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El pasado viernes un jurado declaró a Hasan culpable de los 45 cargos que pesaban sobre él por el tiroteo, en el que hirió además a 32 personas y que ha sido el mayor ataque mortal en una base militar de la historia de Estados Unidos.

Para que sea sentenciado a la pena de muerte, los trece oficiales de alto rango que actúan como jurado deben acordar por unanimidad la pena capital, y la sentencia definitiva se conocerá esta misma semana después de que declaren algunos testigos y familiares de las víctimas.

Hasan, de 42 años, que ha rechazado la defensa legal y se ha representado a sí mismo durante todo el juicio, ya ha expresado su deseo de ser ejecutado.

“La evidencia demostrará claramente que soy el autor del tiroteo”, afirmó durante una de sus pocas intervenciones ante el tribunal militar, en el que declinó presentar testigos para su defensa.

Hasan, nacido en EE.UU. y de origen palestino, llevó a cabo el tiroteo un mes antes de ser destinado a Afganistán.

Pese a reconocer ser autor de la masacre, dijo que no consideraba que “hubiese hecho nada mal, ya que lo había realizado por la causa mayor de ayudar a mis hermanos musulmanes”, según documentos filtrados a la prensa por su abogado civil.

Asimismo, ha reiterado en varias ocasiones su deseo de morir como “un mártir”.

No está claro, sin embargo, si será finalmente condenado a la pena de muerte, algo poco habitual en los juicios militares en EE.UU.

La última ejecución militar en el país fue en 1961, y solo cinco soldados se encuentran en el corredor de la muerte de la prisión militar de Fort Leavenworth (Kansas) sin fecha para su ejecución.

De eludir la pena capital, sería sentenciado a cadena perpetua en una prisión militar.