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Los Coleman siempre habían pasado por la familia perfecta y feliz. Sheri, de 31 años, y su marido Christopher, de 34, llevaban 12 años casados y tenían dos niños de 11 y 9 años. 

Sin embargo, las apariencias a veces engañan y la familia no era tan ejemplar como parecía. Según ha revelado el diario The Mirror Christopher tenía una amante llamada Tara. 

Hacía tiempo que Coleman quería divorciarse de su mujer para poder vivir con Tara, a la que había conocido en la cafetería en la que ella trabajaba. Sin embargo, había un motivo que le impedía separarse de su mujer: él es vigilante de seguridad en una cadena de televisión religiosa, donde “divorciarse se convertiría en un despido de la empresa”. 

Ante esta situación, Christopher planeó el asesinato de su mujer y de sus hijos, para librarse de toda su familia y poder comenzar una nueva vida con Tara. Desde amenazas anónimas por correo electrónico hasta pintadas amenazantes en las paredes del tipo “voy a mataros a todos mientras dormís” o “el tiempo de tu familia se acaba”

Como las amenazas se extendieron en el tiempo la policía comenzó a mantener vigilada la casa de la familia Coleman. Pero de poco sirvió: Christopher asesinó a su familia ya que Tara le había dado un ultimátum para divorciarse de su mujer y que se casara con ella. 

Tras quitarle la vida a su mujer y a sus dos niños, Christopher llamó a su vecino diciendo que no podía localizarlos y fue el hombre el que se encontró a la familia de Coleman muerta. 

La policía averiguó rápidamente que había sido Christopher gracias a las cámaras de seguridad y al ADN encontrado en los cuerpos y ahora él ha sido condenado a cadena perpetua.