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Dos meses de tristes cifras como éstas: los 79 fallecidos en el accidente del Alvia en la capital gallega, los 80 que perdieron la vida ahogados, los doce ciclistas muertos en accidentes de tráfico o los trece grandes incendios declarados desde el 1 de julio.

Justo la víspera del día grande de Galicia y cuando muchos de sus ciudadanos se dirigían a Santiago para celebrar la festividad del patrón, el Alvia que cubría la línea Madrid-Ferrol descarrilaba a las 20:41 horas en la curva de A Grandeira poco antes de llegar a la estación de la capital xacobea.

Fue el suceso más luctuoso de la época estival, ya que el descarrilamiento del convoy provocó la muerte de 79 personas y dejó heridas a más de 150, algunas de las cuales continúan hospitalizadas.

En los días siguientes al siniestro se supo que el maquinista del tren y el interventor habían hablado por sus respectivos móviles corporativos justo antes del descarrilamiento. El primero no supo explicar por qué no había frenado unos kilómetros antes, como es obligatorio y como él mismo había hecho en viajes anteriores.

Pero antes de ese trágico 24 de julio, la crónica de sucesos relataba casi a diario el caso de alguna persona que fallecía ahogada, daba cuenta de sucesivos atropellos de ciclistas e informaba de algo que es ya habitual en los veranos españoles: el fuego que un año más ha arrasado parte de la foresta.

Han sido al menos doce los ciclistas que han muerto en los meses de julio y agosto, según el recuento de Efe. Dos de ellos, el 28 de julio en la localidad vallisoletana de Aguasal al ser arrollados por una conductora que fue detenida después de dar positivo en la prueba de alcoholemia.

No fue el único accidente de este tipo. Especialmente trágica fue la penúltima semana de agosto, en la que en tan solo dos días fallecieron tres ciclistas de la misma forma, dos de ellos menores de edad: una joven de 15 años en Soria y un niño de 13 en Murcia.

Casi 80 vidas se han llevado las aguas de pantanos, ríos, piscinas y mares. Hasta ayer mismo la cifra ascendía a 80, incluidas las dos menores de 13 y 14 años que perecieron en el embalse de Valmayor (Madrid) a mediados de agosto.

Unas cifras que contrastan con las 54 muertes que por este motivo se produjeron el año pasado en esos dos mismos meses y 66 de un año antes.

Gran parte de los fallecidos, al menos diecisiete, eran niños, y la mayoría sufrieron los accidentes en piscinas, tanto públicas como privadas.

Otros siniestros habituales del verano, los incendios, se han reducido con respecto a los años anteriores, ya que en lo que va de verano tan solo se han declarado 13 fuegos que hayan quemado más de 500 hectáreas, menos de la mitad que en julio y agosto de 2012, cuando se declararon 27 grandes incendios.

Aun así, las llamas ya han arrasado en España 26.700 hectáreas desde el 1 de enero y hasta el 18 de agosto de 2013, a las que al menos habría que sumar las 6.000 quemadas desde ese día en grandes incendios registrados en Orense, Zamora y Pontevedra.

Balance de momento esperanzador porque es sensiblemente inferior a las 94.500 hectáreas quemadas de media durante ese mismo periodo de tiempo en la última década.

También ha sido noticia este verano el fallecimiento de cinco bebés de manera violenta, tres de ellos esta misma semana, en la que fue atropellado un recién nacido en Madrid, apareció otro menor en un vertedero en Tenerife y otro murió presuntamente asfixiado por su madre en Las Rozas (Madrid).

Muertes a las que hay que sumar las de otros dos bebés, uno de ellos encontrado en el congelador de un domicilio de Arona (Tenerife) el pasado 13 de julio y el otro en un vertedero en Meruelo (Cantabria) a finales de ese mismo mes.

Verano negro que también ha tenido en la figura de Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, un triste protagonismo después del accidente de moto que sufrió el 20 de agosto y que la mantiene en la UCI del hospital madrileño de La Paz.

Nacho Barranco