas astillas menores y Venezuela. Y es que durante las últimas jornadas, ante la inminencia de una erupción volcánica en la zona se desató cierto pánico en las redes sociales con muchos internautas tuiteando las informaciones que, provenientes de centros de medición y estudio geográfico como el Centro de Investigación Sísmica de la Universidad de West Indies o el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico abrían la puerta a un posible tsunami. 

El Kick em Jenny, el volcán submarino que ha provocado el nerviosismo, está ubicado frente a las costas de la isla de Granada, es un volcán submarino activo con una altitud de 1.300 metros sobre el nivel del mar, y su cumbre se encuentra a unos 160 metros de profundidad.

El caso es que todos los centros de medición de actividad sísmica y terremotos de la zona auguraban una erupción del volcán submarino. Se emitieron varias alertas alerta para las islas de Granada,  San Vicente y las Granadinas. Y los expertos auguraban alguna posibilidad de que se produjera un tsunami como consecuencia que podría causar graves consecuencias en las Antillas menores, y que estaría en las costas de Venezuela en poco más de 40 minutos. Ciertas dosis de histeria provocaron algunos desmentidos y llamadas a la tranquilidad, pero con todo el gobierno de Nicolás Maduro ya se había preparado ante la eventualidad de un posible desastre.

Joan Latchman, sismóloga del Centro de la universidad West Indies, dijo que ese volcán registra pequeñas erupciones aproximadamente cada década, por lo que ella esperaba que este nuevo incremento de actividad responda a ese proceso. “Las personas que viven cerca de las costas tienen que mantenerse atentas a las alertas de los sistemas de emergencia”, recomendó Latchman, tras destacar que una fuerte erupción de este volcán podría también desatar un tsunami.

“Las mayores erupciones del Kick em Jenny se registraron en julio de 1939, cuando propulsó material volcánico a la superficie y generó una serie de tsunamis con olas de hasta dos metros de altura que no produjeron, sin embargo, un gran maremoto y en 2001, cuando ocurrió más  o menos lo mismo”, aseguró Mauricio González, ingeniero civil y profesor de la Universidad de Cantabria. Según este experto, la erupción de un volcán submarino “no siempre lleva aparejado un tsunami. De hecho en los dos precedentes de este mismo volcán no ha sido así. Para que eso ocurra se necesita una verdadera explosión repentina, como una bomba en el fondo marino y no una erupción creciente aunque sostenida como ha sido en este caso”, asegura.

Con muchos habitantes pendientes de la evolución del volcán, las redes sociales, desde este jueves eran un hervidero en el que casi se hacían apuestas sobre la hora en que llegaría el tsunami a casa, teniendo en cuenta que los expertos aseguraban que en la madrugada del sábado en horario español, el tsunami estaría en las costas de Venezuela tras haber castigado las pequeñas islas de la zona. “Podría haber provocado mucho desastre, sí. Un tsunami es rápido y letal dependiendo de las circunstancias de la erupción volcánica que lo provoca. Si el epicentro está a 700 metros de profundidad en el fondo marino, las olas viajarán a un velocidad equivalente de 700 km/h. Conforme se acerca a la costa, su velocidad se atenúa hasta 50km/h y, sin embargo las olas se agigantan”, dice el experto de la Universidad de Cantabria. 

Los expertos, aún llaman a la calma, aseguraban este viernes por la mañana que la producción de un tsunami no se puede predecir con antelación a la erupción volcánica marina. “Es lógica la preocupación de las autoridades de la zona. Los gobiernos como el de Venezuela hacen bien en prepararse para afrontar una posible crisis provocada por un fenómeno natural”. 

Esta vez, por fortuna, no hizo falta.